Gobiernos de coalición: dudas confesables
A finales de 2013, después de tres duros varapalos electorales, especiamente en Álava, los máximos dirigentes del PSE-EE prometieron regenerar el proyecto en base a un giro a la izquierda, acompañado de una renovación profunda. Sin solución de continuidad, y tras un deshielo express en las relaciones con el PNV, se alcanzó un acuerdo fiscal con este partido. Un acuerdo que también apoyó el PP. Aquella decisión se adoptó bajo un doble argumento: de una parte, “el PNV aceptaba las propuestas socialistas”; y de otra parte, “la sociedad”, según los estudios de opinión, nos demandaba “una oposición útil”. Ni la impronta socialista en la política fiscal ha sido tanta, ni aquella forma de hacer oposición ha sido premiada por la sociedad. Lo que sí es cierto es que el PSE-EE dió oxígeno a un PNV en situación agónica, que se lanzó a gobernar con 27 de los 75 parlamentarios, sin haber tejido acuerdo de estabilidad alguno. Con aquella decisión, se puso fín a un primer "annus horribil...