¡Más cambios y menos discursos!
Llevamos años escuchando y leyendo que estamos viviendo la mayor crisis institucional de nuestra historia democrática. Y ni siquiera el 40 aniversario de nuestra Constitución, que acabamos de 'celebrar', permite atisbar que el final del tortuoso camino estaría cerca. Parece no haber forma de parar esta competición hacia la autodestrucción democrática. Seguro que el lector, sea cual sea el color del cristal de sus gafas ideológicas, compartirá conmigo que hoy muchas de las promesas políticas que conocemos a través del informativo matinal ya han caducado para el informativo del mediodía. Que la pos-verdad se abre paso de manera grotesca. Y que las verdades duran el tiempo que transcurre de un tuit al siguiente. Así, el incumplimiento de la palabra dada es una de las grandes causas de la desafección política en nuestro país. Si acompañamos este incumplimiento de la alta percepción de la corrupción que existe, obtenemos un resultado también ampliamente compartido por la ciudad...