jueves, 29 de septiembre de 2016

Es la hora del PSOE

Schumpeter popularizó en el ámbito de la economía el concepto “destrucción creativa”. Un proceso de innovación constante en virtud del cual los nuevos productos y las nuevas demandas del consumidor destruyen los viejos modelos de negocio y las anteriores empresas. Se refería a la esencia aparentemente contradictoria del capitalismo, pero la idea de que cosas nuevas sustituyen a cosas viejas se ha instalado para siempre y para todo.

Hace cinco años al PSOE se le paró el reloj, precisamente, porque no fue capaz de (re)construir un proyecto que ofertar a la sociedad ante la emergencia de nuevas demandas, que tuvieron como principal expresión al 15-M. Un movimiento que cosechó las simpatías de buena parte de la población española, más allá del juego tradicional izquierda-derecha. La dirigencia del Partido Socialista, sin embargo, no fue capaz de interpretar aquel movimiento. Incluso lo malinterpretó, achacándolo a la mano de una derecha que mecería el bullicio de las plazas durante aquellos días.

Las consecuencias de semejante desnorte han sido múltiples y críticas. La más visible, la pérdida progresiva de apoyo electoral en los últimas seis contiendas, marcando mínimos históricos a nivel general y con resultados alarmantemente bajos en lugares como Euskadi, Cataluña o Galicia.

Como es lógico, ahora todo está en cuestión. Todo y todos. Los dirigentes políticos son responsables para lo bueno y para lo malo. Por eso el cuestionamiento empieza por ahí, por las cabezas que han llevado al proyecto socialista a la situación actual. Y debería seguir por los niveles regionales y locales, no menos responsables que el federal en esos resultados.

Pero asumida la situación crítica en la que se encuentra, máxime tras los últimos movimientos a nivel federal, aquí y ahora, el PSOE tiene ante sí una gran oportunidad. Una oportunidad que no pasa por un apaño ni por una pelea de alfileres entre baronías o por conspiraciones de moqueta. La oportunidad pasa por la construcción audaz de un nuevo proyecto que recupere, si ello es aún posible, su condición original y esencial de instrumento de intervención y representación política de una parte de la ciudadanía que ahora se encuentra o desmoralizada o sencillamente huérfana. Es decir, una reconstrucción mirando hacia afuera, en absoluto hacia dentro.

Y en ese proceso reconstructor se me ocurren al menos seis ejes. En primer lugar, el PSOE tiene que formular un proyecto de desarrollo socio-económico para el país. Y lo tiene que hacer con seriedad y pragmatismo, pero también valorando lo que de positivo puedan tener propuestas alternativas a un capitalismo voraz e incontrolado, desde la economía del bien común a la circular, pasando por las valoraciones de los partidarios del decrecimiento.

En segundo lugar, el PSOE ha de forjar una posición relativa al nuevo marco jurídico-constitucional en España, que lo saque de la melé de los defensores del actual statu quo, a todas luces insostenible. Solo desde la construcción de una propuesta autónoma, sólida y compartida en esta materia podrá el PSOE (especialmente en Euskadi y Cataluña) superar la situación y centrar la agenda en las necesidades reales de la ciudadanía.

En tercer lugar, el PSOE debe romper con la dinámica de repliegue interno que viene experimentando en los últimos años. El requisito fundamental para poder ocupar un espacio central en política es parecerse a la sociedad a la que se quiere representar, incorporando a los mejores al proyecto, tengan o no carnet. Pero lejos de incorporar referentes, en el último tiempo las federaciones del partido se han dedicado a estrechar su base, prescindiendo de mucha gente válida.

En cuarto lugar, el PSOE debe proyectar con decisión a sus buenos líderes locales. Muchos municipios con gobiernos socialistas acumulan un bagaje de buen hacer y de aplicación práctica de lo mejor de la socialdemocracia que hay que aprovechar en beneficio del proyecto global. Esos gobiernos locales han generado un plantel de cuadros forjados en la gestión de problemas cotidianos. Sin embargo, consecuencia de la endogamia reinante, prosperan en el partido más los especializados en la pugna por los aparatos que los dedicados a representarlo en las instituciones y cerca de los ciudadanos.

En quinto lugar, el PSOE debe mirar a sus generaciones perdidas. Para los nacidos a partir de los 80, el socialista es un partido apagado o fuera de cobertura. Para (re)conectar con esa realidad se ha de hacer un enorme y urgente esfuerzo por otorgar responsabilidades a los socialistas de esas generaciones (o a lo que quede de ellas). Unas generaciones que puedan comprender la nueva realidad y los cambios aparejados a la extensión de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, o de una sociedad soportada en la incertidumbre y el cambio acelerado. Y también unas generaciones con la capacidad de empatizar con una nueva desigualdad, que les empuja a no disponer de la seguridad de sus padres. Unas generaciones, también, ajenas por completo a la épica del antifranquismo, de la construcción de la democracia, del establecimiento de un sistema de bienestar o de la lucha contra el terrorismo. Los tiempos han cambiado por completo y todo eso ya no les dice nada.

Y en sexto lugar, el PSOE no puede dar marcha atrás en los tímidos avances en clave de regeneración democrática que ha experimentado. Muy al contrario, ha de profundizar en las políticas de transparencia y participación (de la militancia y, especialmente, de la sociedad). Es condición sine qua non para tratar de conectar con esas generaciones perdidas.

En definitiva, el debate del próximo Comité Federal debería pasar por definir el perfil óptimo para dirigir un proceso shumpeteriano en el partido, que se lleve lo viejo e invite a pasar a lo nuevo. Porque lo importante en un instrumento de intervención social no es tanto el quién, sino el para qué. Y si se acierta en lo segundo, lo primero vendrá dado. El reloj no puede seguir parado por más tiempo. Por eso es el momento del PSOE.


(Artículo publicado en EL CORREO y EL DIARIO VASCO el 30.09.16)

lunes, 26 de septiembre de 2016

Sobre el futuro del PSE-EE y los acuerdos con el PNV en Euskadi

Tras la últimas elecciones locales y forales en Euskadi publiqué "Gobiernos de coalición: dudas confesables". Analizados por encima los datos de anoche, me reafirmo hasta en las comas.

No tengo claro que ahora el PSE-EE deba romper los acuerdos que ya tiene en Ayuntamientos y Diputaciones. Pero sí tengo claro que no debe entrar en el Gobierno Vasco. Y también creo inexcusable que se plantee en serio y sin cortapisas su proyecto de futuro en Euskadi, cueste lo que cueste. Quizás sea la última oportunidad.

Ahí dejo el artículo de junio de 2015:


Gobiernos de coalición: dudas confesables

A finales de 2013, después de tres duros varapalos electorales, especiamente en Álava, los máximos dirigentes del PSE-EE prometieron regenerar el proyecto en base a un giro a la izquierda, acompañado de una renovación profunda.

Sin solución de continuidad, y tras un deshielo express en las relaciones con el PNV, se alcanzó un acuerdo fiscal con este partido. Un acuerdo que también apoyó el PP.

Aquella decisión se adoptó bajo un doble argumento: de una parte, “el PNV aceptaba las propuestas socialistas”; y de otra parte, “la sociedad”, según los estudios de opinión, nos demandaba “una oposición útil”. Ni la impronta socialista en la política fiscal ha sido tanta, ni aquella forma de hacer oposición ha sido premiada por la sociedad.

Lo que sí es cierto es que el PSE-EE dió oxígeno a un PNV en situación agónica, que se lanzó a gobernar con 27 de los 75 parlamentarios, sin haber tejido acuerdo de estabilidad alguno. Con aquella decisión, se puso fín a un primer "annus horribilis", a partir del cual el lehendakari y su partido comenzaron a afianzarse. Recuérdese que tanto Ardanza como Ibarretxe tardaron bastante más de un año en consolidarse al frente de la Lehendakaritza.

Hoy, tras las nuevas derrotas en las europeas 2014 y en las municipales 2015, el PSE-EE ha decidido comprometer su posición (y su futuro) aún más. Ha decidido entrar a formar parte de los gobiernos con el PNV, a pesar de haber sido la cuarta fuerza política en número de votos en Euskadi. En Álava, ha ocupado la quinta posición, el peor resultado desde la Transición.

Buena parte de la militancia y de los electores de referencia del PSE-EE se sienten decepcionados y huérfanos. Decepcionados, porque las sucesivas promesas de renovación del partido no se han producido con la profundidad que requería el momento. Y huérfanos, porque siguen ver sin un relato alternativo con el que ilusionarse.

De cualquier modo, hay quienes consideran que el primer problema de la socialdemocracia es la crisis de su modelo, de la que devendrían los malos resultados. Según esta tesis, el socialismo seguirá en crisis hasta que no sea capaz de ofrecer una alternativa al modelo socio-económico actual en clave de crecimiento equitativo. Podrá gobernar e incluso ganar elecciones en algunos lugaras, especialmente como consecuencia de los efectos desastrosos de las políticas conservadoras. Pero no tendrá recorrido futuro si no construye esa alternativa.

Ante esta encrucijada, ¿coaligarse con el PNV, la “derecha nacionalista”, facilitará la búsqueda de ese camino propio y alternativo aquí en Euskadi? En mi opiníon, no.

Además, para trabajar esa alternativa, ese relato, el socialismo tendría que ser completamente permeable a lo que se está moviendo en la calle. Y, por tanto, tendría que vencer su segundo gran hándicap (no exclusivo del partido socialista): la desconexión con la realidad.

Fuera de las cuatro paredes del partido, existen colectivos y movimientos de todo tipo que defienden modelos alternativos de desarrollo y de sociedad: la Economía del Bien Común, la Economía Circular, el Decrecimiento,…, todos ellos tienen su concreción en medidas más o menos ejecutables. Probablemente una mezcla de todas estas teorías podría constituir una alternativa solvente al Capitalismo en el futuro. Y parece obvio que el socialismo debería estar en conexión permanente con estas realidades, lo que, de paso, facilitaría su propia y necesaria catarsis en clave de regeneración.

Pero, ¿estar centrados en la gestión cotidiana de los gobiernos forales y municipales, facilitará la necesaria conexión del PSE-EE con todos estos movimientos? ¿Ayudará a ganar parte de la credibilidad perdida en ese terreno el hecho de no poder apoyar las propuestas progresistas que lancen los partidos de la oposición (PODEMOS y EHBildu)? Yo creo que no.

Hay una tercera razón más que podría debilitar la posición de la socialdemocracia vasca. Como ya anunció, el PNV dedicará la segunda parte de la legislatura autonómica a impulsar un nuevo estatus para Euskadi. Y también esa, es una asignatura pendiente del socialismo vasco y del socialismo español.

Este siempre ha sido un debate ajeno a los intereses de una izquierda que, por definición (y hoy, por necesidad), es internacionalista. Tampoco existe una posición pública consensuada en esta materia, por falta de una discusión seria y desde la base. Por tanto, a medida que avance el debate, es previsible que se vuelvan a abrir las ajadas costuras del socialismo. Y posiblemente, quienes estén personalmente implicados en los gobiernos con el PNV, tendrán una visión diferente sobre la materia de la de quienes no tengan ningún tipo de dependencia.

¿Cuáles son las ventajas para el PSE-EE de formar parte de gobiernos que impulsarán y/o respaldarán una propuesta de nuevo estatus para Euskadi en clave nacionalista? No las veo.

En resumen, si se quiere dotar de un mínimo de estabilidad a los gobiernos municipales y forales, hay fórmulas distintas a la de formar gobiernos de coalición. Fórmulas que no pasen por maniatar más aún el discurso y la posiblidad de acción de un partido sin el que no se podría entender la Historia Contemporánea de Euskadi.


domingo, 19 de junio de 2016

Loco y emprendedor

El pasado viernes un ilustre alavés de adopción presentó sus memorias. No es verdad que sea la suerte. Casimemorias de un condenado a vivir es el título que Ernesto Santolaya ha puesto al relato de su vida. El libro fue presentado por su hija Mónica y los profesores Txema Portillo y Antonio Rivera, en uno de los actos más emotivos a los que yo he asistido. Terminé llorando con Íñigo y Pilar.

El salón de actos de la Casa de la Cultura estaba prácticamente lleno, pero no había ni rastro de candidatos o autoridades públicas, a pesar de que en el acto había muchas cámaras y de que estamos en campaña electoral. No me extraña. El poder, en todas sus expresiones, siempre ha sido objeto de los (siendo suave) dardos dialécticos de Ernesto.

A pesar de la sofisticación de su lenguaje y de su afición por la descripción excesiva, es un hombre al que se le entiende a la perfección. Siempre ha llamado a las cosas por su nombre y no se ha callado ni bajo el agua. Precisamente, yo le conocí en los tiempos en los que demasiada gente callaba, a principios de los 2000, en plena ofensiva etarra y en medio de una situación política y social lamentable. Junto a otras (pocas) personas de la cultura, de la universidad o de la política, Ernesto se dedicó a plantarse y a gritar ¡basta ya!

Quizás no ocurra, pero creo que su figura merece el reconocimiento de nuestra sociedad y alguna de las medallas que otorgan nuestras instituciones. Por emprender, fracasar y contarlo. Por mantener viva hasta el día de hoy una editorial en nuestra ciudad. Y por haber defendido la libertad.

Aún no me ha dado tiempo a leer este tocho de 800 páginas. Seguro que mucha gente lo hará al ver en la contraportada que se trata de “un viaje para a la postre no saber de qué va esto de vivir. (Ernesto) Ha sacado en limpio, no obstante, un par de cosas, que vivir siempre acaba mal y que en estar loco e intentarlo todo, está la dignidad”.



lunes, 13 de junio de 2016

La batalla por la Socialdemocracia

Hace unos días me llamaron de EL CORREO para preguntarme si quería participar en un reportaje que estaban preparando sobre la Socialdemocracia en España. Pregunté por el tiempo del que disponía para prepararlo y acepté gustoso la invitación.

Al día siguiente, y tras haberme preparado lo que quería decir, hablé con el periodista. Quien de paso me contó que iba a tener el honor de compartir páginas con Jaúregui, Cotarelo y Verstrynge. Como me dijo mi mejor amigo, "no te has visto en otra, Rodríguez". Efectivamente, un lujo.

Pero vamos al grano. Mi opinión al respecto del planteamiento del periodista, como es lógico, ha recibido aplausos y críticas. Agradezco mucho ambas cosas, sabiendo que se hacen sobre un extracto de lo que le dije al periodista; como en toda noticia, el periodista destaca lo que le parece más importante. 

No obstante, y al objeto de que el debate pueda ser un poco más completo (siendo, como es, un tema complejo), dejo aquí mi respuesta completa ante la pregunta ¿quién representa la Socialdemocracia hoy en España? Palabra arriba, palabra abajo, esto fue lo que dije:


Un gran intérprete e inspirador de la Socialdemocracia (SD) fallecido recientemente, Tony Judt, escribió en 2010 lo que podría considerarse la Biblia en formato de bolsillo para cualquier socialdemócrata. La obra se titula Algo va mal, y dice cosas tan aparentemente obvias como la siguiente: “no sabemos qué mundo van a heredar nuestros hijos, pero ya no podemos seguir engañándonos con la suposición de que se parecerá al nuestro”.

Quizás esto no haya resultado tan obvio para la SD y/o los Partidos Socialistas en muchos lugares de la Europa continental. Parece una paradoja que los septuagenarios Jeremy Corbin y Bernie Sanders sí hayan entendido e interpretado adecuadamente el mensaje, máxime teniendo en cuenta el alto respaldo que obtienen entre la gente joven en el Reino Unido y en USA, punto débil de los Partidos Socialistas en Europa y, particularmente, en España.

La SD está atravesando una grave crisis de identidad y de modelo. Los datos de desigualdad y pobreza demuestran que se ha agotado el papel de contrapeso redistribuidor de los efectos perversos de la economía de mercado que ejercía. El reto hoy para la SD no es buscar fórmulas para repartir mejor el crecimiento sin control, sino dar con un modelo alternativo que permita un crecimiento justo. Ese modelo aún está por construir y, en mi opinión, es ahí donde se hallará la respuesta a la pregunta en torno a quién representa a la SD.

Lógicamente, esta crisis de modelo se traduce, en el caso español, en una crisis de resultados. También influye el hecho de que en muchos países occidentales haya sido la propia SD la que diera los primeros pasos en la ejecución de las políticas de la austeridad impulsadas por los conservadores. 

Este último hecho, añade un problema muy serio en materia electoral, una crisis de credibilidad: no hay coherencia entre la teoría y la práctica, entre el dicho y el hecho, lo que genera desafección. Por eso, por ejemplo, y a pesar de haber gobernado durante cuatro años, a pesar de los malos datos (un cuarto de la población en pobreza relativa o severa, en torno a un 50% de paro juvenil, etc.), y a pesar de que la corrupción corroe por dentro al partido del gobierno, este sigue utilizando con efectividad el argumento de la herencia recibida y sigue a la cabeza de los sondeos electorales.

Sobre el papel (por historia y trayectoria), el PSOE, que pertenece a la Internacional Socialista, es el principal representante de la Socialdemocracia en España. Mientras que PODEMOS estaría más lejos de ella, hecho que acredita su pertenencia al Grupo de la Izquierda Unitaria en el Parlamento Europeo. En la práctica las cosas no están tan claras. Porque, por ejemplo, ¿es socialdemócrata la reforma del artículo 135 de la Constitución Española en los términos en que se hizo?

Ahora mismo, en mi opinión, la Socialdemocracia está huérfana y, al mismo tiempo, en reconstrucción, también en España. Y seguirá huérfana hasta que no dé con un modelo alternativo al actual en clave de crecimiento equitativo. Para dar con ese modelo, básicamente hace falta estar más cerca de lo que se cuece en la calle.

Hay colectivos de todo tipo que defienden modelos sociales y económicos alternativos al actual, desde la Economía Circular, hasta el Decrecimiento, pasando por la Economía del Bien Común o la gran batería de propuestas que surgieron del 15M. No soy el único que defiende que, a medio plazo, con una mezcla de todos ellos se construirá una alternativa solvente y de progreso al modelo que nos ha empobrecido a escala global. Y personalmente, ahora mismo, veo a PODEMOS más cerca de esta alternativa.

Para ejemplificar esta mayor cercanía o lejanía con la calle pondré otro ejemplo. Según los estudios que se hicieron, una mayoría amplísima de la sociedad española compartía las propuestas del 15M. En un estudio que estoy finalizando, y en el que he entrevistado a dirigentes y militantes del PSOE y de PODEMOS en cuatro puntos diferentes de España (Euskadi, La Rioja, Catalunya y Extremadura), el resultado es muy claro: las bases y los líderes de PODEMOS están mucho más cerca de las propuestas del 15-M que las bases del PSOE. Los dirigentes del PSOE son los que más alejados están del movimiento, llegando a manifestar más de uno de ellos en la investigación que fue un movimiento “impulsado por la derecha española”, una suerte de conspiración contra el PSOE.

Claramente, unos estaban y están más pegados al sentir popular que otros. Y el requisito fundamental para poder ocupar un espacio central en política es parecerse a la sociedad de referencia. Esto facilita la incorporación de perfiles políticos, profesionales y culturales plurales a la organización, lo que la dota de una mejor capacidad de interpretación respecto de cuáles son las preocupaciones de la sociedad y, finalmente, lo que permite anticipar alternativas y soluciones. No subirse a la ola, sino generarla.

domingo, 5 de junio de 2016

La miga

La semana pasada tuve el lujo de asistir a la apertura de un nuevo negocio en Vitoria-Gasteiz. El proyecto, impulsado por Txema y Elena, es un nuevo modelo negocio, es algo innovador.

Estamos acostumbrados a asociar la innovación a cuestiones relacionadas con la tecnología o la ciencia, cuando innovar es mucho más. No sé si Mamia – que es como se llama el negocio en cuestión – será considerado como innovador por parte las instituciones que se dedican a repartir ese label, pero para mí lo es.

Porque no es habitual que el obrador de una panadería esté separado de la calle por una simple luna de cristal, dejando sus secretos a la vista. Tampoco es normal que las empresas incorporen “de serie” un aula de formación, por la que sus promotores en este caso, pretenden que pasemos todos los vitorianos y parte del extranjero. Y esto también es innovar.

Evidentemente, las empresas se crean para ganar dinero, tienen que ser rentables. Y este caso no será una excepción. Pero intuyo que esta gente busca algo más, se pretende transformar una realidad. Tengo para mí que consideran que si conocemos el proceso de elaboración del alimento, la procedencia de la materia prima o las condiciones en las que trabajan quienes lo elaboran, seremos capaces de apreciar lo que tenemos entre manos. Y seremos capaces de saber y ver, aunque la corteza del pan nos lo impida, que la miga merece la pena.

No sé el lector, pero yo personalmente cada vez aprecio más los productos o los servicios con alma, con verdad y con calidad, aunque unos sean menos baratos que otros. Porque sé que una forma de hacer es sostenible y la otra no. Sé que no saben igual los chuchitos que Sosoaga lleva haciendo desde 1868, que los del Mercadona. Sé la diferencia entre elaborar un Ostatu y fabricar un García Carrión. Sé cuánto pagan a los trabajadores de las empresas locales y lo que cobran los pobres de FCC. Y muchas cosas más que no sé.

domingo, 29 de mayo de 2016

¿Qué ha cambiado?

No hay una definición exacta del significado de desafección política. La idea más o menos compartida es que se trata de un sentimiento de antipatía hacia actividad política-institucional y de partidos. 

A juzgar por las respuestas que dan la ciudadanía y los teóricos de la materia, las razones que la originan son varias y variadas. Una de las más citadas es el incumplimiento de las promesas, la incoherencia, o las actuaciones en contra de lo que se ha dicho. Y se hace con total impunidad, pensando que la gente es imbécil. 

No hay más que abrir Google y escribir “promesas políticas incumplidas” para comprobar que se podrían poner centenares de ejemplos. Me centraré en uno muy cercano. 

Como recordarán, tras las últimas elecciones locales, el candidato del tercer partido político fue aupado a la Alcaldía de la ciudad con los votos del segundo, del quinto y del sexto partido respectivamente. Los socialistas, que fueron cuartos, no la respaldaron esta operación que compartían porque el PNV no convirtió en alcaldesa de Andoain a la candidata socialista. Como castigo al PNV, la cúpula vasca del PSE-EE ordenó a sus concejales de Vitoria-Gasteiz no votar a Urtaran y, por supuesto, no incorporarse al gobierno. Puede gustar más o menos la explicación dada en su día a esta posición, pero era una explicación. 
El lunes supimos que el PSE-EE se incorporaba a las tareas de gobierno en la ciudad y que, como consecuencia, la partida de retribuciones crecerá 100.000 euros. ¿Qué explica ahora esta decisión? ¿Por qué uno se incorpora al gobierno de un alcalde al que no votó? ¿Acaso ya hay una alcaldesa socialista en Andoain? ¿Qué ha cambiado? 

Que la gente sienta desafección política en absoluto significa que no esté interesada y que no se entere de lo que pasa en política. Mucho me temo que donde no se enteran es en los despachos de algunos partidos e instituciones, porque viven en otra realidad. 



domingo, 15 de mayo de 2016

PSOE y PODEMOS ante el #15M un lustro después

Hace ya tres años que matriculé en la UPV-EHU un proyecto de investigación titulado "Las razones teóricas de la desafección política en España". Y como suele ser habitual, la intención original de mi trabajo se parecerá poco al resultado final que espero poder presentar este año. 

He encontrado muchas explicaciones que ofrecen los teóricos a la desafección política en nuestro país y en otros países. Otro día escribiré al respecto. Pero una vez hecho el listado de razones, me centré en la posibles soluciones.

Algunas de las soluciones teóricas las he encontrado en los libros, pero otras muchas las recogí de los documentos que se acordaron en las plazas y en las asambleas del 15-M.

Tras buscar las razones y algunas soluciones e interpretaciones de lo que estaba ocurriendo, pasé a la acción.

Me puse a medir el respaldo de militantes y dirigentes de dos partidos políticos, uno nuevo (PODEMOS) y uno clásico (PSOE) a una serie de diagnósticos de la realidad y soluciones impulsadas hace un lustro, en lo que fue el mayor movimiento transformador de la realidad social de nuestro país desde la Transición a la Democracia.

En las dos tablas que aparecen en este post se puede observar el mayor o menor apoyo de los militantes y dirigentes que he entrevistado para llevar a cabo mi proyecto de investigación.

En cada casilla de respuesta aparece un 1, un 2, un 3 o un 4, que se corresponden con las cuatro posibles respuestas a cada pregunta: TOTALMENTE DE ACUERDO, BASTANTE DE ACUERDO, POCO DE ACUERDO y NADA DE ACUERDO.

Pregunté a militantes y dirigentes del PSOE y PODEMOS sobre su grado de acuerdo con las siguientes propuestas o afirmaciones:
9.a. Cambio ley electoral para que haya listas abiertas en España.
9.b. Cambio de la ley electoral para hacer una circunscripción única en España.
9.c. Cambio de la ley electoral para hacer un sistema auténticamente representativo y proporcional, que refleje todas las voluntades sociales, incluyendo la representación del voto blanco y del voto nulo.
9.d. Que los imputados por corrupción no puedan ir en las listas electorales. 
9.e. Que los condenados por corrupción no puedan ir en las listas electorales.
9.f. Los delitos de corrupción no deberían prescribir a efectos de representación pública.
9.g. No existe una efectiva separación entre el legislativo, el ejecutivo y el judicial.
9.h. El Ejecutivo no debería proponer miembros para el TC.
9.i. Hace falta reducir los cargos de libre designación.

Sin necesidad de volverse loco interpretando cada una de las respuestas en función de diferentes variables (partido de pertenencia, zona geográfica de residencia, sexo ó edad), basta con fijarse en el color verde: a más verde, mayor apoyo a cada una de las propuestas; a menos verde, menor respaldo.

Para quienes no quieran entretenerse a mirar los detalles de la batería de cuestiones descritas, les diré que, aunque también hay algunas similitudes (en aspectos como el tratamiento a los candidatos investigados o condenados por delitos de corrupción), hay grandes diferencias entre militantes del PSOE y de PODEMOS, así como entre sus dirigentes (en lo relacionado con las listas abiertas, el sistema electoral o el diagnóstico sobre la separación de poderes).

Evidentemente son cuestiones muy generales. Pero hay que recordar que la inmensa mayoría de la ciudadanía española respaldaba los planteamientos del 15-M. Seguramente esas diferencias a la hora de interpretar la realidad, están el origen de muchas de las cosas que hoy están ocurriendo en la política española y, particularmente, en la contienda entre ambas formaciones políticas y en su resolución dentro de mes y medio.

De cualquier modo, #feliz15M


domingo, 1 de mayo de 2016

Algo va mal

Prácticamente coincidiendo con la teorización de Montesquieu en torno a la separación de los tres poderes, Burke popularizaba el cuarto poder, en alusión a la gran influencia que ejercía la prensa en aquellos momentos, mediados del siglo dieciocho. Lo más probable es que Burke no tuviera ni pajolera idea de lo influyente que iba a ser ese cuarto poder unos decenios después, con la aparición y uso generalizado de la radio y la televisión. 

Hoy, sin embargo, se abre camino la idea de que ese cuart poder es normalmente el brazo ejecutor de las estrategias e intereses de las empresas que los sustentan económicamente. De modo que la fundamental independencia de los medios de comunicación, está más que en cuestión.

Pero, ¿y qué hay de los otros tres poderes? ¿Son independientes? Porque hay quienes piensan que los parlamentos, los gobiernos y los jueces son meros instrumentos en manos de otro poder. Un poder que no elige la ciudadanía, puesto que no se presenta a las elecciones y que, por tanto, nunca tiene que rendir cuentas de sus actos.

Sin ser yo un defensor de esta teoría, sí creo que la política, en todas sus expresiones, está en demasiados sitios y, sin embargo, no manda en casi ninguno. La política no manda en la banca, pero sí hay políticos en los consejos de entidades financieras; las energéticas no son dirigidas por la política, pero sí hay políticos sentados en sus consejos de administración; los partidos no mandan en el poder judicial, pero sí hay políticos en los órganos de gobierno de la justicia. Y podría seguir.

Este afán “okupa” de la política y los partidos puede transmitir a la ciudadanía la idea de que la política manda en todo. Y por tanto, en situaciones como la de hoy, en la que hay muchos problemas y pocas soluciones, la gente sitúa a la política como el tercer gran problema del país, tras la corrupción y el desempleo. Algo va mal.

domingo, 17 de abril de 2016

¡Que arreé el siguiente!

Según la información oficial, en Euskadi tenemos 42 sociedades públicas dependientes directamente del Gobierno Vasco: en el Grupo EVE tenemos 6 sociedades, en el Grupo SPRI tenemos 19 sociedades, en el Grupo EiTB hay 4 sociedades y en el Grupo Eusko Trenbideak hay 2 sociedades. Hay otras 11 sociedades como ALOKABIDE, OSATEK, EJÍE, etc. Además, existen 8 fundaciones dependientes del Sector Público de Euskadi, el consorcio HAURRESKOLAK y 79 entidades con participación pública mayoritaria.

El abogado Javier Olaverri dice que este entramado constituye una Administración paralela en toda regla. La diferencia es que sus órganos no están sometidos a un control tan estricto como lo están los Departamentos del Gobierno y, por supuesto, la transparencia no domina su gestión. Tan es así, que ningún responsable gubernamental ha sabido decirme el número de empleados aproximado que existe en este entramado de sociedades, fundaciones y entidades participadas.

El caso es que en 2010 se aprobó un Decreto que regulaba el recorte de los salarios de los trabajadores públicos (entre un 5 y un 3%, en función del sueldo), así como la supresión de una paga extra. El Decreto se aplicó en Euskadi no solo a los funcionarios, sino también a los trabajadores de las sociedades públicas. Un sindicato recurrió la aplicación del Decreto en EiTB y esta semana hemos sabido que ese recurso se ha ganado. Consecuencia: el Gobierno Vasco (o sea, nosotros) tendrá que devolver entre un 3 y un 5% del salario correspondiente a los años 2010-2016 a los más de 900 trabajadores de EiTB. Lo “gracioso” del asunto es que esa sentencia será aplicable para los trabajadores de aquellas otras sociedades públicas que lo denuncien.


No sé el estado exacto de las arcas vascas. Si están como las de la mayoría de los hogares, esta sentencia será una razón de peso para adelantar las elecciones. ¡Que arreé el siguiente!


(Publicado en DNA el 17.04.16)

miércoles, 13 de abril de 2016

Los cuatro grandes retos del socialismo vasco



El pasado mes de febrero se publicó la previsión de voto para las próximas elecciones autonómicas. El PNV ganaría, la entente que actualmente sustenta las instituciones vascas quedaría lejos de la mayoría absoluta, habría una mayoría soberanista ajustada (39 de 75), y PODEMOS podría dar el “sorpasso” a EHBILDU y al PSE-EE.

Pero hubo una interpretación de ese estudio que se ignoró en el ámbito político y de opinión, la existencia en Euskadi de una mayoría progresista: PODEMOS, EHBILDU y PSE-EE sumarían 42 de 75 escaños. Un dato que se acogió con frialdad, seguramente porque esa mayoría absoluta de votos vascos de izquierda no va a tener su corolario en un acuerdo de gobierno. Parece imposible.

PODEMOS no sabe aún qué quiere hacer con los partidos adyacentes de su espectro ideológico. EHBILDU desconfía de todos y principalmente de sí misma. Y el PSE-EE recela de PODEMOS y ha subido la altura del muro que ya le separaba de EHBILDU.

Los socialistas descartan esta alternativa por sus (razonables) dudas sobre la evolución que tendrán PODEMOS y EHBILDU, pero también acuciado por la necesidad de tener un abrigo institucional bajo el paraguas del PNV que de cobertura a un proyecto político ciertamente desdibujado.

Precisamente, el objeto de este artículo es analizar los retos que debería afrontar el socialismo vasco para poder fortalecer su posición a medio plazo. Y lo haremos centrándonos en los factores endógenos, sin abordar la crisis generalizada de la socialdemocracia europea y los elementos que la causan: la pérdida de ilusión y de un horizonte utópico al que dirigir políticas, la falta de alternativas de raíz, la burocratización de los aparatos orgánicos o el rechazo a más participación y transparencia.

LA OTRA AGENDA VASCA

6 de julio de 2006. Una delegación socialista encabezada por Patxi López se reunió de manera pública en un hotel donostiarra con una delegación de la ilegalizada Batasuna, liderada por Arnaldo Otegi. Fue un encuentro inédito e inusual, pero necesario para consolidar el incipiente diálogo entre el Gobierno de España y la banda terrorista. El PSE-EE estaba dispuesto a todo para conseguir el final de la violencia etarra y cumplir así el mayor anhelo de la sociedad vasca.

Una década después, con ETA derrotada y desaparecida de facto, es impensable una foto pública similar. No solo porque la presión mediática desde Madrid sería insoportable para una epidermis tan fina como la que tienen los dirigentes actuales en Ferraz, sino y principalmente porque los socialistas vascos hace tiempo que perdieron el pulso a una serie de cuestiones que lo hacían estar más pegado al terreno. Mantener una posición pro-activa para la consolidación de un escenario de democracia y libertad era una de ellas.

No pensemos que al PSE-EE le falte compromiso con la paz, nada más lejos de la realidad. Pero aquel pasaje ejemplifica lo que queremos expresar: la falta una propuesta creíble y solvente con relación a las cuestiones que han dominado y dominan la agenda política vasca. Porque hoy, diez años después de aquella foto, sin la presión que el PSE-EE ha sufrido durante décadas, no solo EHBILDU ha conseguido adelantarle, sino que PODEMOS amenaza con arrinconar de una manera casi definitiva al partido de Ramón Rubial.

El PSE-EE debe afrontar de una vez por todas un debate serio y abierto, con sus militantes y simpatizantes, respecto de los cambios que quiere impulsar para conseguir un nuevo marco jurídico para Euskadi. Un buen punto de partida podría ser comenzar discutiendo la propuesta que los profesores Ruiz Soroa y Arregui pusieron sobre la mesa en un libro impulsado por la Fundación Onaindia (“¿Es posible regular la secesión aquí y ahora?”).

En definitiva, solo desde la construcción de una propuesta autónoma, sólida y compartida sobre esta materia, podrá el PSE-EE enfocar la atención hacia los temas que más le interesan, hacia la otra agenda vasca.

PENSAMIENTO Y PERMEABILIDAD

El requisito fundamental para poder ocupar un espacio central en política es parecerse a la sociedad de referencia. No hablamos de atenuar el fundamento ideológico propio. Simplemente se trata de que los partidos puedan dar cabida a perfiles políticos, profesionales y culturales plurales. Es decir, hacer normal en los partidos lo que es habitual en la sociedad.

La incorporación de esas corrientes de opinión capacitan a los partidos para interpretar mejor cuáles son las preocupaciones de la sociedad, lo que les permite anticipar alternativas y soluciones. No subirse a la ola, sino generarla.

A pesar de la presión del terrorismo de ETA, el PSE-EE era reconocido por el enorme capital humano e intelectual que atesoraba. Hubo un momento no muy lejano en el que en los diferentes ámbitos institucionales y orgánicos coincidieron Onaindia, Jáuregui, Buesa, Eguiguren, Benegas, Zabaleta, Elorza,… Personas diferentes, pero con un doble elemento común: pensamiento propio y referencialidad social.

Pero más allá de esta realidad, el impulso político que llevó en 2009 a plantear una alternativa solvente y socialmente relevante -que confrontaba con la ensoñación etnicista de Ibarretxe-, no hubiera sido posible sin que el PSE-EE fuera en un momento el partido que “más se parecía a Euskadi”. Los Zubero, Auzmendi, Guevara, Juaristi, Etxenike, Lertxundi, Urgell, Rivera y un largo etcétera, provenientes de diferentes culturas políticas, acabaron convergiendo en un proyecto socialdemócrata de cambio y construcción de la ciudadanía vasca.

Se nos antoja como imprescindible recuperar esa capacidad de penetración en ámbitos sociales históricamente vedados a la socialdemocracia autonomista. Y para ello, los dirigentes del PSE-EE tienen ante sí el reto de rearmar ideológicamente el proyecto y dotarlo de credibilidad como alternativa al modelo actual de las derechas vasca y española, modelo que no hace sino agrandar la brecha de desigualdad existente.

Hasta el momento no lo ha hecho. Y en la medida en que el partido ha dejado de ser un instrumento eficaz para defender a las clases sociales que su publicidad dice defender, estas han buscado alternativas. La irrupción de PODEMOS no es fruto de una conspiración mediática ni del influjo de una llamativa coleta; es la respuesta lógica ante un enorme vacío de ideas, de presencia social y de valentía. Antes, en 2011, el éxito de la alternativa BILDU en los barrios más jóvenes y urbanos de Euskadi supuso un primer toque de atención. Ha habido más avisos, a cada cual más serio, que el PSE-EE ha ignorado de manera incomprensible.

VUELTA AL ORIGEN

Que el PSE-EE es municipalista no es un mero eslogan, y Recalde dio buena cuenta de ello en sus memorias. La acelerada industrialización sufrida por Euskadi durante el desarrollismo trajo consigo la conformación de núcleos urbanos desordenados, sin servicios ni equipamientos, sin espacios públicos. El socialismo vasco tuvo un papel fundamental (y nunca bien reconocido) en el proceso de conversión de estos municipios industriales en lugares habitables, con servicios comunitarios, parques, escuelas,… Todo este bagaje de buen hacer, de gestión aseada y de aplicación práctica de las enseñanzas de la socialdemocracia nórdica, ha tenido como ejemplos a muchos municipios con gobiernos socialistas.

Estos gobiernos locales han proporcionado un plantel de cuadros forjados en la gestión de problemas cotidianos, que en la mayoría de los casos no han querido o podido tener un papel más relevante en la política vasca.

Posiblemente, un partido con un papel más destacado de aquellos cuadros estaría más apegado a las demandas reales de la sociedad, y podría presentarse ante la sociedad con más garantías de capacidad de gestión. Porque al contrario de lo que tienen los partidos interiorizado, alguien que se desenvuelve bien en las cuestiones orgánicas, no tiene por qué saber gestionar en una institución, sea esta de representación o de gobierno.

LA GENERACIÓN PERDIDA

El día que ETA intentó asesinar a Eduardo Madina, entonces dirigente de las Juventudes Socialistas de Euskadi, fueron centenares las personas que se acercaron al hospital de Cruces a interesarse por él y a solidarizarse con su familia. Nosotros recordamos a una treintena de personas de nuestras edad, que entonces eran el motor de una organización juvenil castigada, pero viva, crítica y audaz en sus planteamientos.

Ingenieros, arquitectos, politólogos y sociólogos, químicos, historiadores, estudiantes de FP o empleados de la construcción componían aquel grupo de gente joven. Un grupo formado que además tenía un firme compromiso político, algo que quedaba acreditado por el mero hecho de militar política y públicamente en un entorno de hostigamiento

Esta generación, además de aportar la necesaria frescura y rebeldía que necesitan las organizaciones para pervivir , la mantenía conectada con una realidad social cambiante.

Con el nuevo milenio comenzó a emerger una nueva desigualdad: la generacional. Como anticipó Tony Judt “no sabemos qué mundo van a heredar nuestros hijos, pero ya no podemos seguir engañándonos con la suposición de que se parecerá al nuestro”. La juventud de hoy tiene más difícil encontrar un empleo digno que lo que lo tenían sus padres, algo que no contemplaban quienes consiguieron superar el franquismo y levantar al país.

También en los años 2000 comenzaron a emerger las nuevas tecnologías como forma de comunicación, incidiendo de forma directa en las relaciones sociales y en las instituciones de intermediación (partidos, sindicatos, asociaciones, etc.). Hoy los millennials han convertido en habitual lo que entonces era excepción: no se puede interpretar la realidad al margen de las nuevas tecnologías.

Pues bien, la generación de Madina era en el PSE-EE el nexo que unía las realidades de quienes viven en el precariado y quienes conocieron la estabilidad. Y la generación de Madina constituía también el puente entre los jóvenes del empleo precario, y entre los nuevos y digitalizados votantes y una anquilosada realidad que hemos conocido con motivo de la consulta a las bases realizada hace unas semanas: la mitad de la militancia socialista no dispone de correo electrónico. Mientras que los veteranos que ya en aquel momento prometían “dar paso a los jóvenes” siguen en sus puestos, hoy la mayoría de aquellos veinteañeros que se abrazaban y agolpaban indignados a las puertas del hospital en febrero del 2002 no ostentan responsabilidad alguna en el proyecto del PSE-EE, ni el propio Madina.

El reto parece claro en este sentido. Aunque quizás a estas alturas, sea tan claro como difícil conseguirlo.



Óscar Rodríguez Vaz y Rubén Mateos del Pino. Politólogos y afiliados al PSE-EE (PSOE).



(Publicado en el número 13 de la revista GALDE)



domingo, 10 de abril de 2016

#PanamaPapers y la patria

Cualquiera que lea este artículo sabrá que “Panama papers” es el nombre con el que los medios de comunicación han bautizado una filtración de once millones de documentos confidenciales procedentes de un bufete de abogados panameño. Dicha información ha sido difundida por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación y ha puesto de manifiesto la ocultación de propiedades y activos o la evasión fiscal de importantes dirigentes o familiares de políticos y de Estado, deportistas, empresarios, actores, etc.

Mossack Fonseca, que es el nombre del mencionado bufete de abogados, presta un servicio consistente en crear o residenciar compañías inscritas en un paraíso fiscal, cumpliendo escrupulosamente con el objetivo de ocultar la identidad de sus propietarios. De modo que, no parece tener demasiado sentido acudir a Mossack Fonseca para hacer algo perfectamente limpio, legalmente o moralmente limpio. Más bien al contrario.

No me deja de llamar la atención que muchas de las personas de nuestro país aparecidas en los papeles de Panamá, pertenezcan al grupo de este tipo de gentes que se atreven a criticar la falta de patriotismo de quienes defienden ideas lejanas a las suyas. Es muy curiosa la forma de defender la patria de estas personas que están todo el día con España en la boca, pero que acuden a este tipo de bufetes de abogados, o bien para pagar menos impuestos en España (lo que, por mucho que sea legal, influye negativamente en la calidad de vida de los españoles), o bien para enjuagar dinero procedente de negocios inconfesables (lo que no atenta contra la patria, sino contra la ley).

Ya imagino que todo esto lo hacen por el bien de España. La cosa es que los españoles no acaban de percibirlo así. Esta semana el CIS ha dicho que la corrupción sigue siendo el segundo problema del país.


(Publicado el 10.04.16 en DNA)

domingo, 3 de abril de 2016

La rabieta

La rabieta es algo que se asocia a los niños, y no creo que haya demasiados de ustedes que no hayan tratado nunca con críos. Por tanto, seguramente habrán vivido una rabieta protagonizada por ellos en primera persona.

Pero, ¿creen ustedes que las rabietas son cosas de críos? Evidentemente, no. Conozco a unas cuantas personas, incluso ya en edad de jubilación o que tienen o han tenido altas responsabilidades, que se cogen rabietas habitualmente. Pero por no centrarme en terceros, reconozco que yo mismo me las he cogido en demasiadas ocasiones. Y de mi experiencia he aprendido que no tiene ningún sentido.

Acudamos a los niños y lo veremos con mayor claridad. Cuando se le dice a un crío que no puede salir a la calle en Vitoria en el mes de enero sin ponerse el abrigo y este reacciona montándonos una bronca sin sentido, ¿qué es lo que le pasa realmente al niño? ¿Que le gusta pasar frío? ¿Que quiere ponerse enfermo? Pues seguramente ninguna de las dos cosas, sino que será algo previo. Y si se sabe gestionar esa situación con calma,  se obtendrá la respuesta de lo que realmente le ocurre al crío y, por tanto, podremos ponerle remedio. No se trata por tanto de atacar la consecuencia, la rabieta, sino lo que la origina.

Siendo como somos adultos, ¿en cuantas ocasiones nos cogemos una rabieta centrándonos en el desencadenante y, por tanto, dejando de lado el tratamiento de la causa previa de lo que nos está pasando? Si embargo, si nos centramos en lo importante, en la causa, en muchas ocasiones comprobaremos que el objeto de nuestro enfado no tiene ningún sentido. Y es que el diccionario es muy sabio, por eso nos indica que rabieta, quiere decir impaciencia, enfado o enojo grande, especialmente cuando se toma por leve motivo y dura poco. Dicho de otro modo, que por una chorrada uno se pilla un mosqueo de calibre grueso. ¡Sean felices!



(Publicado en Diario Noticias de Álava 03.04.16)

sábado, 26 de marzo de 2016

Pedro, Pablo y Albert

Hace ya tres meses que se celebraron las elecciones generales, sin embargo no tenemos gobierno aún. Y a pesar de la reunión que al parecer van a tener Pedro y Pablo esta semana, parece difícil que vayamos a tenerlo sin que se celebren unas nuevas elecciones. Como es lógico, Pablo no parece muy dispuesto a ser el segundo plato de Pedro, que hace unas semanas firmó un acuerdo presentado como “histórico” con Albert. Nunca un acuerdo histórico duró tan poco. Al cuarto candidato en liza ni lo cito, porque no creo que el futuro político tenga nada reservado pare él, a pesar de haber sido el partido más votado el 20-D.

Y es que, ciertamente, ni siquiera los más votados ganaron las elecciones, todos perdieron. El PP perdió 60 diputados; el PSOE no llegó a la barrera psicológica de los 100; Podemos no consiguió pasar al PSOE; y Ciudadanos, sencillamente, no cumplió las expectativas que sobre sí mismo generó.

Acostumbrados como estábamos los españoles a que unas veces ganase el uno y otras veces ganase el otro, nos quedamos desconcertados. De hecho, el nuevo escenario desconcertó hasta a sus propios protagonistas. Y así siguen a día de hoy, puesto que da la sensación de que ni siquiera ellos saben qué va a ocurrir con este asunto.

Sin embargo, a mí esta situación no me parece ningún drama. La cultura política y democrática de un país no la cambia unas elecciones. Lo relevante es que en adelante vamos a tener que acostumbrarnos que el escenario actual se repita; y sus señorías – en especial Pedro, Pablo y Albert – van a tener que aprender a gestionarlo.

De las elecciones en nuestros admirados países nórdicos resultan Parlamentos no menos fraccionados que el nuestro actual y, sin embargo, en poco tiempo forman gobiernos de coalición de amplia base con el acuerdo de varios partidos. Será que nos sacan 35 años democráticos de ventaja.


(Publicado en DNA 27.03.16)