Y ahora qué?
Me costó ser consciente de lo que estaba pasando. Al recibir la noticia el jueves por la tarde, me puse triste. Me sentí mal. Me vinieron a la cabeza decenas de nombres, de instantes, de momentos en los que lo he pasado mal y he visto cómo otras personas lo pasaban aún peor. Pero entonces se despertó Nilo, le miré y sentí que algo grande estaba pasando, aunque reconozco que desconocía la dimensión. Me acosté, tras haber bebido la mejor botella de vino que tenía a mi alcance con la persona a la que más quiero. Y no sé si os pasará lo mismo que a mí, pero yo desde que me levanté el viernes por la mañana estoy levitando. Sigo acordándome de los caídos y de los resistentes, sí. Pero pienso mucho en la sociedad del futuro, en el legado que dejamos, en la Euskadi que veíamos imposible y que, al instante, se ha tornado en posible. Y esa sensación me gusta. Apenas duermo. Escribo y respondo mensajes sin parar. Hablo por teléfono sin sentido. O simplemente, hablo. Me beso y me abrazo con gente....