domingo, 29 de noviembre de 2015

El empresario mago

El pasado año visité al dueño de un negocio de la ciudad. Un buen local, con no pocos empleados y con su público en la zona. Me senté frente al hombre y, tras saludarnos, empezamos a hablar de lo que le preocupaba.

“Si lo llego a saber no me meto”, “El día a día me come”, “Ojalá pudiera cambiarme por alguno de mis empleados”,… El listado de agravios era interminable. Especialmente cuando, a medida que avanzaba la conversación, él empezaba a ser consciente de la dimensión de los marrones que le rodeaban. Se ve que llevaba tiempo sin hablar de ello con nadie.

Sí, él era un desastre. No controlaba el sector. De hecho, ni siquiera tenía experiencia previa en él. Le venía de familia. Se lanzó a ese negocio, como podía haberse lanzado a cualquier otro. Saltaba a la vista que lo que hacía no le motivaba. Sin duda, necesitaba ayuda y, por supuesto, quien tenía enfrente podía prestársela. Pero no había manera. Algo se me estaba escapando.

Yo había estado tan centrado en la conversación, que apenas desvié mi mirada de su rostro. Pero sonó su teléfono y se puso a hablar. Entonces giré la cabeza y observé que la pared que había a mi espalda estaba repleta de carteles enmarcados. Todos ellos anunciaban actuaciones de un mago. Los carteles eran viejos. No tenían menos de una década. Justo la edad que tenía el negocio. El mago era él.

Terminó su llamada y me preguntó: “¿Dónde estábamos?”. “¿Cuánto hace que no actúas en público?”, le pregunté yo, mientras me giré para mirar los carteles… Se quedó pensando unos segundos, bastantes. Suspiró. No le dejé hablar, repregunté: “¿Te gustaría volver?”. “Sí”, respondió al instante. Y entonces, sólo entonces, fue él quien empezó a preguntarme y a comprender que algo tenía que hacer.

Un año después, sigue siendo propietario del negocio, pero ya no lo gestiona él. El local va mejor. Y él ha vuelto a actuar.


(Artículo publicado en DNA el 29.11.15)

jueves, 19 de noviembre de 2015

Tres largos minutos

Duque de Wellington, 8:57 a.m., semáforo en rojo. Con un niño a cada lado, aguardo pacientemente a que el dichoso disco cambie de color para, después de tres largos minutos, atravesar la carretera y llegar al cole.

Mientras tanto, se puede ver cómo hay abuelas y abuelos que, a duras penas consiguen que sus nietos les den la mano, cruzan en rojo entre miradas escurridizas a uno y otro lado. Como si las miradas pudieran detener a los vehículos que circulan a 50 km/h.

En ese mismo paso de peatones y en esos mismos tres largos minutos, uno observa cómo padres y madres que no despegan su mirada del Smartphone, con una estela de niños detrás, atraviesan los cuatro carriles con el semáforo en rojo.

También se pueden ver a adultos que se dirigen al centro comercial, con una mano ocupada llevando el carrito de la compra y con la otra sujetando el teléfono a la oreja contraria, pasan del semáforo. Es igual que el supermercado no tenga aún abiertos sus comercios. Hay prisa por llegar a ningún sitio.

Uno trata de entender, en esos tres largos minutos, por qué carajo hay niños medio dormidos, con mochilas de tres kilos a la espalda, atravesando las vías del tranvía cuando no deben – entre los timbrazos que emite el gusano verde y, por supuesto, pasando la carretera de cuatro carriles con el semáforo en rojo.

Y digo yo, ¿cuál es la función que cumplen los semáforos? ¿Qué argumentos puedo utilizar con mis hijos para que sigan perteneciendo a sector minoritario de la sociedad que los respeta? ¿Por qué las y los policías municipales que merodean las entradas de los colegios de nuestra ciudad no aperciben – siquiera verbalmente – a quienes pasan olímpicamente de ellos? Y, por último, ¿han ido alguna vez caminando por la calle los responsables de la regulación semafórica de nuestra ciudad? Porque mira que son largos los tres minutos…



(Publicado el 15 de noviembre en Diario Noticias de Álava)

domingo, 15 de noviembre de 2015

Inmigración y futuro

Desde que hace un par de años se iniciase en Euskadi una escalada de acusaciones contra algunas de las nacionalidades de personas que han venido a buscar aquí las oportunidades que no tenían en su país, han sido muchos los exabruptos que se han escuchado por boca de diferentes dirigentes políticos.

Es verdad que importantes dirigentes del PP han llevado la voz cantante en esta materia, poniendo en cuestión el buen uso de las ayudas sociales y, en el último tiempo, mezclando de forma altamente irresponsable, inmigración, refugiados y yihadismo. Desgraciadamente, estas voces inquisitoriales no sólo han provenido de las filas populares, sino que son varios y cualificados los dirigentes de otros partidos políticos que han echado leña a un fuego que, por suerte, aún no ha prendido con fuerza en nuestro país. No obstante, hay que diseñar, realizar y mantener buenos cortafuegos pensando en evitar los incendios del futuro.

Imagino que como gran parte de la ciudadanía vasca, soy de los que piensan que es necesario introducir sistemas más eficaces de control en las ayudas sociales para tratar de evitar el fraude, independientemente de la nacionalidad de quien las cobre. En ese sentido, y dejando a un lado las formas empleadas por sus impulsores, no se puede despreciar la idea de discutir y dar forma legislativa, si fuera necesario, a nuevas fórmulas para mejorar los controles.

Pero convendrán conmigo que, si de establecer prioridades se trata, sería más importante poner en marcha medidas ejecutivas y eficaces para tratar de reducir a la mínima expresión el fraude fiscal. En Euskadi este se estima en 2.500 millones de euros al año, tanto como lo que nos cuesta pagar la Educación, por ejemplo. Mientras tanto, el montante de lo que venimos gastando en ayudas sociales –Renta de Garantía de Ingresos, Complemento de Vivienda y Ayudas de Emergencia Social–, es de 450 millones al año. Aunque la mitad da las ayudas fuesen fraudulentas, que no lo son, estaríamos hablando de una décima parte de lo que supone el fraude fiscal. Hay que colocar las cosas en su sitio.

De cualquier modo, y a pesar de las contradicciones en las que ha introducido la inmigración a las sociedades receptoras históricamente, apenas encuentra eco público y social una visión más humana y esencialmente positiva que tiene el fenómeno.

Vivimos como sociedad una situación de precariedad, de desempleo, y de “volatilidad macroeconómica”, como gusta decir ahora a los entendidos en la materia. Y esta situación debería abrirnos los ojos, de forma que mirásemos a los inmigrantes como personas, en primer lugar, y como oportunidad para el nuestro crecimiento y desarrollo conjunto, en segundo lugar.

Porque la inmigración es, rotundamente, una oportunidad desde muchos puntos de vista, auqnue hoy me centraré sólo en uno de ellos: el de la exportación de nuestras empresas.

Se habla de que el gran reto para nuestro tejido empresarial es buscar alianzas para robustecer su capacidad exportadora. Y hay datos que hablan bien de la capacidad de vender fuera que tienen nuestras empresas, por supuesto. Pero también los hay no tan positivos. Así, según el ICEX, sólo una de las tres provincias vascas – Bizkaia – está entre las diez provincias más exportadoras de España.

Se emplean muchos criterios y se dan muchos consejos a nuestras pymes –q que suponen prácticamente el 100% del tejido empresarial – a la hora de emprender el “viaje” a la internacionalización a un país-destino: crecimiento económico y poder adquisitivo per cápita, flexibilidad normativa, transparencia, etc.

Pero cada vez que reflexiono sobre la inmigración, la empresa y el futuro de nuestra sociedad, siempre me viene a la cabeza el mismo caso. Se trata de la experiencia de una empresa alavesa dirigida por una familia de origen eibarrés. Seguro que son muchos los factores de éxito de esta pyme. Pero anoten un dato: mientras que el porcentaje de inmigración en Euskadi es del 6,4% el porcentaje de trabajadores de otras nacionalidades en la citada empresa es del 21%. Y algo tendrá que ver este hecho con el resultado de exportación directa que registran: el 90% de su facturación, repartida entre 150 países diferentes.

Como otro conocido empresario vasco suele decir, “poniendo sólo a los de Beasain es difícil que vendamos fuera”.



(Artículo publicado en Diario Vasco 15.11.15)

domingo, 8 de noviembre de 2015

Sí se puede

Basta con echar un vistazo a los últimos informes de la realidad socio-económica para concluir que la política que se viene aplicando en los últimos años está resultando nefasta para muchas personas y pequeñas empresas. Tras las graves situaciones que genera, lo que más indigna es tener que escuchar que no hay alternativas. ¡Claro que las hay!

Para no irme por las ramas, aterrizaré el asunto en Vitoria-Gasteiz. El Pleno del Ayuntamiento ha aprobado esta semana una nueva norma de contratación pública. A partir de ahora las políticas de compra de servicios apostarán por fomentar la sostenibilidad, la igualdad de género, la inserción social o la cooperación al desarrollo.

Como no son muchas las ocasiones para hacerlo, vaya desde aquí mi aplauso. El paso dado me gusta y me recuerda a una de esas teorías que están planteando alternativas frente al actual modelo: la Economía del Bien Común. Esta teoría hace un llamamiento a cambiar los ejes sobre los que se mueve la economía: sustituir competencia por cooperación y beneficio por bien común. Y además, nos insta a empezar a cambiar el mundo por nuestros pueblos o ciudades, sin necesidad de que operen cambios a nivel global.

De paso, animo al Ayuntamiento (a este y a otros) a profundizar en esa línea de relación con las empresas. Por ejemplo, premiando en sus concursos públicos a aquellas que sean más transparentes. O a aquellas que formen parte de proyectos cooperativos, que no pasen por canibalizar a la competencia. O a aquellas que hagan copartícipes de sus decisiones a un mayor número de trabajadores. O a aquellas con menor diferencia salarial entre quien más cobra y quien menos cobra.

Quizás así no tendríamos que pelear los problemas de limpieza de la ciudad con la empresa dirigida por Esther Koplowitz y en cuyo capital figuran “pequeños empresarios” como Bill Gates, George Soros o Carlos Slim.

viernes, 6 de noviembre de 2015

L@s militantes del PSOE y de PODEMOS

Hace dos años y medio que matriculé un proyecto de tesis doctoral centrado en las razones de la desafección política. Para la parte empírica de la tesis, he entrevistado a dirigentes orgánicos e institucionales del PSOE y de PODEMOS en los niveles autonómico y nacional. Y también me he pasado un tiempo haciendo la misma entrevista a grupos de militantes ambos partidos en cuatro puntos diferentes de España: Vitoria (Euskadi), Coria (Extremadura), L´Hospitalet de Llobregat (Catalunya) y Logroño (La Rioja).

Aún no puedo hacer públicos los datos relativos a dirigentes, puesto que me faltan entrevistas relevantes por hacer. Espero poder terminar después de las elecciones del 20D, a ver... Pero sí puedo contar cosas sobre la opinión de la militancia de ambas formaciones.

Con todos y cada uno de los 8 grupos de militantes (4 del PSOE y 4 de PODEMOS) he mantenido una conversación abierta en torno a un mismo guión de asuntos, para recabar su opinión sobre la desafección, las posibles soluciones, el análisis del 15-M y lo que vino después, el sistema de partidos, etc.

Pero en una segunda parte, respondieron a un test que estos días he terminado de procesar y creo que, incluso sin que el lector sepa de qué van cada una de las preguntas, echando un vistazo rápido al cuadro que pongo a vuestra disposición, cada cual podrá sacar sus propias conclusiones:



Para que se pueda interpretar el cuadro el cuadro adecuadamente, pongo un ejemplo de pregunta y respuestas:

Apartado:
PARTICIPACIÓN

Pregunta 15F: 
La elaboración de candidaturas institucionales se hará mediante el sistema de listas abiertas

- Cuando la respuesta es 1 (verde oscuro), significa que el entrevistado está totalmente de acuerdo
- Cuando es 2 (verde claro), significa que está bastante de acuerdo
- Cuando es 3, poco de acuerdo
- Cuando es 4, nada de acuerdo

Como podéis observar, de los 44 militantes de ambas formaciones que opinaron sobre la cuestión de la listas abiertas, 31 militantes (22 de PODEMOS y 9 del PSOE) están totalmente de acuerdo; 7 militantes (6 del PSOE y 1 de PODEMOS) están bastante de acuerdo;  3 militantes (los 3 del PSOE) están poco de acuerdo; y otros 3 militantes (también del PSOE) están nada de acuerdo.


De momento, lo dejo aquí. Más adelante iré haciendo entradas con mi interpretación sobre los datos.. Hasta entonces, bon apetit!




domingo, 1 de noviembre de 2015

La historia de Manolo

El pasado viernes asistí a una jornada organizada por SEA, bajo el título de “Alternativas a las sucesión familiar de las empresas”. El objeto de la misma era plantear a las y los empresarios asistentes que piensen en el relevo y en el futuro de sus negocios. Y entonces yo me acordé de Manolo.

Manolo es un tío excepcional. Un señor hecho a sí mismo que comenzó su actividad empresarial hace 25 años, acompañado solamente de una máquina, con un futuro incierto, pero con mucha ilusión. Con la misma ilusión que tienen los más de tres millones de personas de nuestro país que deciden emprender y que se juegan todo lo que tienen (y lo que no tienen) a una carta: su proyecto.

Poco a poco, la empresa de Manolo fue creciendo y ganando volumen. Todo a su imagen y semejanza. Pero había una doble inquietud que no tenía resuelta: relevo en la dirección y futuro para el negocio, lo que vienen a ser las dos caras de una misma moneda.

A pesar de que el famoso día a día no le dejaba pensar, Manolo decidió pararse. Y pensar. Y mirar dentro de su casa. Allí tenía un hijo mayor, con experiencias vitales relativamente largas en Irlanda e Italia. Y allí también tenía otro hijo, el menor, no tan aplicado en los estudios, pero que desde pequeño vivió la actividad de la empresa como propia. Y también, consciente de sus limitaciones, preguntó.

Hoy es el día que la empresa de Manolo está perfectamente engrasada internamente, bajo la batuta su hijo menor. Y también es el día que vende en 36 países, gracias a la formación y al conocimiento del mundo de su hijo mayor. Como todos, tiene sus preocupaciones. Pero el relevo y el futuro están encaminados.

Querer es poder. Y si se quiere, pero no se puede, se pregunta. Que en mi humilde opinión, no hay persona más inteligente que aquella que no teme las respuestas.