domingo, 6 de mayo de 2012

¿Qué fue primero, la gallina o el huevo?

La victoria en la segunda vuelta es lo que cuenta. Pero Hollande ya había obtenido una victoria magnífica en Francia cambiando la Historia de su país, puesto que el Presidente de la Republique en ejercicio jamás perdía en la primera vuelta.

Ante tamaña gesta, proliferan las voces que, apresuradas, afirman cuasi dogmáticamente que su victoria se debe a las propuestas de izquierdas que ha defendido el candidato del PSF. Y, efectivamente, las propuestas han sido muy avanzadas en muchos y muy variados terrenos.

Por ejemplo, ha pedido renegociar el tratado presupuestario y un nuevo pacto de gobernanza y crecimiento en el seno de la UE. Ha propuesto una línea de inversión en los barrios más pobres a través de una filial de la banca pública. Ha prometido subir los impuestos un 15% sobre beneficios, prohibir las "stock options" y crear una tasa sobre las transacciones financieras. Se ha comprometido a anular las exenciones fiscales a los franceses más ricos, a introducir un nuevo tramo del 45% a los que ganen más de 150.000 euros y un 75% para los que ganen más de un millón. Afirma que bajará el sueldo del Gobierno (-30%). Ha dicho que contratará en el próximo lustro 60.000 nuevos trabajadores en Educación. O ha prometido crear 500.000 contratos generacionales, además de aumentar los costes del despido colcetivo a empresas que obtengan beneficios e introducir el Diálogo Social en la Constitución. Ahí es nada!

Son propuestas progresistas, avanzadas. Son luces que pueden alumbrar el sombrío túnel que parecemos atravesar gran parte de los partidos socialdemócratas europeos, efectivamente. Pero, ¿el éxito se ha debido a las propuestas en exclusiva? ¿No lanzó muchas propuestas similares (y con más garbo) Ségoléne Royal hace 5 años? Además de las propuestas y la crisis económica que castiga gobiernos por doquier (especialmente de izquierdas), ¿no ha habido más factores que expliquen el éxito de Hollande?

Yo creo que ha habido algo más y, concretamente, en el PSF hicieron algo previo: una gran reforma interna. Hace tres años, todos los militantes socialistas franceses – y no por unanimidad, precisamente – decidieron hacer unas elecciones primarias abiertas a la ciudadanía progresista. Antes, en 2007, ya habían hecho primarias para los militantes, pero en 2009 la misma militancia consideró que toda la izquierda – incluidos los votantes – debían tener el derecho a elegir el candidato a la presidencia, renunciando a parte de sus derechos básicos como militantes.

La condición para participar – para cualquiera que quisiera participar, al margen de su condición de militante – era el pago de un euro y la firma de un documento en el que el participante se comprometía con los valores que defiende el PSF. Esto es algo que no entendían todos los militantes; no entendían el hecho de tener que pagar para tener el derecho al voto... pero de algún lugar había que sacar los dos millones de euros que costó la campaña interna. Sin embargo, los participantes no-militantes, lo entendieron perfectamente. Tanto, que muchos pagaban más de lo que era necesario. Y eso explica que se recaudara el doble de lo que costó la campaña interna: cuatro millones.

Pero la verdadera recaudación, en mi opinión, fue la participación. Cerca de tres millones de franceses participaron de alguna forma en las "primarias ciudadanas", y el PSF se hizo con más de 700.000 cuentas de correo interesadas en ser informadas de los pasos subsiguientes, contó con más de 250.000 ciudadanos que dieron sus números de teléfono para seguir participando... y todo con un número de militantes menor a los que tiene en España el PSOE. El PSF tenía unos 125.000 militantes al comenzar este proceso, pero fue una militancia rejuvenecida, que fue garante de la limpieza del proceso, que se sintió partícipe y, sobre todo, que palpó el sentir y conectó con las ideas de la ciudadanía progresista más allá de los muros del partido.

En mi opinión, este hecho, el de la extraordinaria permeabilidad con la sociedad que consiguió el PSF en el proceso de primarias abiertas, hizo que las propuestas – más o menos novedosas, más o menos repetidas en el proceso electoral de 2007 – fueran compartidas.

Cuando le explicaba todo esto a un amigo hace unos días, me respondió "pero, ¿qué fue primero, la gallina o el huevo?". Yo le respondí con otra de animales: "¿Qué va por delante, el carro o los bueyes?". Y es que considero que nadie sabe aún a ciencia cierta si en el PSOE debemos estarnos quietos, girar al este, al oeste o a la izquierda (previa definición de lo que significa hoy ser de izquierdas). Lo que sí sé es que la condición necesaria para saberlo es un nuevo PSOE, más abierto, más participativo, más moderno... Porque el carro (de las ideas) no anda solo, salvo que tenga buenos y nuevos bueyes (partido) delante que tiren de él. 


Artículo publicado el 7 de mayo de 2012 en Diario Noticias.

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