domingo, 14 de diciembre de 2014

Una docena de menús poligoneros en Vitoria-Gasteiz


Hay mucha gente por ahí (incluso por aquí) que aún no lo sabe, pero Vitoria-Gasteiz es la Capital de Euskadi. La razón fundamental es que aquí está la sede de las Instituciones Comunes (Parlamento Vasco, Gobierno Vasco y Lehendakaritza). Hay más razones que no vienen al caso.

Pero este año que termina, también hemos sido la Capital de la Gastronomía en España. Ya se sabe que mientras unos llevan la fama, otros cardan la lana. Y es que, aunque alguna ciudad vecina sea considerada el templo del pintxo y el buen comer, Vitoria-Gasteiz no le va a la zaga… especialmente si consideramos la relación calidad-precio.

Podría seguir enrollándome con la variedad de posibilidades que ofrece la ciudad a este respecto, como los maravillosos desayunos, zumito incluido, que se pueden degustar en pleno centro de la ciudad por 2,80€ (sobre esto habrá otro post). O como la cantidad de sitios en los que se puede comer a la carta a un precio asequible.
Pero hoy mi objetivo es otro. Ahí van una docena sitios en los polígonos industriales de Vitoria-Gasteiz y cercanías en los que comer bien a diario y sin que te den el palo (mi dieta para comer es de 12,50€ y en todos ellos tomo hasta el café por ese precio):

1. Escuela de hostelería de Gamarra (Polígono de Gamarra)

Lo pongo en primer lugar porque los chavales y chavalas que te atienden nerviosos se lo merecen. Casi todos los días tienes dos primeros, dos segundos y dos postres a elegir. También puedes comer un plato del día y un día a la semana, menú-buffet. Los platos están muy trabajados y, por supuesto (es una escuela), muy por debajo de su precio de mercado. El remate: incluye un vinazo de Samaniego.

2. El Porrón (Polígono Industrial de Uritiasolo)

Si lo conocéis, seguro que coincidís conmigo en que Iñaki está al mando de una de las mejores cocinas de la ciudad (en calidad precio, sin duda alguna, la mejor). Y esto, lógicamente, también se nota en el menú. El menú no está escrito en ningún sitio, sencillamente te lo recitan. El vino aquí tampoco se queda a la zaga, es de Villanueva.

3. El mirador de Salburua (Polígono Industrial de Betoño)

Aún no he conocido un lugar en el territorio en el que, por ese precio (10,50€), te pongan tanta cantidad de comida de calidad (lo que no acabo de entender es dónde está el margen…). Dan más de cien menús cada día, con eso está dicho todo: el producto no es de anteayer. Isabel, quien te cobrará, está al mando del negocio.

4. Ruta de Europa (Polígono Industrial Subillabide)

La foto de las vieiras que acompaña este post está tomada allí, suele ser uno de los primeros platos. Como se ve en el plato, cantidad y calidad son las señas de identidad también aquí. Muchísimos y muy variados primeros, segundos y postres. Pepe, el dueño y director de este y otros cuantos negocios, suele estar siempre merodeando por allí, de modo que en el improbable caso de que quedaras insatisfecho, siempre habrá alguien que dará la cara.

5. Manaos (Ibaiondo)

Cuando escriba el post sobre desayunos, el comentario sobre este bar de barrio será uno de los más largos. No hay menú del día, pero puedes comerte desde alguna de sus potentes ensaladas (la de gulas está estupenda), hasta una hamburguesa bien hecha (me gusta la Troskas), pasando por ocho o diez platos combinados diferentes. Richard, el dueño, es quien abre y cierra el bar de martes a domingo, y eso siempre es una garantía de cercanía y atención… ¡de casta le viene al galgo!

6. Gojain (Polígono Industrial de Gojain)

Se ve que hubo tiempos mejores (como en todo el polígono), pero la comida sigue mereciendo ser recomendada. Puede comer un menú tradicional, eligiendo entre decenas de platos. O si lo prefieres, puedes pedir un plato único que suele variar en función de lo que haya en el mercado; si ves que tienen chuletón, no lo dudes.

7. Aldaia (Polígono Industrial de Júndiz)

Comer aquí te permite dos posibilidades. La primera es subir a la planta de arriba y comerte el clásico menú (con toques bien novedosos), eligiendo un primero, un segundo y un postre. La segunda es quedarte en la barra y pedirte cualquiera de los platos del menú, algo interesante cuando andas con prisa o con ganas de comer de cuchara sin necesidad de llenarte.

8. Un toque de laurel (Salburua)

Un primero de cuchara, seis o siete segundos y otros tantos terceros. Y además, postre. Es verdad que la bebida va a parte, pero es que cuesta 9,90€ el menú! El emplazamiento es genial para dar un paseo de diez minutos para bajar la comida. Y quien lo regenta, con historia en los mejores bares del centro, también está encima del negocio.

9. Green Café Bar (Polígono Industrial Ali-Gobeo)

Hay un Green en Arkaiate, otro en Zabalgana y otro en Lakua-Arriaga. Pero a mí el que me gusta es el de Ali-Gobeo: menú contudente y atención excepcional de una plantilla bien organizada, bajo la batuta de una familia que viene de abajo y que, a pesar de la altura a la que ahora mismo están, siguen sin dejar de pisar el suelo.

10. Lermanda (Polígono Industrial de Júndiz)

Salvo que curres en Jundiz, no es un lugar que esté de paso, hay que ir allí de cosa hecha. Pero, sinceramente, merece la pena. El menú escrito cambia tan frecuentemente como se llena y vacía cada una de las mesas del comedor. Si quieres ligero, tienes opciones. Y si quieres comer bien y sin prisa, también. Entre otros clásicos, raro es el día que no tienen hígado encebollado… excepcional! El ambiente no es jovial (está lleno de gente que curra mucho), pero la atención es más que correcta.

11. Donga (Polígono Industrial de Gamarra)

Esta cadena de origen vitoriano, también está pegando fuerte. Ya tienen locales en Bizkaia. Pero yo me sigo quedando con el sito en el Edificio Imbisa, en Gamarra. Ahí está quien lo ideó y ahí sigue estando la inmensa pizarra en la que cada mañana escriben a mano la media docena de primeros y segundos que te ofrecerán al mediodía. Como en el Green, estamos hablando de comida contundente y honesta. El punto de este local es, especialmente, el maravillos trato que te dispensarán aunque sea la primera vez que vayas: siempre, siempre, tendrás una sonrisa, cuando no palabras más que agradables… qué mejor tras una reunión complicada o una mala noche!

12. Om Café Club (Zabalgana)

Buena música y cocina moderna. Siempre hay tres primeros y tres segundos, y los postres no están nada mal. Oli, la dueña, está todo el día al pie del cañón, realmente parece que le gusta lo que hace y eso se nota. Lo recomiendo como un buen lugar para ir a comer un menú, pero ciertamente, este garito está concebido también (o sobre todo) para otros menesteres: buenas copas, sesiones cada finde, gente guapa,… Aparecerá en otras selecciones de unadocenade.


Habrá otros treinta o cuarenta buenos lugares en los que comer un menú en Vitoria-Gasteiz y alrededores, sin duda. Pero esta es mi selección. On e gin!




Publicado en unadocenade.com

jueves, 23 de octubre de 2014

El verdadero fraude




A la vista de unas elecciones próximas, siempre hay algún listo que coloca un debate sobre la mesa para que este ronde en torno a sus presupuestos ideológicos e intereses políticos. El de las ayudas sociales y la nacionalidad de sus perceptores es uno muy del gusto de nuestra derecha patria. El Partido Popular está dispuesto incluso a salir a la calle a reclutar firmas para una Iniciativa legislativa Popular (ILP), al objeto de cambiar el actual sistema de ayudas.

A semejanza de la abeja y del escarabajo pelotero, las personas tenemos la capacidad de convertir en bueno lo malo y en malo lo bueno. La referida iniciativa política ejemplifica a la perfección la forma en la que somos capaces de convertir en malo (la xenofobia) algo que en sí mismo es bueno (la solidaridad).

Es razonable y justo introducir sistemas más eficaces de control en las ayudas sociales, independientemente del origen territorial de quien las cobre, para tratar de evitar el fraude. Pero la iniciativa lanzada por los populares vascos, al menos en los términos en los que se ha planteado, también es un fraude que habría que evitar.

Por las formas, no es de recibo que un partido político con representación parlamentaria y, por tanto, con capacidad para registrar por sí solo una iniciativa legislativa, se acoja a un instrumento legal creado para ser utilizado por la ciudadanía, como es la ILP.

No es de recibo porque el verdadero objetivo de la iniciativa no parece ser “modificar el injusto sistema de ayudas sociales” y “hacer que todos los partidos se posicionen”, sino más bien agitar las más bajas pasiones de una población azotada por la crisis, con un objetivo exclusivamente electoralista.

Y tampoco es de recibo, aunque esto sea harina de otro costal, la timorata reacción de aquellas formaciones políticas que deberían defender con uñas y dientes la justicia social, pero presentando nuevas y valientes fórmulas orientadas hacia la construcción de un nuevo modelo económico y social.

Hasta aquí, las formas. Pero entrando en el fondo de la cuestión, si importante es poner medios para atajar el fraude en las ayudas sociales, que lo es, más prioritario debería ser poner en marcha medidas ejecutivas para terminar con el fraude fiscal. Los datos hablan por sí solos. El pasado año gastamos en Euskadi en torno a 450 millones de euros entre la Renta de Garantía de Ingresos, el Complemento de Vivienda y las Ayudas de Emergencia social. Suponiendo que el 60% de tales ayudas fuesen fraudulentas (algo muy alejado de la realidad), estaríamos hablando de un fraude de 250 millones. Esta cifra supondría una décima parte del fraude fiscal estimado en Euskadi, que asciende a 2.500 millones. Más o menos esa cantidad, 2.500 millones, es el presupuesto que destinamos aquí a la Educación. ¿Alguien se apunta a impulsar una ILP para luchar de forma más eficaz “contra el injusto fraude” fiscal?

Efectivamente, no es razonable que haya quienes perciben 800 ó 900 euros al mes sin trabajar, mientras otras personas ganan cantidades similares trabajando 40 horas semanales. Pero no deberíamos poner el foco en la supuestamente abultada cuantía de las percepciones sociales, porque todos sabemos lo difícil que es pasar un mes con esas cantidades. Deberíamos hacer hincapié en el verdadero problema a este respecto: en España el sueldo medio bruto mensual es de poco más de 1.600€, mientras que en Austria es de 2.056€, en Alemania de 2.574€ y en Dinamarca de 3.739€. Todos sabemos que en España, en Euskadi, en nuestras ciudades y pueblos, hay ingenieros informáticos, profesionales del periodismo o de la abogacía que no llegan a mileuristas; eso si tienen la suerte de trabajar. Pongamos el foco ahí, en la verdadera injusticia. ¿Nos juntamos unos cuantos miles de ciudadanos y presentamos una ILP instando a que el sueldo medio bruto de nuestro país esté en la media de la Unión Europea?

En España, según Cáritas, un 20% de nuestros conciudadanos pasa todo el año con unos 7.350€, y otro 6% no llega a percibir 3.700€. Esto es, una cuarta parte de la población vive en pobreza relativa o en pobreza severa. Mientras tanto, según otro informe hecho público esta misma semana, ahora mismo hay 465.000 españoles ricos, con un patrimonio superior a 790.000€; 90.000 ricos más que el año pasado. Nadie sabe cuándo saldremos de la crisis en la que nos sumieron la especulación y las políticas extremas de austeridad, pero sí parece claro cómo saldremos de ella: con un mayor número de pobres y con un mayor número de ricos. ¿Qué tal si impulsamos una ILP de erradicación de la pobreza y la desigualdad en nuestro país “para que se posicionen todos los partidos políticos”?

Según los estudios del Centro de Investigaciones Sociológicas, “la política y los políticos” son el tercer problema del país, después del desempleo y la corrupción. El verdadero fraude es el de la inquietud intelectual y el nivel político de buena parte de nuestros gobernantes.


(Publicado en DV el 22.10.14) 

miércoles, 8 de octubre de 2014

Alternativas frente a la desafección

Hace unos días nació "Grand Place", una revista semestral sobre cultura y pensamiento que dirigirá el escritor vasco Felipe Juaristi y que, con la ayuda de Luisa Etxenike, Iván Igartua, Belén Altuna, Fernando Golvano, Jon Sudupe y Jakes Agirrezabal, está llamada a constituir el motor de la Mario Onaindia Fundazioa.

La revista se divide en cuatro apartados: Norte, Sur, Este y Oeste. Mi aportación en este primer número, ha sido un artículo corto (en comparación con otros) para la sección Oeste: "Alternativas frente a la desafección".

Reproduzco mi artículo de forma íntegra inmediatamente, pero antes te pido que valores la posibilidad de suscribirte. Lo puedes hacer escribiendo a info@marioonaindiafundazioa.org, son 18€ al año.




ALTERNATIVAS FRENTE A LA DESAFECCIÓN


Atravesamos la peor crisis política e institucional de los últimos 35 años en nuestro país. Los partidos y las principales instituciones de representación obtienen una pésima valoración ciudadana. Y a pesar de los últimos cambios a nivel de Estado, tal y como evolucionan las cosas, es imposible plantear un futuro con certezas sobre el sistema representativo. Tampoco sabemos si la forma de democracia que vivan nuestros biznietos se anclará sobre los partidos políticos, tal y como los llevamos conociendo en el último siglo.

De entre las muchas funciones que han de desempeñar la política y los partidos, a mi juicio, las dos principales deben ser la de mediación entre la sociedad y las instituciones, y la de anticipar el futuro. Por desgracia, asistimos a la pérdida del papel de mediación representativa que los partidos deberían desempeñar, y vivimos una política atrapada por los plazos electorales y, por tanto, de corto recorrido.


Pérdida de la función de mediación representativa.

Respecto de las razones que han llevado a la política a no desempeñar esa función de mediación, la fundamental es que la realidad ha pasado por encima de la política. La política no ha acompañado – mucho menos liderado – a la sociedad en el proceso de innovación que ésta ha experimentado en las últimas décadas en materia científica, económica, de relaciones sociales, telecomunicaciones, etc.  Los partidos no han cambiado en Occidente. Quienes participaron en el sistema político e institucional justo después de la Segunda Guerra Mundial podrían participar en el sistema actual sin dificultad, ya que no hay grandes diferencias en lo sustancial[1]. Y este gap se multiplica si contemplamos el hecho de que, por muchos motivos, la gente hoy espera más de la democracia que lo que esperaba en el pasado[2].

En el artículo 2.6 de la Constitución española se da carta de naturaleza a un sistema de partidos cuyo papel es “fundamental para la participación política”. Sea como consecuencia de la falta de acompañamiento innovador a la sociedad, sea por otro tipo de razones, lo cierto es que los partidos han ido perdiendo ese papel.

Pero también habría otras posibles razones que dificultarían esa mediación representativa: Una. Que, a pesar de que la mayor parte de la financiación de los partidos procede de las instituciones, son ahora mismo “uno de los sectores más opacos de la sociedad”, tal y como se fundamenta en el último informe de “Compromiso y Transparencia”[3]. Dos. Tanto si es debido al sistema de listas cerradas y bloqueadas como si se debe a la falta de sosiego que preside la toma de decisiones sobre los liderazgos, éstos acaban siendo elegidos por cooptación, y no por un sistema de sana competencia entre las personas más idóneas para desempeñar la responsabilidad en cuestión. Tres. Por la propia concepción que la sociedad tiene de los partidos y que, en ocasiones, los propios partidos tienen de sí mismos – organizaciones que no deben velar por el interés general, sino por una “fracción” del mismo –, la información en torno a las decisiones que se adoptan no acaba de fluir debidamente. De esta forma, las reglas de voto se convierten en arbitrarias, puesto que al no haber información suficiente se reducen las posibilidades de elegir entre una buena y una mala candidatura. Cuatro, si los partidos tuvieran más presencia – que no dirección – en los diferentes movimientos sociales, o si lo que sucediese dentro de los partidos resultase de interés para los ciudadanos y, por tanto, transcendiese públicamente, “el partido (y su militancia) se convertiría en un vínculo con éstos y en instrumento de “alerta temprana” para sus dirigentes”[4].

Estas razones, acompañadas de la fundamental, abonan la tesis de la necesidad de cambiar los partidos para que recuperen su función de mediadores.


Pérdida de la función de anticipar el futuro.

“La disposición al desacuerdo, al rechazo o a la disconformidad constituyen la savia de una sociedad abierta”[5]. Así pues, en la formación de la voluntad colectiva resulta imprescindible que haya autocrítica. Pero día a día comprobamos que ésta brilla por su ausencia. La rectificación no se estila, y cuando ésta se produce, es rara la ocasión en la que viene acompañada de una clara asunción de responsabilidades y, en su caso, de una dimisión. Ejemplos se podrían poner a decenas, de todos los colores y provenientes de todas las latitudes del país.

Además, como indicaba anteriormente, estamos ante un modelo de partidos en el que se premia la sumisión en un sistema de elección de cargos por cooptación. Y para que este sistema perdure, los partidos han dejado ser relevantes para los diferentes movimientos sociales, clásicos y nuevos; se evitan los debates y la deliberación abierta; no se incentiva la innovación; y, en consecuencia, se dificulta la ideación de un proyecto de futuro alternativo ante la situación económica que vivimos.

En estas circunstancias, es lógico que “el parcheo” campe a sus anchas, que las medidas coyunturales sean lo habitual y que, en la medida en que se está demasiado pendiente de los medios de comunicación y de la última encuesta, los proyectos a largo plazo no se consideren rentables en términos electorales. Como consecuencia de todo ello, obviamente, la función de anticipar el futuro desaparece.


Una fórmula abierta a la crítica.

Hace falta construir una mejor democracia, recuperando sus dos funciones perdidas, en base a cuatro tipos de medidas.

Para que la política recupere su función de mediación representativa, hacen falta:

1.    Medidas de transparencia.

Si vivimos una crisis de confianza, el nuevo contrato sociedad-instituciones debe basarse precisamente en lo que nos puede permitir recuperarla: la transparencia.

Una transparencia traducida en medidas concretas, como que las cuentas de los partidos y fundaciones políticas se publiquen anualmente en sus webs, que se sometan a auditorías externas y que se publiciten los informes de supervisión que el Tribunal de Cuentas hace de ellas anualmente. También debería publicitarse de forma accesible y periódica la evolución de las actividades y bienes de los cargos públicos. Y se debería poder conocer de forma sencilla el destino de los dineros públicos que reciba cualquier empresa, así como acceder a las declaraciones de bienes y actividades de las y los responsables de las mismas (al menos en las públicas y participadas).

2.    Medidas de participación democrática.

Para que los partidos articulen la participación que les encomienda la Constitución “hacia afuera”, primero habrían de practicarla “hacia adentro”.

De modo que es el momento de que la jefatura de los partidos se elija mediante el sistema de primarias, se empiece a abrir camino a las listas abiertas y se establezca una frecuencia mayor en la celebración de congresos para dar más oportunidades a la renovación. Deben arbitrarse mecanismos de consulta a la militancia y a la sociedad de referencia – simpatizantes, votantes registrados, etc. – de cara a la toma de las decisiones más importantes. Y también hay que buscar ya un acuerdo en torno a un sistema electoral más dinámico, con una mejor representatividad del voto y desbloqueando las listas al Congreso y a los Parlamentos Autonómicos. Respecto del Senado, si no se convierten en autonómicas las circunscripciones y no se transforma ya en una Cámara de representación territorial, habría que suprimirlo.

Por otra parte, para que la política recupere su función de anticipar el futuro, propongo:

3.    Medidas para estimular el debate crítico.

Las estructuras internas de la mayoría de los partidos están demostrándose obsoletas a la hora de canalizar los debates necesarios, de la sociedad hacia los partidos, y en el propio interior de los mismos.

Así pues, para provocar el espíritu crítico, sería bueno evitar los debates que giren en torno a ver quién es capaz de adular más a la dirección del partido – o del gobierno de turno – de forma que sólo se permita intervenir para manifestar los puntos de desacuerdo y discutir sobre ellos, y para aportar nuevas ideas. También sería democráticamente saludable poner en marcha un mecanismo que permita la revocación de un cargo en los partidos/instituciones por mala gestión, incumplimiento de programa o de las promesas que se hicieron para acceder al cargo. Para ello habría que arbitrar mecanismos que permitieran que un grupo de afiliados/ciudadanos que detecte una mala gestión o un incumplimiento, pueda provocar la celebración de una consulta interna/referéndum, recogiendo la firma de un porcentaje significativo de la militancia/población.

4.    Medidas para una mejor dación de cuentas.

Finalmente, sería muy sano hacer “visibles” para toda la ciudadanía los cargos orgánicos e institucionales de todos los partidos políticos, las responsabilidades concretas que desempeñan y la forma de contactar directamente con ellos sin necesidad de pasar por “filtros”, sería un buen paso adelante. También sería útil y regenerador el hecho de que las y los parlamentarios tuvieran oficinas de atención a pie de calle en sus respectivas circunscripciones electorales. Otro paso adelante en este sentido sería dotar de más medios humanos y materiales, cambiar su fórmula de elección y ampliar el mandato de los Tribunales de Cuentas – y de las comisiones de garantías en los partidos políticos –. Y también sería muy higiénico, en términos democráticos, el hecho de que personas ajenas a la institución pudieran formar parte de las Comisiones de Incompatibilidades de los Parlamentos.
  
Transparencia, participación, debate crítico y dación de cuentas serían los elementos que compondrían la fórmula de una democracia mejor, dispuesta a dotarse nuevamente de sus dos principales funciones.

No soy tan pretencioso como para pensar que la fórmula planteada – y las medidas que la acompañan –, por sí misma, terminaría de un plumazo con la desafección política. Pero sí creo que, de aplicarse, abriría un camino de cambio en nuestra cultura político-democrática y, sobre todo, serviría para extenderla a otros ámbitos de la sociedad, en los que es tanto o más necesaria aún. Sólo dando ejemplo desde los partidos y desde la actividad pública se podrá empezar a exigir a la actividad privada. Por eso es tan importante “lo que uno hace en el ámbito de su propia vida, en la zona de irradiación directa de su comportamiento, no en el mundo gaseoso y fácilmente embustero de la palabrería”[6].





[1] VALLESPÍN, F., El futuro de la política, Taurus, Madrid, 2003 (p.12).
[2] ALONSO, S., KEANE, J., MERKEL, W., The future of representative democracy, Cambridge University Press, New York, 2011 (p.13).
[3] Informe Transparencia, el mejor eslogan 2012, Fundación Compromiso y Transparencia: http://www.compromisoytransparencia.com/upload/08/30/InformePartidosPoliticos2012.pdf
[4] MARAVALL, J. Mª, Las promesas políticas, Galaxia Gutenberg, Madrid, 2013 (p.55).
[5] JUDT, T., Algo va mal, Taurus, Madrid, 2010 (p.151).

[6] MUÑOZ MOLINA, A., Todo lo que era sólido, Seix Barral, Barcelona, 2013 (p.229).

martes, 24 de junio de 2014

Predicar con el ejemplo



En este momento son pocos los ciudadanos que no critican a la política. Sin duda, la situación de crisis y desempleo que vivimos provoca una creciente desafección hacia ella y hacia los representantes públicos. Pero la crisis no es la única explicación a esta situación. Los estudios del Centro de Investigaciones Sociológicas, así como los de otros organismos públicos y privados, vienen mostrando que la política y los partidos políticos están en su momento más bajo de credibilidad de los últimos 35 años. Que son percibidos como un problema, más que como una solución. Y los brotes verdes que parecen estar floreciendo en el terreno económico no harán desaparecer este estado de cosas de la noche a la mañana.
Las razones para explicar esta percepción tan negativa son múltiples. Señalaré algunas de las reflexiones o críticas hacia la política actual más populares. Se dice que no se piensa en el largo plazo, que las decisiones obedecen a la coyuntura y a los intereses más inmediatos de quienes las toman. Se dice que la política no es transparente, lo que facilita la corrupción. Se dice que no hay autocrítica ni, por tanto, evaluación de las decisiones adoptadas para mejorar en el futuro. O se dice que la política se ha convertido en un modus viviendi para unos pocos, que están siempre los mismos, que no hay renovación.
Pienso que, efectivamente, las cuatro críticas tienen su fundamento. Y sin duda, la política tiene que cambiar. Pero, ¿y cada uno de nosotros y nosotras? ¿Predicamos con el ejemplo? ¿O practicamos en nuestra vida las mismas cosas que criticamos de la política?
Pongamos por caso un sector que también tiene que ver con la situación de crisis actual, el empresarial. ¿Acaso todos aquellos empresarios que critican la política de vuelo corto, cuentan con un Plan Estratégico y con una mirada de futuro para su empresa? Porque, como en la política, es fundamental que toda empresa disponga de los instrumentos que le permitan prever las tendencias globales y los movimientos en su mercado más cercano. Y así poder diseñar las decisiones y anticiparse adecuadamente.
¿Hay transparencia en las empresas a nivel general? En demasiadas ocasiones, la opacidad de quienes dirigen impide que los empleados conozcan debidamente los balances, la política salarial o los objetivos de la empresa. Y sin transparencia, es imposible transmitir y generar confianza.
¿Se hace auténtica evaluación y autocrítica en las empresas? Porque es clave juntarse de forma metódica con el equipo y evaluar el grado de cumplimiento de cada una de las acciones concretas. Esta autocrítica que facilita el control de los resultados obtenidos, al tiempo que permite ajustar los objetivos a futuro.
¿Se planifica adecuadamente el relevo generacional en nuestras empresas, pequeñas y medianas empresas familiares en su inmensa mayoría? Los datos son elocuentes: en España, de cada 100 empresas familiares, sólo 30 superan el tránsito de la primera a la segunda generación; y de las 30 anteriores, sólo 15 pasan a la tercera generación. Así pues, parece vital contar con una estrategia de relevo si se quiere garantizar su continuidad.
En definitiva, la mayoría compartiremos que en política hay demasiados proyectos impuestos por la coyuntura, que no hay la transparencia debida, que se autocritican poco las decisiones que se adoptan y que no se produce el necesario relevo hacia personas "con menos mochila" para liderar los retos del futuro.
Espero que además de compartir las críticas, aspiremos a cambiar esa realidad. Tomemos buena nota de lo que está sucediéndole hoy a la política y, a partir de ahí, propiciemos el cambio predicando con el ejemplo en nuestras empresas, en nuestras organizaciones, en nuestra comunidad, en nuestra casa. Es la única forma de hacerlo.


(Artículo publicado en D.Navarra el 23.06.14)

domingo, 8 de junio de 2014

Primero, primarias


Sí, la Socialdemocracia está atravesando una grave crisis de identidad y de modelo. Y ese es su principal problema. Los datos de desigualdad y pobreza a nivel global, demuestran que  se ha agotado el papel de contrapeso redistribuidor de los efectos perversos de la economía de mercado que ejercía. Su reto hoy no es buscar fórmulas para repartir mejor el crecimiento sin control, sino dar con un modelo alternativo que permita un desarrollo justo.

En mi opinión, la crisis de resultados electorales obedece a la crisis de modelo esencialmente. Por supuesto, también influye el hecho de que en muchos países occidentales – España, entre ellos – haya sido la propia Socialdemocracia la que diera los primeros pasos en la ejecución de las políticas de la austeridad impulsadas por los conservadores. Este último hecho, añade un hándicap muy serio en materia electoral, una crisis de credibilidad.  Por eso, por ejemplo, a pesar de llevar más de dos años gobernando y a pesar de los malos datos – 20% de las personas en pobreza relativa, 6% en pobreza severa, más de un 50% de paro juvenil, etc. –, al Gobierno de España le sigue valiendo el argumento de la herencia recibida frente a los socialistas.
La Socialdemocracia seguirá en crisis hasta que no dé con un modelo alternativo al actual en clave de crecimiento equitativo. Como consecuencia de los efectos desastrosos de las políticas conservadoras o de la falta de alternativa, podrá ganar elecciones en algunos lugares, pero no tendrá recorrido futuro si no da con ese modelo alternativo.

Para ello, básicamente hace falta que la Socialdemocracia se lo proponga y sea completamente permeable a lo que se está “cociendo” en la calle. Porque, junto a la crisis de modelo, este es su segundo gran problema: su desconexión con la realidad.

Bajemos al terreno. Hablemos del PSOE. Fuera de las cuatro paredes que recluyen a la mayoría de sus dirigentes, existen colectivos y movimientos de todo tipo que defienden modelos alternativos de sociedad, desde la Economía Circular, hasta el Decrecimiento, pasando por la Economía del Bien Común. Y todos ellos tienen su concreción en medidas más o menos ejecutables. Probablemente ninguno de esos modelos por sí mismo vaya a sustituir al Capitalismo a corto plazo, pero seguro que una mezcla de todos ellos podría constituir una alternativa solvente en el futuro. Y la Socialdemocracia debería estar en conexión permanente con todos ellos. Esto facilitaría su propia y necesaria catarsis en clave de regeneración. Pero no lo está.

La Socialdemocracia está desconectada o fuera de cobertura. Como muestra, un botón: aunque parezca mentira al lector, tras el lamentable resultado obtenido en las elecciones europeas, puedo dar fe de la existencia de muchos miembros de la Dirección del PSOE a todos los niveles que aún se sorprenden de la revuelta pública que se está viviendo en las filas socialistas. ¡Como si no se hubiera visto venir!

Que el PSOE tenga 135 años, que transformara España en los años 80 y que haya dispuesto de un gran respaldo electoral desde la Transición, no es garantía de nada. A veces se nos olvida que el difunto Pablo Iglesias, empezó como único diputado en Cortes Generales. Seguramente sólo se sorprenden de la rebelión de las bases aquellas personas de la Dirección socialista – muchas, al parecer – que no aciertan a entender que el suelo electoral del PSOE es el 0%.

Ante esta situación, es imprescindible que se presenten alternativas para enderezar el rumbo de este viejo partido convertido en un partido viejo. Y la forma más coherente de hacerlo, a mi entender, es la que estaba prevista: primero, primarias.

A través de un proceso de elección abierto a la ciudadanía de la candidatura a la Presidencia del Gobierno, podrán surgir esas alternativas. Y no me refiero a las personas, tanto como a los proyectos que quieran encabezar esas personas. Es momento de que emerjan proyectos de transformación social, de que alguien dibuje una nueva utopía para la izquierda en este país.

Y una vez decidido el tándem persona-proyecto para la transformación del país, tendrá sentido celebrar un Congreso del PSOE. Un Congreso en el que, por supuesto, voten todos sus militantes de forma directa, en el que se ratifique ese proyecto para la España del siglo XXI y, por supuesto, en el que se elija una nueva Dirección.

Pero o yo estoy muy perdido – algo nada descartable, a tenor de los cambios de opinión permanentes de los propios dirigentes socialistas –, o se celebrará primero un Congreso Federal, quedando aplazadas una vez más, las primarias ciudadanas para elegir a la persona que queremos que presida el Gobierno. En esta tesis, si ni siquiera se va a permitir que cada militante tenga un voto en ese Congreso – adoptándose la fórmula de “consulta no vinculante” propuesta por Ferraz –, mucho me temo que el PSOE tiene sus días contados como partido de gobierno. Veremos.

(Artículo publicado en junio en El Correo de Bizkaia y Álava).