domingo, 3 de enero de 2016

El empresario

Desde la tribuna de la organización socialista y juvenil a la que pertenecía, acostumbraba yo a cargar en contra los empresarios, que se dedicaban a explotar a los trabajadores. Quizás ninguno de los presentes supiéramos exactamente qué era ser trabajador o empresario.

Un día un buen amigo me preguntó a ver si yo conocía algún empresario. Le respondí que no. Respiró hondo y me dijo algo así...

"Amigo Óscar, en eso también te equivocas. Tienes a un empresario delante, y seguro que conoces a muchos más, aunque no lo sepas. Has leído mucho pero sobre este asunto no tienes ni puta idea.

Soy de tu mismo partido, aunque a veces ni yo mismo me lo explique, porque flipo con lo que decís. Yo sé que tú perteneces a una familia trabajadora y que tú mismo eres trabajador. Pero eso no te da derecho a decir lo que dices sobre mí, porque yo también trabajo, y mucho.

Soy uno de los más de 20.000 empresarios que hay en Álava. Cada día me levanto a las 6 de la mañana para subir la persiana de mi negocio. Antes de abrirlo al público, me dedico a ordenar las salas en las que después hago de profesor. También hago de recepcionista y de técnico informático. Por las tardes me dedico a cazar talentos y a cuadrar las cuentas con mis limitados conocimientos de contabilidad. Ya de noche, echo la persiana y ayudo a limpiar. Después me voy a casa, les doy un beso a mis hijos que ya están dormidos y estoy un rato con mi mujer hasta que el sueño puede.

Como ves, tengo muchos privilegios, pero no el de ponerme enfermo. Y sobre la jubilación, mejor no te hablo. La diferencia ente lo que tú consideras un trabajador y la persona que tienes delante es muy sencilla: el riesgo. Los empresarios vamos sin red. Y así debe ser, puesto que nadie nos obliga a invertir. Pero no es de recibo que se nos trate como lo que no somos".

Esta anécdota tiene 15 años. Hace solo unos días asistí a una reunión sobre política industrial organizada por SEA. Una de las preocupaciones era cómo prestigiar la imagen del empresario. Y a mí no se se me ocurrió mejor idea que hacer esta confesión.


(Publicado en DNA 03.01.16)

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