jueves, 30 de mayo de 2013

Eskerrik asko Gesto

El próximo sábado en Bilbao, Gesto por la Paz se despedirá en Bilbao con un acto sencillo. Se van como vinieron, con sencillez. Una sencillez que ha sido imprescindible para llegar a la situación en la que estamos. Porque sencillo era concentrarse y guardar silencio, mientras desde la pancarta de enfrente se proferían insultos. Porque sencillo era colocarse un un lazo azul en la solapa, mientras había personas secuestradas. Porque sencillo era decir ETA NO, mientras se mataba a compatriotas. Tan sencillo como duro. Eskerrik asko eta zorionak!

Dejo ahí la entrevista-homenaje que han hecho en Ser-Euskadi a algunos de sus miembros históricos:

lunes, 27 de mayo de 2013

La transparencia: un nuevo contrato social


El sentimiento ciudadano de desafección hacia la política se debe, en gran medida, a la situación de crisis y desempleo galopante que vivimos. Cuando la ciudadanía lo pasa mal, busca y señala responsables y, por supuesto, los representantes públicos lo son; y lo son los primeros. A pesar de que también hemos vivido otros periodos de crisis económica severa, las principales instituciones del Estado están siendo percibidas como un problema para la ciudadanía. Percepción corroborada, serie a serie, por los estudios del CIS. Los partidos políticos (tercer problema del país, según los encuestados), las autonomías, la monarquía, símbolos de la estabilidad y perdurabilidad del sistema ideado y acordado en la Transición, inspiran más desconfianza que nunca. Sin duda, tampoco ayuda a esta falta de legitimación el hecho de que en medio de la mayor depresión desde el “crack” del 29, no haya forma de encender la televisión y no sonrojarse con los informativos.

Pero al margen de la crisis, y mucho antes de que llegara, ya hacía falta una reforma en profundidad en nuestro sistema democrático... SEGUIR LEYENDO EN ELDIARIO.ES

sábado, 25 de mayo de 2013

Especular no es un buen plan

A pesar de que los datos contenidos en el último Sociómetro Vasco del pasado mes de marzo son mucho más interesentas que las previsiones de voto que el Gabinete de Prospecciones Sociológicas ha dado a conocer esta semana, públicamente tiene siempre mucho más eco lo segundo que lo primero. En el seno de los partidos ocurre lo mismo: importa más sacar rédito (o interpretar a antojo) las previsiones de voto, que explicar las razones por las que la gente se acerca (o aleja) a la política, por ejemplo.

En cierta medida, es comprensible que esto suceda, porque es mucho más fácil (y menos trabajoso) explicar subidas y bajadas en proyección de voto, que indagar en las causas que pueden provocarlas. Es comprensible en el ámbito peridístico, porque los análisis hay que hacerlos de un día para otro. Sería incomprensible, e imperdonable, que los partidos políticos hicieran el mismo análisis. Porque en realidad es muy difícil interpretar, por ejemplo, las razones del mantenimiento de resultados del PNV o de la bajada del PSE-EE, sin tener en cuenta los datos contenidos en el Sociómetro de marzo.

Los "ligados a la política", son percibidos por la ciudadanía como el tercer problema de Euskadi. Sin embargo, la ciudadanía vasca encuestada interpreta que ese problema en Euskadi es la mitad de grande que en España (17 frente a 33%). O los "ligados a la corrupción y el fraude", cuarto problema para la gente encuestada en Euskadi, son un problema cuatro veces menor que en España (9 frente a 40%). No he leído ninguna interpretación periodística y/o política, que indique la influencia que datos como los mencionados, pudieran afectar "al alza" al partido que gobierna en Euskadi.

Sin embargo, sí he leido la interpretación periodística (y he escuchado la interpretación política), según la cual la "fractura interna" del PSE-EE de Álava habría afectado "a la baja" a esta formación, de tal forma que esa división estaría en el origen de la pérdida de 8 décimas y un escaño en este territorio. No he leído (ni escuchado) la razones en las que se basaría tal afirmación, pero ciertamente es muy fácil de rebatir. Si la transmisión de división en el PSE-EE de Álava afectara negativamente, la transmisión de unidad del PSE-EE de Gipuzkoa (recuerdo que su secretario general fue elegido con el 100% de los votos antes de que esta encuestra se realizara) afectaría positivamente. Sin embargo, en Gipuzkoa el PSE-EE pierde dos décimas más que las que se pierden en Álava.

En definitiva, creo que invirtiendo un poco de tiempo, los análisis podrían ser mejores (útil para el campo periodístico) y, sobre todo, más científicos (útil para el campo político). Porque si todos nos pusiéramos a especular sin necesidad de anclar nuestros análisis en ningún dato, sería fácil que algunas personas creyeran que el PSE-EE baja porque no cumplió safisfactoriamente el cambio de "ideas, instrumento y personas" prometido por Patxi López antes de los procesos congresuales; o podría haber quien interpretase que el PSE-EE baja en Álava porque finalmente no cristalizó la expectativa de cambio que se generó hace unos meses. Y no es plan.


lunes, 13 de mayo de 2013

Hay alternativas, falta voluntad


El Fondo Monetario Internacional dibujó hace unos días unas perspectivas aún peores de las previstas para economía española en los próximos años y, de la mano de Bruselas, “aconsejaron” seguir profundizando en las llamadas “reformas estructurales”. O sea, para salir del atolladero en el que nos ha metido la política de austeridad, se nos recomienda más austeridad, más recortes, más impuestos (a los trabajadores, supongo), incrementar la edad de jubilación,… Y el Gobierno de España, preso de sus compromisos – fundamentalmente, ideológicos – se ha vuelto a poner manos a la obra.

Es indignante ver cómo se aplica “urbi et orbi” una política que está resultando nefasta para la mayoría de la gente, especialmente para la más necesitada, agrandando la brecha entre ricos y pobres y haciendo que cada vez haya más pobres. Como muestra, un botón: el último informe de Cáritas indica que en torno al 21% de la población en España vive con en lo que llaman pobreza “relativa”, con 7.300€ al año; y que más del 6% vive en pobreza “severa”, cobrando 3.650 € al año.

Es indignante tener que escuchar que la política que se está aplicando es la única posible, que no hay alternativas, cuando tanto la Historia como los datos demuestran que no es cierto. En cuanto a la Historia, economistas de reconocida y premiada reputación como Paul Krugman o James K. Galbraith, a la luz de lo ocurrido en el mundo en los años 30 y de todos los estudios posteriores, nos vienen presentando las claves del tipo de políticas que deberíamos seguir para salir de esta crisis, que no coinciden con las que recomiendan el FMI y Bruselas.

En cuanto a los datos, todos ellos indican que a más austeridad, más paro y más pobreza. El propio FMI, corrigiéndose a sí mismo, indicó hace pocos meses que la austeridad retrasa la recuperación, puesto que por cada punto de ajuste fiscal, se reduce el PIB entre 0,9 y 1,7 puntos. Y en España se está viendo clarísimamente, porque la recesión se ha agudizado en aquellas regiones que más redujeron el déficit.

Parece evidente que así no saldremos de la crisis. Indudablemente, hace falta un plan de choque a corto plazo. En ese sentido, parecen lógicos los planteamientos de quienes defienden que no haya recortes en Educación o Sanidad, relajar los objetivos de déficit, una reforma fiscal y una eficaz lucha contra el fraude, una revisión “a la baja” de las estructuras institucionales, o una mayor inversión en I+D. 

¿Pero bastará con esas medidas de choque pensando en el medio y largo plazo? Yo creo que no. Son cada vez más quienes defienden que no, que el actual modelo está agotado y que hace falta un cambio estructural, un cambio de modelo. En este sentido, es muy interesante la tesis que plantea Christian Felber en su “Economía del bien común”.

Afirma el autor austríaco, que debemos cambiar los ejes sobre los que se mueve la economía: hoy se mueve en el eje competencia-beneficio, y como alternativa se plantea que habría de moverse en el eje cooperación-bien común. La razón es sencillamente demoledora: cuando hay competencia, unos ganan y otros pierden, mientras que cuando hay cooperación, todos ganan; cuando se busca el beneficio, inevitablemente alguien tiene un perjuicio, algo que no ocurre si se busca el “bien común” (cuya búsqueda se instaura literalmente la mayoría de las constituciones de los países “avanzados”).

La tesis fundamental, es que sin necesidad de que se operen cambios a nivel global o regional, podemos empezar a cambiar el mundo por nuestros pueblos, ciudades o territorios, convirtiéndolos en lugares del “bien común”. Y lo podemos empezar a hacer, por ejemplo, aplicando medidas de transparencia radical en la empresa y en los etiquetados de sus productos, de forma que quien consume sepa el máximo de detalles sobre los mismos. Por ejemplo, otorgando mayores ventajas fiscales a aquellas empresas que menor huella ecológica dejen o castigando a aquellas que empleen mano de obra infantil en su producción, y así conseguir algún día que los productos ecológicos o los de comercio justo sean más asequibles que el resto. Por ejemplo, fomentando los proyectos cooperativos, que no pasen por eliminar a la competencia. Por ejemplo, ayudando a las empresas con menor diferencia salarial entre el jefe y el último empleado, o a aquellas que hagan copartícipes de sus decisiones a un mayor número de trabajadores. Por ejemplo, haciendo que nuestros ayuntamientos tengan en cuenta en sus concursos públicos requisitos como los enunciados, de forma que quienes no los cumplan se vean incentivados a mejorar sus prácticas.

Podría poner más ejemplos de parámetros del “bien común”, así como de la metodología que Felber y su equipo ideado en los últimos años (y aún hoy siguen perfeccionando) para medir su cumplimiento. No se trata pues de ninguna ocurrencia.

Hay quienes dicen que el planteamiento es utópico. Probablemente lo sea, pero ese dilema ya lo aclaró Eduardo Galeano: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. Pues eso. Hay alternativas. Ahora lo que hace falta es voluntad.


(Artículo publicado en Diario Vasco 13.05.13)





miércoles, 8 de mayo de 2013

Infanta "que no habla"

La denominación latina INFANS, de la que proceden derivados como infantil o Infanta, significa literalmente “el que no habla”. Según "Invitación a la lingüística", publicación coordinada por M.Victoria Escandell, "la posesión del lenguaje divide a los seres en dos grupos separados". Y así es, por lo que se ve, porque mientras algunos (los buenos políticos, los justos, la ciudadanía en general,...) tienen que dar explicaciones hasta por las cuestiones que escapan a su responsabilidad, otros (los malos políticos, los pecadores, la Infanta,...) al parecer no deben darlas ni por las cosas que suceden dentro de los muros de su propia casa. Efectivamente, no tendría sentido que "el que no habla" fuera imputado, imputada en este caso...

Y esto de no dar explicaciones, de no dar cuenta a la ciudadanía, no es una buena cosa, porque contribuye a engordar el sentimiento ciudadano de desafección hacia el sistema. Es verdad que esta desafección se debe, en gran medida, a la situación de crisis y desempleo galopante que vivimos. Pero no se puede permanecer en silencio cuando las principales instituciones del Estado están siendo percibidas como un problema para la ciudadanía cuando, serie a serie, los estudios del CIS indican que los símbolos de la estabilidad y perdurabilidad del sistema ideado y acordado en la Transición (partidos, autonomías, monarquía,...), inspiran más desconfianza que nunca.

Pero volviendo a las posesiones que dividen a los seres humanos en dos grupos separados, al parecer acabamos de descubrir otra: la de tener la capacidad de que la Fiscalía y la Abogacía del Estado pidan le defiendan a uno cuando es imputado por un juez. Inaudito.

Efectivamente, soy de los que cree que hay que hacer pedagogía, transmitir y pedir la confianza de la ciudadanía hacia las instituciones, hacia la Justicia en este caso. Y creo también en gran medida en el sistema judicial a nivel general. Pero cuando las líneas que separan al Legislativo, al Ejecutivo y al Judicial son tan difusas como en algunos de los casos que venimos observando en los últimos meses, crecen la desconfianza y la desafección. Como cuando no se habla.