miércoles, 19 de abril de 2017

La desafección política en España y la disposición del PSOE y Podemos a combatirla

Hace unas semanas me doctoré con una tesis titulada "Una visión de las causas de la desafección política en España y de las ideas para combatirla".

Durante los últimos cuatro años, he llevado a cabo esta investigación porque me preocupa la democracia, su funcionamiento y la necesidad de que el mayor número posible de ciudadanos y ciudadanas tengan la opción de formar parte influyente en el proceso de toma de decisiones. Dentro del funcionamiento de la democracia, el papel de sus actores políticos principales, los partidos, y la manera en la que desempeñan ese papel siempre ha sido objeto de estudio y preocupación para mí.


De hecho, durante un periodo de tiempo importante de mi vida, en el que me dedicaba al 100% a la actividad política de partido e institucional, me llamaba la atención la escasa preocupación que existía en mi entorno sobre la desafección de la ciudadanía hacia la política. No entendía muy bien cómo era posible que se sostuviese en pie un sistema cuando sus principales protagonistas, los partidos y sus dirigentes, eran percibidos por la ciudadanía como uno de los problemas más importantes.

Cuando me planteé la investigación, trataba de entender un poco más el fenómeno de la desafección política del que tanto se viene hablando en los últimos años en nuestro país, y de plantear una buena (y compartida) definición de desafección política, en la medida en que no existe una convención al respecto. Y, por supuesto, también pretendía exponer una batería de propuestas o de recetas prácticas que pudieran ayudar a combatir la desafección política, y que me sirvieran de base para contrastarlas con una representación de la militancia y de los dirigentes de dos partidos políticos importantes en estos momentos: PSOE y Podemos.

He apoyado la investigación en tres pilares fundamentales.

En primer lugar en lo que la comunidad científica ha dicho y escrito sobre la desafección política en las democracias occidentales, así como sobre sus posibles vías de solución. En este apartado también se incluyen las críticas y planteamientos realizados por parte del movimiento de la indignación en España.

En segundo lugar, se han tenido en cuenta diferentes estudios sociológicos trabajados y presentados por parte de diferentes instituciones y empresas (fundamentalmente los servidos por EUROBARÓMETRO, CIS, GESOP y METROSCOPIA).

En tercer y último lugar, he analizado a fondo los datos de fuente directa que se han obtenido a través de entrevistas a los líderes de los dos partidos políticos elegidos, así como a los ocho grupos de militantes de ambas formaciones políticas con los que me he reunido personalmente. 

Me he reunido con ocho grupos de militantes del PSOE y de Podemos en Vitoria, Logroño, Coria y L´Hospitalet, con un mismo el procedimiento cuanto a la selección de las y los militantes a entrevistar. Me dirigí a las respectivas organizaciones locales de ambas formaciones políticas y les pedí que me formaran un grupo de seis personas, dividido en tres franjas de edad y equilibrados en cuanto al género.

Respecto de los dirigentes, no siempre he conseguido entrevistar a las personas que pretendía inicialmente, y no hay una correspondencia de la región de procedencia de las y los líderes con la de los militantes entrevistados. En todo caso, he conseguido entrevistar a un plantel relevante de líderes (en muchos casos ya ex líderes) de diferentes generaciones, que llevan a cabo su labor en diferentes niveles (regional, estatal o europeo) y que ocupaban bien cargos orgánicos o bien cargos institucionales de relevancia en el momento de realizar la investigación.

Todos ellos respondieron a una serie de preguntas abiertas sobre la desafección política, sus razones y las posibles vías para atajarla, sobre la validez del modelo de partidos o sobre el movimiento 15-M y su influencia de en ambas formaciones políticas. Y también fueron preguntados sobre una batería de medidas en materia de debate, transparencia, participación y dación de cuentas.


En la investigación, se han obtenido tres resultados fundamentalmente:


1. Una definición de desafección política que pretende ser compartida.

Uno de los apartados de la investigación con los que más he disfrutado es en el que buscaba saber qué se quiere decir cuando se habla de desafección política y, por supuesto, ofrecer una definición del término. A pesar de haber sido uno de los fenómenos más estudiados por la Ciencia Política en las últimas décadas, no existe un significado compartido del mismo. 

He analizado las aproximaciones que se han hecho para definir el hecho, así como los múltiples vértices de la desafección política, casi tantos como autores (hasta 31 autores diferentes se citan en 6 págs.).

A continuación, y al objeto de fortalecer la definición del término, he seleccionado seis indicadores relacionados con la desafección política, y los he medido en doce países diferentes de la UE, incluyendo España, a partir de los estudios del Eurobarómetro, de Transparencia Internacional y de los originales cruces de datos servidos por Peter Mair. 

Los seis indicadores medidos: Confianza en el Gobierno; Confianza en el Parlamento; Confianza en los Partidos Políticos; Implicación psicológica de la ciudadanía en política; Participación electoral; e Índice de Percepción de la Corrupción.

Del análisis de estos indicadores, devienen tres conclusiones que ayudaron a la construcción de la definición de desafección política propuesta en esta investigación:
- la desconfianza afecta a los partidos (y la clase política) más que a las instituciones por las que se ha preguntado;
- el hecho de que se den mínimos históricos de participación en los procesos electorales generales o una peor valoración de las instituciones y de los partidos políticos, en modo alguno conlleva una falta de interés subjetivo por la política;
- la percepción de la corrupción es mayor a medida que crece la desconfianza hacia las instituciones y los partidos.

En consecuencia con el análisis de los múltiples vértices del hecho, así como de los señalados seis indicadores, este es el significado de desafección política a los efectos de esta investigación:
Sentimiento de distancia y desconfianza hacia la actividad política-institucional, de partidos y hacia la clase política por parte de la ciudadanía, al margen del respaldo al régimen democrático y del interés hacia la política.


2. Un conjunto de causas teóricas de la desafección política y una batería de propuestas para combatirla.

CAUSAS

A través del estudio de los diferentes teóricos, he obtenido once conjuntos de causas de la desafección política: No me detendré a explicar los once conjuntos de causas. Pero sí quiero aclarar que la intención de la investigación era ofrecer conjuntos de causas abiertos, con la posibilidad de ser interpretados desde diferentes ópticas..

Por ejemplo, en el apartado de corrupción se habla de la más visible y conocida, pero también se habla de esa otra corrupción que, como dicen Subirats y Vallespín, no vemos porque quizás “funcione de manera tan engrasada o se haya extendido tanto en una sociedad, que dome sus resortes”.

Esa es la corrupción, a mi juicio, que impide que se produzcan cambios de raíz en nuestros partidos políticos y que dificulta una rendición de cuentas real hacia la sociedad.

Otro ejemplo: la falta de virtud de la propia clase política. En este apartado se habla sobre las razones que ocasionan esta situación: las corruptelas pseudo-legales, el respeto a la cadena de mando como la forma de lealtad más apreciada, las listas cerradas, bloqueadas y propuestas por la dirección de turno, etc..

Y también se apuntan algunos efectos sobre la calidad de nuestros representantes que estarían ocasionando las nuevas tecnologías. Y también sería interesante profundizar en los efectos sobre la misma que han tenido las políticas de igualdad o la regulación actual de las conocidas como “puertas giratorias”. 


PROPUESTAS

Dice Todorov que “suponiendo que supiéramos lo que es el bien, tendríamos que declarar la guerra a todos los que no compartan el mismo ideal”. De modo que ni estas propuestas constituyen el bien, ni se trata de declarar la guerra a quienes no compartan este ideal.

Se plantean aquí ocho conjuntos de propuestas que en ocasiones a juicio del autor, en ocasiones en opinión de algunos teóricos y en otras ocasiones en opinión de los movimientos de la indignación, podrían ayudar a combatir la desafección política en nuestro país.

En este apartado tiene incluso más interés que en el anterior recalcar que no son ocho propuestas, sino ocho conjuntos de propuestas

Como ejemplo de lo que digo, se cita la necesidad de introducir cambios en nuestro sistema de representación y, particularmente, en los partidos políticos. Y en este conjunto se plantean medidas como la implantación de listas abiertas, elecciones primarias bien organizadas y la revisión de las circunscripciones electorales.

Otro ejemplo. Cuando se cita la transparencia como una de las vías para combatir la desafección, se hace mención a dos líneas de pensamiento principales: la de quienes no creen en que sea una solución; y la de quienes la defienden como herramienta facilitadora de la participación y de una buena rendición de cuentas. Además, se citan muchas y muy variadas propuestas de transparencia en materia electoral, en materia de financiación privada y pública, etc. Finalmente, incluso se apunta una nueva línea de reflexión a este respecto: la que apunta a que solo siendo ejemplares (transparentes) desde lo público, se podrá reclamar lo mismo en otros ámbitos, tanto o más importantes.



3. De las tres hipótesis de investigación que se plantearon, se ha refutado una y se han comprobado las otras dos.


HIPÓTESIS 3

Mayoritariamente los militantes y dirigentes de Podemos se sienten más cerca del movimiento 15M que los del PSOE, algo que se comprueba tanto analizando las respuestas a las preguntas abiertas, así como las respuestas cerradas, que incluían propuestas concretas salidas de las plazas.

A partir de ahí, se pueden observar dos sub diferencias en el campo socialista:
- los militantes del PSOE están menos alejados del movimiento que sus dirigentes, que son a su vez quienes en las respuestas muestran una mayor agresividad contra lo que ellos consideran el producto del 15M, Podemos;
- los dirigentes sobrevaloran los efectos positivos que tuvo el 15M sobre el PSOE, piensan que les cambió más que lo que piensan los propios militantes socialistas (que consideran en general que el cambio se quedó en palabras y compromisos de cambio incumplidos a la postre).


HIPÓTESIS 2.

Los datos han refutado la hipótesis de partida, que planteaba que los jóvenes militantes eran más partidarios de las medidas por las que se preguntaba que los militantes de los otros dos grupos de edad.

Ya se ha señalado que la variable fundamental que marca las diferencias entre unos y otros entrevistados es la del partido de pertenencia. En consecuencia, solo en siete de las veintiocho cuestiones sobre Transparencia, Debate, Participación y Dación de Cuentas por las que se ha preguntado hay diferencias en función de la variable edad. De entre esas siete diferencias, en tres los grupos de militantes de más edad son más partidarios de las medidas que el grupo de los más jóvenes.

En la investigación se abre un debate en torno a este resultado que también daría como para una tesis independiente y sobre el que, si se considera oportuno, podemos profundizar a posteriori.


HIPÓTESIS 1.

De las veintiocho cuestiones concretas sobre Transparencia, Debate, Participación y Dación de Cuentas sobre la que se ha preguntado, en veintiuna de ellas hay diferencias en la forma de pensar en función del partido de pertenencia, estando los militantes y dirigentes de Podemos más predispuestos a las reformas en esos cuatro terrenos.

Cabe resaltar no obstante, que nuevamente hay diferencias entre la militancia y la dirigencia del PSOE, que en general es la más reacia de los cuatro grupos a la puestas en marcha de las reformas por las que se ha preguntado. Las preguntas abiertas ayudaron a interpretar esta diferencia.





Aquí os dejo una serie de noticias-entrevistas relacionadas con el proyecto:
- SER
- EUSKADI IRRATIA
- CNTXT
- EL DIARIO VASCO







viernes, 7 de abril de 2017

El 100%

Cada año en los días previos y posteriores al 8 de marzo, proliferan las noticias en torno a la importancia de la mujer en la sociedad. Este año este mismo medio sacó a la calle una magnífica, por simbólica e impactante, versión femenina del periódico. Sin embargo, me parece tanto o más importante situar en el debate público la cuestión de la igualdad entre mujeres y hombres en fechas diferentes a la efeméride en cuestión, además la actualidad nos suele brindar ocasiones para ello. Así, acabamos de saber que desde hace unos días en Islandia, uno de los países más avanzados en la materia, las empresas están obligadas por ley a demostrar que pagan igual a hombres y mujeres.

Más allá de la diferencia salarial, sería impertinente explicar que en nuestra sociedad la mayor parte de los puestos de responsabilidad son ocupados por hombres. Es una realidad irrefutable en el mundo de la empresa, en los deportes de masas, en los partidos políticos, en las instituciones de representación y gobierno, en el ámbito académico, en los medios de comunicación, en la Justicia, en las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado,…

Centrándome en el ámbito empresarial, la ley de igualdad entre mujeres y hombres aprobada en Cortes en 2007, instaura la obligación de aplicar planes de igualdad en las empresas españolas de más de 250 empleados. Sin embargo según un estudio hecho público el pasado mes de enero por Leialta, sólo el 10% de las empresas afectadas aplica o fomenta medidas de igualdad.

La citada ley recomendaba a las sociedades obligadas a presentar cuentas de pérdidas y ganancias, a incluir en sus consejos de administración a un número equilibrado de mujeres y hombres para el año 2015. Pues bien, ya estamos en 2017 y sólo el 20% de las personas que forman parte de los consejos de administración de las empresas del IBEX son mujeres. Y si “bajamos” a las empresas de más 250 empleados, el porcentaje desciende hasta el 9%.

Observo esta misma realidad también en las decenas de pequeñas y medianas empresas vascas con las que me relaciono profesionalmente. Como muestra, un botón: de las últimos 100 empresarios/propietarios con los que he tratado, sólo en 3 ocasiones mi interlocutora ha sido una mujer.

Este, el del desequilibrio entre mujeres y hombres en cuanto a la representación en los órganos directivos o de la propiedad de las empresas, es sólo uno de los aspectos relacionados con la igualdad que hay que considerar para hacer un análisis ponderado de la situación. Sin embargo, este aspecto por sí mismo tiene la suficiente entidad como para plantear la idea de fondo que aquí se pretende: en lugar de recomendar, ¿debería la ley obligar a las empresas a diseñar y aplicar políticas de igualdad?

Abordaré esta realidad en el contexto de otro mundo también tradicionalmente masculino, la política. Por primera vez en la historia del Parlamento Vasco, hay más mujeres que hombres parlamentarios. Además, cabe señalar que de los cinco partidos con representación parlamentaria, tres tienen al frente de sus respectivos grupos políticos a una mujer (Idoia Mendía – PSE-EE, Maddalen Iriarte – EHBILDU y Pili Zabala – PODEMOS), lo cual indica además que el papel de la mujer en la Cámara no es en modo alguno testimonial. ¿Habría sido esto posible sin la aprobación en Euskadi en 2005 de ley de igualdad que obligase a los partidos políticos a establecer cuotas “cremallera” entre mujeres y hombres? A mi juicio, no.

Por lo general, quienes se oponen a las cuotas suelen argumentar que lo relevante es defender la capacidad y el mérito, y no el sexo de la persona. Como si el hecho de aspirar a que haya paridad en los ámbitos de responsabilidad supusiera renunciar a la valía de las personas. Más bien al contrario. Diferentes estudios difundidos recientemente por el economista y editor de Politikon, Luis Abenza, muestran que las cuotas de igualdad incluso mejoran la preparación de los políticos, al atraer desde el mercado de trabajo hacia la política a mujeres que están mejor formadas que los hombres. Por tanto, no solo se trata de una cuestión de igualdad, sino de inteligencia como sociedad: si queremos calidad en la representación política, debemos defender y practicar la igualdad.

Los estudios en torno a la política citados en el párrafo anterior, dejan a las claras algo que parecía obvio desconociéndolos previamente: sin contar con la mujer, descontamos talento colectivo, el 50%, ni más ni menos. Principalmente por esa razón, y aunque la igualdad no es una mera cuestión de cuotas, soy un firme defensor de las mismas.

Así pues, las cuotas (y el resto de aspectos que componen las políticas integrales de igualdad) no son solo necesarias en los partidos políticos, en las instituciones de representación o en las empresas participadas por la Administración. Hay que ir más allá. Dejemos de desperdiciar la calidad del principal capital de la sociedad. Aprovechemos el 100% de nuestro capital humano.



(Artículo publicado en El Correo 07.04.17) 

lunes, 13 de febrero de 2017

El sentido común no es proteccionismo

“Trump utiliza la legislación, trata de poner trabas al libre comercio con nuevos aranceles. Yo no quiero nada de eso, sino que todos, Administración pública y empresas privadas, reflexionemos cada vez que tomamos una decisión de compra”. 


Estas palabras están entresacadas de la entrevista al presidente de la patronal de Bizkaia que este periódico publicó el pasado lunes. Aunque es verdad que Iñaki Garcinuño no concretó demasiado el tipo de propuestas que darían forma a su planteamiento, ha tenido la virtud de colocar en la agenda pública un debate crítico para nuestro modelo socio-económico futuro.

No hay más que darse una vuelta por los otrora híper-poblados polígonos industriales vascos, para ver que hay sectores de actividad se están quedando sin empresas aquí. No hay más que asomarse a las calles de nuestros pueblos y ciudades para percibir la mala evolución del comercio tradicional, así como para intuir sus oscuras perspectivas de futuro. No hay más que echar un vistazo a la contratación pública para percatarse de que las empresas adjudicatarias no son muchas, son muy voluminosas y, en no pocas ocasiones, tienen sus centros de decisión fuera de nuestro entorno.

Hay muchas personas que defienden que es inevitable que se dé esta situación, que es la ley de la oferta y la demanda. Hay quienes incluso manifiestan que aquellos que se opongan a ella son unos insensatos y unos irresponsables, y que llevarán a sus sociedades a la ruina. El propio lehendakari Urkullu, en respuesta a la iniciativa lanzada por el presidente de Cebek, llama a las empresas a ser sensibles en su política de compras, pero elude su responsabilidad como Administración argumentando que no se pueden “cerrar las puertas al campo".

Pues bien, aplicando estas “sagradas” leyes y los respectivos reglamentos de la austeridad que dictan las opacas instituciones financieras y monetarias internacionales, formamos parte de un país que en el que una de cada cuatro personas vive en condiciones de pobreza relativa o severa, en el que el número de ricos se incrementó el pasado año en más de 80.000, en el que se crea mucho empleo muy precario y en el que se destruye tanto o más, y en el que cada vez disponemos de menos ingresos para poder hacer políticas públicas redistributivas.

La política que se está aplicando no es la única posible. En absoluto. Y el actual estado de las cosas no se arreglará exclusivamente con medidas de choque. Evidentemente son necesarias determinadas políticas coyunturales, como relajar los objetivos de déficit, una reforma fiscal valiente y justa, una eficaz lucha contra el fraude fiscal, una revisión “a la baja” de las estructuras institucionales, o una mayor inversión en I+D.

Pero además de las medidas coyunturales, hace falta un cambio estructural, un cambio de modelo. No sé si Garcinuño quería ir tan lejos, pero creo que su propuesta abre la puerta a una discusión pública de fondo y de altura. La cuestión estriba en si tenemos la capacidad de empezar a cambiar el mundo empezando por nuestros pueblos y ciudades o si, por el contrario, tenemos que esperar a que se produzcan cambios a nivel global mecidos por la Mano Invisible de Adam Smith.

Junto a otro montón de personas, soy de los que piensan que podemos cambiar el mundo empezando por nuestros pueblos, ciudades o territorios, desde el ámbito privado y, por supuesto, desde lo público. Y que para ello no hay necesidad de que se operen grandes cambios a nivel global o regional.

Ninguna ley de la competencia impide que exijamos, por ejemplo, medidas de transparencia radical en las empresa y en los etiquetados de sus productos, de forma que quien consume sepa el máximo de detalles sobre los mismos. Ninguna institución puede impedirnos otorgar mayores ventajas fiscales a aquellas empresas que menor huella ecológica dejen o castigar a aquellas que empleen mano de obra infantil en su producción, y así conseguir algún día que los productos ecológicos o los de comercio justo sean más asequibles que el resto. No hay norma que nos impida fomentar los proyectos colaborativos y de cooperación entre empresas, proyectos que no pasen por eliminar a la competencia, sino que se basen en buscar alianzas para aportar más valor a nuestros productos y servicios. Nadie impide que en nuestras normas y ordenanzas de contratación se premie a las empresas con menor diferencia salarial entre el jefe y el último empleado, o a aquellas que hagan copartícipes de sus decisiones a un mayor número de trabajadores.

Estos y otros planteamientos por el estilo son defendidos por Christian Felber en su “Economía del Bien Común”. Hay también otros movimientos diferentes al anterior que están defendiendo – e implementando con éxito – modelos alternativos de crecimiento y desarrollo económico, más racionales y sostenibles. Son propuestas a valorar por cualquier persona que tenga una perspectiva de futuro y de progreso para nuestro país. Se trata de cuestiones de sentido común, que nada tienen que ver con el proteccionismo y las medidas involucionistas e irracionales de Trump o Le Pen.

Si como sociedad nos moviéramos en estos parámetros, además de cambiar nuestro devenir socio-económico, cambiaría la escala de valores que nos mueve hoy día y la que legaríamos a las generaciones venideras. Hay alternativas. Ahora lo que hace falta es voluntad para cambiar.


(Artículo publicado en EL CORREO y EL DIARIO VASCO el 10.02.17)

martes, 29 de noviembre de 2016

Rita Barberá y el pacto anticorrupción

Los partidos políticos de nuestro país hablan de transparencia y piden transparencia permanentemente, sin embargo constituyen uno de los sectores más opacos de la sociedad, ignorando los códigos y prácticas de buen gobierno más elementales. En consecuencia, según los últimos datos del Eurobarómetro disponibles, los españoles son los ciudadanos de toda la Unión Europea que mayores niveles de corrupción perciben. El Índice de Percepción de la Corrupción 2015, llevado a cabo por Transparencia Internacional, sitúa a España como uno de los países “que ha tenido un mayor descenso en sus posiciones durante los últimos cuatro años”, junto con Libia, Australia, Brasil y Turquía. Y por si fuera poco, el barómetro del CIS de febrero de 2016 sitúa a la corrupción como segundo problema de los españoles, solamente por detrás del paro.

Dos brillantes académicos españoles, que proponen resetear España en su último ensayo, dicen que para terminar con la corrupción lo pertinente es legislar de manera contundente contra ella, puesto que “si no hay consecuencias, si los acusados mantienen durante mucho tiempo sus cargos, si los delitos prescriben, si no van a la cárcel o se conceden indultos, entonces la corrupción se va produciendo e instalando”. En este sentido es pertinente un pacto para que las personas imputadas (ahora investigadas) por cuestiones relacionadas con la corrupción, renuncien al cargo, independientemente de que con posterioridad puedan ser rehabilitados.

Precisamente, en las medidas contra la corrupción que aparecen el acuerdo firmado por Ciudadanos y el PP para que los primeros invistieran a Rajoy como presidente, se contemplaba literalmente la “separación inmediata de cualquier cargo público que haya sido imputado formalmente por delitos de corrupción política hasta la resolución completa del procedimiento judicial”. 

Apenas unos días después de haber firmado este acuerdo, y al hilo de un caso concreto de imputación por corrupción de un recientemente elegido diputado popular, este empezó a ponerse en cuestión. Y el viernes, tanto por parte del nuevo portavoz del Gobierno, como por parte de portavoz parlamentario popular, esa  prerrogativa del pacto saltó por los aires, puesto que, según puede colegirse de sus declaraciones, la falta de respeto a la presunción de inocencia hacia Rita Barberá es lo que ha ocasionado su muerte.

No entraré en disquisiciones sobre las implicaciones del tipo de vida que llevaba la señora Barberá, que descanse en paz. Pero no tiene un pase que, con la que viene cayendo en los últimos años y a la luz de los datos que se citan al inicio de este artículo, ahora el PP quiera aprovechar esta desgracia para recular en una cuestión clave para la imprescindible regeneración de la democracia en nuestro país.

La necesidad de mayor transparencia, junto con la inclusión de políticas de reforma en la democracia interna en los partidos políticos, son dos de las más señaladas como medidas a tomar para combatir y prevenir la corrupción. Hay una tercera propuesta que se está abriendo camino en otros países: la que plantea que los delitos por corrupción no prescriban a efectos de representación pública.

En una reciente investigación que estoy llevando a cabo en torno a la desafección política en nuestro país, me he entrevistado con cuatro grupos de militantes de dos formaciones políticas de ámbito nacional en Euskadi, La Rioja, Extremadura y Catalunya.

Por edad, por región, por sexos o por partido de pertenencia, todos los militantes están totalmente de acuerdo con que los condenados por corrupción no concurran a las elecciones. Además, tomados en conjunto, 9 de cada 10 militantes está totalmente de acuerdo con la propuesta de que los imputados por corrupción no puedan ir en las listas electorales. Finalmente, la militancia de ambos partidos respalda, casi unánimemente, la idea de que quienes hayan sido condenados por delitos de corrupción no pueda concurrir nunca más en una lista electoral.

Las sociedades donde la corrupción no prospera son aquellas en las que se ataja con contundencia la corrupción (aunque sea “blanda”) en cuanto asoma, pero el problema de extender esta idea del control social que los valores dominantes de esas sociedades ejercen sobre la corrupción supone un reto: cambiar la mentalidad de todo un país. Y ese cambio es de doble dirección, desde la perspectiva de los gobernantes y también desde la perspectiva ciudadana.

Se trata de no cobijarse bajo el argumento de que somos personas y hay de todo entre nosotras. La ciudadanía gobernada también tiene su papel en esta recuperación de la confianza, puesto que, como dice Muñoz Molina “cuando la barbarie triunfa no es gracias a la fuerza de los bárbaros sino a la capitulación de los civilizados”. Parece que en el bando de los gobernados civilizados las cosas están claras. No parece, sin emargo, que los gobernantes civilizados tengan la intención de representarnos adecuadamente en esta materia. ¿Es que acaso alguien pensaba que iban a cambiar?



(Artículo publicado en la edición impresa de El Correo, 29.11.16)

jueves, 3 de noviembre de 2016

Las 6 brechas entre los electorados del PSOE y de Podemos

Había leído por separado todos los datos que expongo a continuación, pero hoy, al tener que escribirlos en la tesis todos, uno detrás de otro, mi duda respecto de si los socialistas españoles tenemos futuro casi ha quedado despejada...





jueves, 29 de septiembre de 2016

Es la hora del PSOE

Schumpeter popularizó en el ámbito de la economía el concepto “destrucción creativa”. Un proceso de innovación constante en virtud del cual los nuevos productos y las nuevas demandas del consumidor destruyen los viejos modelos de negocio y las anteriores empresas. Se refería a la esencia aparentemente contradictoria del capitalismo, pero la idea de que cosas nuevas sustituyen a cosas viejas se ha instalado para siempre y para todo.

Hace cinco años al PSOE se le paró el reloj, precisamente, porque no fue capaz de (re)construir un proyecto que ofertar a la sociedad ante la emergencia de nuevas demandas, que tuvieron como principal expresión al 15-M. Un movimiento que cosechó las simpatías de buena parte de la población española, más allá del juego tradicional izquierda-derecha. La dirigencia del Partido Socialista, sin embargo, no fue capaz de interpretar aquel movimiento. Incluso lo malinterpretó, achacándolo a la mano de una derecha que mecería el bullicio de las plazas durante aquellos días.

Las consecuencias de semejante desnorte han sido múltiples y críticas. La más visible, la pérdida progresiva de apoyo electoral en los últimas seis contiendas, marcando mínimos históricos a nivel general y con resultados alarmantemente bajos en lugares como Euskadi, Cataluña o Galicia.

Como es lógico, ahora todo está en cuestión. Todo y todos. Los dirigentes políticos son responsables para lo bueno y para lo malo. Por eso el cuestionamiento empieza por ahí, por las cabezas que han llevado al proyecto socialista a la situación actual. Y debería seguir por los niveles regionales y locales, no menos responsables que el federal en esos resultados.

Pero asumida la situación crítica en la que se encuentra, máxime tras los últimos movimientos a nivel federal, aquí y ahora, el PSOE tiene ante sí una gran oportunidad. Una oportunidad que no pasa por un apaño ni por una pelea de alfileres entre baronías o por conspiraciones de moqueta. La oportunidad pasa por la construcción audaz de un nuevo proyecto que recupere, si ello es aún posible, su condición original y esencial de instrumento de intervención y representación política de una parte de la ciudadanía que ahora se encuentra o desmoralizada o sencillamente huérfana. Es decir, una reconstrucción mirando hacia afuera, en absoluto hacia dentro.

Y en ese proceso reconstructor se me ocurren al menos seis ejes. En primer lugar, el PSOE tiene que formular un proyecto de desarrollo socio-económico para el país. Y lo tiene que hacer con seriedad y pragmatismo, pero también valorando lo que de positivo puedan tener propuestas alternativas a un capitalismo voraz e incontrolado, desde la economía del bien común a la circular, pasando por las valoraciones de los partidarios del decrecimiento.

En segundo lugar, el PSOE ha de forjar una posición relativa al nuevo marco jurídico-constitucional en España, que lo saque de la melé de los defensores del actual statu quo, a todas luces insostenible. Solo desde la construcción de una propuesta autónoma, sólida y compartida en esta materia podrá el PSOE (especialmente en Euskadi y Cataluña) superar la situación y centrar la agenda en las necesidades reales de la ciudadanía.

En tercer lugar, el PSOE debe romper con la dinámica de repliegue interno que viene experimentando en los últimos años. El requisito fundamental para poder ocupar un espacio central en política es parecerse a la sociedad a la que se quiere representar, incorporando a los mejores al proyecto, tengan o no carnet. Pero lejos de incorporar referentes, en el último tiempo las federaciones del partido se han dedicado a estrechar su base, prescindiendo de mucha gente válida.

En cuarto lugar, el PSOE debe proyectar con decisión a sus buenos líderes locales. Muchos municipios con gobiernos socialistas acumulan un bagaje de buen hacer y de aplicación práctica de lo mejor de la socialdemocracia que hay que aprovechar en beneficio del proyecto global. Esos gobiernos locales han generado un plantel de cuadros forjados en la gestión de problemas cotidianos. Sin embargo, consecuencia de la endogamia reinante, prosperan en el partido más los especializados en la pugna por los aparatos que los dedicados a representarlo en las instituciones y cerca de los ciudadanos.

En quinto lugar, el PSOE debe mirar a sus generaciones perdidas. Para los nacidos a partir de los 80, el socialista es un partido apagado o fuera de cobertura. Para (re)conectar con esa realidad se ha de hacer un enorme y urgente esfuerzo por otorgar responsabilidades a los socialistas de esas generaciones (o a lo que quede de ellas). Unas generaciones que puedan comprender la nueva realidad y los cambios aparejados a la extensión de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, o de una sociedad soportada en la incertidumbre y el cambio acelerado. Y también unas generaciones con la capacidad de empatizar con una nueva desigualdad, que les empuja a no disponer de la seguridad de sus padres. Unas generaciones, también, ajenas por completo a la épica del antifranquismo, de la construcción de la democracia, del establecimiento de un sistema de bienestar o de la lucha contra el terrorismo. Los tiempos han cambiado por completo y todo eso ya no les dice nada.

Y en sexto lugar, el PSOE no puede dar marcha atrás en los tímidos avances en clave de regeneración democrática que ha experimentado. Muy al contrario, ha de profundizar en las políticas de transparencia y participación (de la militancia y, especialmente, de la sociedad). Es condición sine qua non para tratar de conectar con esas generaciones perdidas.

En definitiva, el debate del próximo Comité Federal debería pasar por definir el perfil óptimo para dirigir un proceso shumpeteriano en el partido, que se lleve lo viejo e invite a pasar a lo nuevo. Porque lo importante en un instrumento de intervención social no es tanto el quién, sino el para qué. Y si se acierta en lo segundo, lo primero vendrá dado. El reloj no puede seguir parado por más tiempo. Por eso es el momento del PSOE.


(Artículo publicado en EL CORREO y EL DIARIO VASCO el 30.09.16)

lunes, 26 de septiembre de 2016

Sobre el futuro del PSE-EE y los acuerdos con el PNV en Euskadi

Tras la últimas elecciones locales y forales en Euskadi publiqué "Gobiernos de coalición: dudas confesables". Analizados por encima los datos de anoche, me reafirmo hasta en las comas.

No tengo claro que ahora el PSE-EE deba romper los acuerdos que ya tiene en Ayuntamientos y Diputaciones. Pero sí tengo claro que no debe entrar en el Gobierno Vasco. Y también creo inexcusable que se plantee en serio y sin cortapisas su proyecto de futuro en Euskadi, cueste lo que cueste. Quizás sea la última oportunidad.

Ahí dejo el artículo de junio de 2015:


Gobiernos de coalición: dudas confesables

A finales de 2013, después de tres duros varapalos electorales, especiamente en Álava, los máximos dirigentes del PSE-EE prometieron regenerar el proyecto en base a un giro a la izquierda, acompañado de una renovación profunda.

Sin solución de continuidad, y tras un deshielo express en las relaciones con el PNV, se alcanzó un acuerdo fiscal con este partido. Un acuerdo que también apoyó el PP.

Aquella decisión se adoptó bajo un doble argumento: de una parte, “el PNV aceptaba las propuestas socialistas”; y de otra parte, “la sociedad”, según los estudios de opinión, nos demandaba “una oposición útil”. Ni la impronta socialista en la política fiscal ha sido tanta, ni aquella forma de hacer oposición ha sido premiada por la sociedad.

Lo que sí es cierto es que el PSE-EE dió oxígeno a un PNV en situación agónica, que se lanzó a gobernar con 27 de los 75 parlamentarios, sin haber tejido acuerdo de estabilidad alguno. Con aquella decisión, se puso fín a un primer "annus horribilis", a partir del cual el lehendakari y su partido comenzaron a afianzarse. Recuérdese que tanto Ardanza como Ibarretxe tardaron bastante más de un año en consolidarse al frente de la Lehendakaritza.

Hoy, tras las nuevas derrotas en las europeas 2014 y en las municipales 2015, el PSE-EE ha decidido comprometer su posición (y su futuro) aún más. Ha decidido entrar a formar parte de los gobiernos con el PNV, a pesar de haber sido la cuarta fuerza política en número de votos en Euskadi. En Álava, ha ocupado la quinta posición, el peor resultado desde la Transición.

Buena parte de la militancia y de los electores de referencia del PSE-EE se sienten decepcionados y huérfanos. Decepcionados, porque las sucesivas promesas de renovación del partido no se han producido con la profundidad que requería el momento. Y huérfanos, porque siguen ver sin un relato alternativo con el que ilusionarse.

De cualquier modo, hay quienes consideran que el primer problema de la socialdemocracia es la crisis de su modelo, de la que devendrían los malos resultados. Según esta tesis, el socialismo seguirá en crisis hasta que no sea capaz de ofrecer una alternativa al modelo socio-económico actual en clave de crecimiento equitativo. Podrá gobernar e incluso ganar elecciones en algunos lugaras, especialmente como consecuencia de los efectos desastrosos de las políticas conservadoras. Pero no tendrá recorrido futuro si no construye esa alternativa.

Ante esta encrucijada, ¿coaligarse con el PNV, la “derecha nacionalista”, facilitará la búsqueda de ese camino propio y alternativo aquí en Euskadi? En mi opiníon, no.

Además, para trabajar esa alternativa, ese relato, el socialismo tendría que ser completamente permeable a lo que se está moviendo en la calle. Y, por tanto, tendría que vencer su segundo gran hándicap (no exclusivo del partido socialista): la desconexión con la realidad.

Fuera de las cuatro paredes del partido, existen colectivos y movimientos de todo tipo que defienden modelos alternativos de desarrollo y de sociedad: la Economía del Bien Común, la Economía Circular, el Decrecimiento,…, todos ellos tienen su concreción en medidas más o menos ejecutables. Probablemente una mezcla de todas estas teorías podría constituir una alternativa solvente al Capitalismo en el futuro. Y parece obvio que el socialismo debería estar en conexión permanente con estas realidades, lo que, de paso, facilitaría su propia y necesaria catarsis en clave de regeneración.

Pero, ¿estar centrados en la gestión cotidiana de los gobiernos forales y municipales, facilitará la necesaria conexión del PSE-EE con todos estos movimientos? ¿Ayudará a ganar parte de la credibilidad perdida en ese terreno el hecho de no poder apoyar las propuestas progresistas que lancen los partidos de la oposición (PODEMOS y EHBildu)? Yo creo que no.

Hay una tercera razón más que podría debilitar la posición de la socialdemocracia vasca. Como ya anunció, el PNV dedicará la segunda parte de la legislatura autonómica a impulsar un nuevo estatus para Euskadi. Y también esa, es una asignatura pendiente del socialismo vasco y del socialismo español.

Este siempre ha sido un debate ajeno a los intereses de una izquierda que, por definición (y hoy, por necesidad), es internacionalista. Tampoco existe una posición pública consensuada en esta materia, por falta de una discusión seria y desde la base. Por tanto, a medida que avance el debate, es previsible que se vuelvan a abrir las ajadas costuras del socialismo. Y posiblemente, quienes estén personalmente implicados en los gobiernos con el PNV, tendrán una visión diferente sobre la materia de la de quienes no tengan ningún tipo de dependencia.

¿Cuáles son las ventajas para el PSE-EE de formar parte de gobiernos que impulsarán y/o respaldarán una propuesta de nuevo estatus para Euskadi en clave nacionalista? No las veo.

En resumen, si se quiere dotar de un mínimo de estabilidad a los gobiernos municipales y forales, hay fórmulas distintas a la de formar gobiernos de coalición. Fórmulas que no pasen por maniatar más aún el discurso y la posiblidad de acción de un partido sin el que no se podría entender la Historia Contemporánea de Euskadi.


domingo, 19 de junio de 2016

Loco y emprendedor

El pasado viernes un ilustre alavés de adopción presentó sus memorias. No es verdad que sea la suerte. Casimemorias de un condenado a vivir es el título que Ernesto Santolaya ha puesto al relato de su vida. El libro fue presentado por su hija Mónica y los profesores Txema Portillo y Antonio Rivera, en uno de los actos más emotivos a los que yo he asistido. Terminé llorando con Íñigo y Pilar.

El salón de actos de la Casa de la Cultura estaba prácticamente lleno, pero no había ni rastro de candidatos o autoridades públicas, a pesar de que en el acto había muchas cámaras y de que estamos en campaña electoral. No me extraña. El poder, en todas sus expresiones, siempre ha sido objeto de los (siendo suave) dardos dialécticos de Ernesto.

A pesar de la sofisticación de su lenguaje y de su afición por la descripción excesiva, es un hombre al que se le entiende a la perfección. Siempre ha llamado a las cosas por su nombre y no se ha callado ni bajo el agua. Precisamente, yo le conocí en los tiempos en los que demasiada gente callaba, a principios de los 2000, en plena ofensiva etarra y en medio de una situación política y social lamentable. Junto a otras (pocas) personas de la cultura, de la universidad o de la política, Ernesto se dedicó a plantarse y a gritar ¡basta ya!

Quizás no ocurra, pero creo que su figura merece el reconocimiento de nuestra sociedad y alguna de las medallas que otorgan nuestras instituciones. Por emprender, fracasar y contarlo. Por mantener viva hasta el día de hoy una editorial en nuestra ciudad. Y por haber defendido la libertad.

Aún no me ha dado tiempo a leer este tocho de 800 páginas. Seguro que mucha gente lo hará al ver en la contraportada que se trata de “un viaje para a la postre no saber de qué va esto de vivir. (Ernesto) Ha sacado en limpio, no obstante, un par de cosas, que vivir siempre acaba mal y que en estar loco e intentarlo todo, está la dignidad”.



lunes, 13 de junio de 2016

La batalla por la Socialdemocracia

Hace unos días me llamaron de EL CORREO para preguntarme si quería participar en un reportaje que estaban preparando sobre la Socialdemocracia en España. Pregunté por el tiempo del que disponía para prepararlo y acepté gustoso la invitación.

Al día siguiente, y tras haberme preparado lo que quería decir, hablé con el periodista. Quien de paso me contó que iba a tener el honor de compartir páginas con Jaúregui, Cotarelo y Verstrynge. Como me dijo mi mejor amigo, "no te has visto en otra, Rodríguez". Efectivamente, un lujo.

Pero vamos al grano. Mi opinión al respecto del planteamiento del periodista, como es lógico, ha recibido aplausos y críticas. Agradezco mucho ambas cosas, sabiendo que se hacen sobre un extracto de lo que le dije al periodista; como en toda noticia, el periodista destaca lo que le parece más importante. 

No obstante, y al objeto de que el debate pueda ser un poco más completo (siendo, como es, un tema complejo), dejo aquí mi respuesta completa ante la pregunta ¿quién representa la Socialdemocracia hoy en España? Palabra arriba, palabra abajo, esto fue lo que dije:


Un gran intérprete e inspirador de la Socialdemocracia (SD) fallecido recientemente, Tony Judt, escribió en 2010 lo que podría considerarse la Biblia en formato de bolsillo para cualquier socialdemócrata. La obra se titula Algo va mal, y dice cosas tan aparentemente obvias como la siguiente: “no sabemos qué mundo van a heredar nuestros hijos, pero ya no podemos seguir engañándonos con la suposición de que se parecerá al nuestro”.

Quizás esto no haya resultado tan obvio para la SD y/o los Partidos Socialistas en muchos lugares de la Europa continental. Parece una paradoja que los septuagenarios Jeremy Corbin y Bernie Sanders sí hayan entendido e interpretado adecuadamente el mensaje, máxime teniendo en cuenta el alto respaldo que obtienen entre la gente joven en el Reino Unido y en USA, punto débil de los Partidos Socialistas en Europa y, particularmente, en España.

La SD está atravesando una grave crisis de identidad y de modelo. Los datos de desigualdad y pobreza demuestran que se ha agotado el papel de contrapeso redistribuidor de los efectos perversos de la economía de mercado que ejercía. El reto hoy para la SD no es buscar fórmulas para repartir mejor el crecimiento sin control, sino dar con un modelo alternativo que permita un crecimiento justo. Ese modelo aún está por construir y, en mi opinión, es ahí donde se hallará la respuesta a la pregunta en torno a quién representa a la SD.

Lógicamente, esta crisis de modelo se traduce, en el caso español, en una crisis de resultados. También influye el hecho de que en muchos países occidentales haya sido la propia SD la que diera los primeros pasos en la ejecución de las políticas de la austeridad impulsadas por los conservadores. 

Este último hecho, añade un problema muy serio en materia electoral, una crisis de credibilidad: no hay coherencia entre la teoría y la práctica, entre el dicho y el hecho, lo que genera desafección. Por eso, por ejemplo, y a pesar de haber gobernado durante cuatro años, a pesar de los malos datos (un cuarto de la población en pobreza relativa o severa, en torno a un 50% de paro juvenil, etc.), y a pesar de que la corrupción corroe por dentro al partido del gobierno, este sigue utilizando con efectividad el argumento de la herencia recibida y sigue a la cabeza de los sondeos electorales.

Sobre el papel (por historia y trayectoria), el PSOE, que pertenece a la Internacional Socialista, es el principal representante de la Socialdemocracia en España. Mientras que PODEMOS estaría más lejos de ella, hecho que acredita su pertenencia al Grupo de la Izquierda Unitaria en el Parlamento Europeo. En la práctica las cosas no están tan claras. Porque, por ejemplo, ¿es socialdemócrata la reforma del artículo 135 de la Constitución Española en los términos en que se hizo?

Ahora mismo, en mi opinión, la Socialdemocracia está huérfana y, al mismo tiempo, en reconstrucción, también en España. Y seguirá huérfana hasta que no dé con un modelo alternativo al actual en clave de crecimiento equitativo. Para dar con ese modelo, básicamente hace falta estar más cerca de lo que se cuece en la calle.

Hay colectivos de todo tipo que defienden modelos sociales y económicos alternativos al actual, desde la Economía Circular, hasta el Decrecimiento, pasando por la Economía del Bien Común o la gran batería de propuestas que surgieron del 15M. No soy el único que defiende que, a medio plazo, con una mezcla de todos ellos se construirá una alternativa solvente y de progreso al modelo que nos ha empobrecido a escala global. Y personalmente, ahora mismo, veo a PODEMOS más cerca de esta alternativa.

Para ejemplificar esta mayor cercanía o lejanía con la calle pondré otro ejemplo. Según los estudios que se hicieron, una mayoría amplísima de la sociedad española compartía las propuestas del 15M. En un estudio que estoy finalizando, y en el que he entrevistado a dirigentes y militantes del PSOE y de PODEMOS en cuatro puntos diferentes de España (Euskadi, La Rioja, Catalunya y Extremadura), el resultado es muy claro: las bases y los líderes de PODEMOS están mucho más cerca de las propuestas del 15-M que las bases del PSOE. Los dirigentes del PSOE son los que más alejados están del movimiento, llegando a manifestar más de uno de ellos en la investigación que fue un movimiento “impulsado por la derecha española”, una suerte de conspiración contra el PSOE.

Claramente, unos estaban y están más pegados al sentir popular que otros. Y el requisito fundamental para poder ocupar un espacio central en política es parecerse a la sociedad de referencia. Esto facilita la incorporación de perfiles políticos, profesionales y culturales plurales a la organización, lo que la dota de una mejor capacidad de interpretación respecto de cuáles son las preocupaciones de la sociedad y, finalmente, lo que permite anticipar alternativas y soluciones. No subirse a la ola, sino generarla.