domingo, 20 de diciembre de 2015

20-D: ¿la urna rota?

"La urna rota. La crisis política e institucional del modelo español". Este es el título completo de un libro imprescindible para quien tenga un mínimo interés por la entender la crisis de representación que vivimos actualmente.

El libro está escrito por Politikon, un proyecto común de un grupo de científicos sociales (Senserrich, San Miguel, Font, Llaneras, Medina y Simón), cuyo principal hándicap no es su juventud, sino el que no contemplan una perspectiva imprescindible, la de género (son todo chicos). Pero esto es harina de otro costal.

El caso es que se aborda el problema de desafección política que vivimos en la actualidad, sus causas y, por supuesto, las posibles soluciones. Aunque en esta crítica, yo me centraré exclusivamente en una parte del problema que describen los autores: el "maquiavélico sistema electoral español".

Este es un tema sobre el que se habla mucho (a la ligera) y sobre el que no se argumenta con demasiado fundamento. En mi opinión, los expertos de Politikon sí lo hacen.

Tras un análisis fantástico de la inspiración de nuestro actual sistema electoral, en el que se explica de forma sencilla el caótico sistema electoral de la II República y el miedo de los protagonistas de la Transición a que se repitieran aquellos capítulos de inestabilidad y fragmentación político-parlamentaria, concluyen que la resultante ha primado la estabilidad y la alternancia. Y esto se ha conseguido, en primer lugar, gracias a "unos mecanismos correctores de la proporcionalidad que han tendido a sobrerrepresentar a los dos partidos más votados" y, en segundo lugar, a las listas cerradas y bloqueadas "que han fortalecido a las cúpulas de los partidos en todos los ámbitos.

Como dicen los autores, se sobrerrepresenta a los dos partidos más votados (PSOE y PP hasta el día de la fecha), de acuerdo a los "tres subsistemas electorales que conviven en España". El primero de esos tres subsistemas lo componen el 52% de los distritos existentes en las elecciones al Congreso (en los que se reparten 99 diputados), que son los que tienen menos de 5 escaños, de forma que el sesgo hacia los dos partidos mayoritarios es evidente. El segundo de esos subsistemas suma el 13% de los distritos electorales (que reparten 126 diputados), donde los resultados son relativamente proporcionales, al haber en juego más de 10 escaños, lo que permite la entrada a más de dos opciones políticas. Y el tercer subsistema, el del 35% de las circunscripciones (125 diputados en juego), la proporcionalidad está en una categoría intermedia: se reparten entre 6 y 9 escaños, pero la ley D´Hondt favorece en ese caso a las dos opciones más votadas.

Como también se sostiene en el libro, el sistema electoral actual fortalece las cúpulas de los partidos a través de las listas cerradas y bloqueadas. Porque, tal y como dicen los autores, "en listas cerradas no entran moscas". Hay que destacar que en este sistema, el elector no puede elegir a diferentes personas de entre distintas listas electorales e incluso se impide que los electores tengan capacidad real de modificar el orden de la lista que establece el partido, "por lo que se permite primar el principio de lealtad al líder".

La conclusión que los autores alcanzan a este respecto es que se ha perdido calidad en la representación, favoreciendo a unos partidos cerrados, "donde la selección de élites de los mismos recae en núcleos dirigentes centralizados y el papel del votante en la selección intrapartido es nulo" (también el del militante). Ello ha dado como resultado el "predominio de un político afecto a los líderes, generando escasos incentivos para el control interno en las mismas organizaciones".

En una investigación que estoy llevando a cabo para analizar todos estos asuntos, he entrevistado a militantes del PSOE y de PODEMOS en cuatro puntos diferentes de España. Los datos, por sí mismos, certifican que el existente grado de desafecto hacia la política, tiene como base importante la diferencia de criterio entre quienes gobiernan y los gobernados, también en estos menesteres.

Por ejemplo, respecto de la circunscripción electoral, 6,7 de cada 10 entrevistados estarían a favor de que en las elecciones a Cortes hubiera una circunscripción única en España. Y 8,2 de cada 10 entrevistados son partidarios de cambiar la ley electoral "para hacer un sistema auténticamente representativo y proporcional, que refleje todas las voluntades sociales, incluyendo la representación del voto blanco y del voto nulo". O por ejemplo, en cuanto al tipo de listas que les gustaría tener en las elecciones, 8 de cada 10 militantes está totalmente (5,9) o bastante de acuerdo (1,6) con que haya listas abiertas en las candidaturas institucionales.

Como explican de forma gráfica los autores del libro, en el antiguo Egipto, “los faraones rezaban para que el río Nilo tuviera una buena crecida. Una mala cosecha (…) podía hacer que sus súbditos considerasen que el gobernante había perdido el favor divino y que tocaba echarlo del trono”. Es verdad que cuando la economía va mal, la ciudadanía valora mal a sus políticos. Pero a la luz de los datos, la actual desafección no sólo tiene que ver con la crisis económica.

Politikon pone sobre la mesa algunas alternativas para acortar la distancia entre representantes y representados en “La urna rota”. ¿Las elecciones de hoy nos traerán una mayoría decidida a hincar el diente a estos asuntos? Veremos.

¡A botar!

Hoy hay elecciones generales. Y desde el surgimiento, hace apenas unos meses, de nuevas formaciones, se dice que por fin hay más de dos opciones entre las que elegir. Aunque confieso que para mí solo hay una opción.

Ciertamente, me hace muchísima ilusión ir a mi colegio electoral a botar a Mariano Rajoy. Y con él, también quiero botar a Bárcenas, a su mujer, a sus obras de arte y a sus cuentas en Suiza. Me apetece muchísimo botar a Maria Dolores de Cospedal y a su indemnización en diferido. Me estimula mucho botar a los senadores que se han pasado la legislatura viajando a ver a sus parejas o a sus amiguetes con el dinero de mis impuestos. Quiero botar a Cristóbal Montoro, a su amnistía fiscal y su 21% de IVA cultural. Hoy no voy a fallar, porque también quiero botar a la Púnica, a David Marjaliza, a los caballos de Francisco Granados y, por supuesto, a él. Voy a ir a botar a Rodrigo Rato, a sus tarjetas black y a su bañador amarillo. Quiero botar a Vicente Martínez Pujalte y a los que le pagaban 5.000€ por concederles el privilegio de tomarse a solas un café. Iré también a botar a Ana Mato y a sus dos payasos, al del confeti y al del Jaguar. Y, por supuesto, quiero botar a los que tienen tantas deudas con los bancos, que no son capaces de legislar contra los desahucios.

Hoy iré a mi urna para tratar de botar a toda esta gente y a otra mucha que no me cabe en estas líneas. Y en cuanto cierren los colegios, espero poder botar de alegría. Aunque a pesar de todo lo que ha ocurrido en los últimos cuatro largos años, no creo ser el único que no las tiene todas consigo. Más bien, al contrario, soy de los que piensa que hay muchas personas que en las encuestas han dicho querer botar a Rajoy, y que hoy acabarán votándole. Veremos. Y en cualquier caso, tendremos exactamente lo que merecemos.


(Artículo publicado en DNA 20.12.15)

domingo, 6 de diciembre de 2015

Brown Capital

Esta semana ha visitado Euskadi el prestigioso profesor de Psiquiatría de la Universidad de NY, Luis Rojas Marcos. Destacaré solo una de sus reflexiones: “la gente que pone el centro de control fuera de ellos tiene menos probabilidades de alcanzar una meta; hay que poner el centro de control dentro de uno mismo”.

Compartirán conmigo que tan sencilla reflexión no merece ningún tipo de traducción o interpretación. Efectivamente, cuando un empresario achaca sus malos resultados al mercado, o una futbolista echa la culpa al árbitro, o un mal estudiante dice que la profesora le tiene manía, por lo general estaremos ante un mal empresario, una mala futbolista y un mal estudiante.

Entre todas y todos, desde el primer político hasta el último ciudadano, conseguimos ser designados como la European Green Capital hace unos años. De la misma forma, entre todas y todos podemos cargarnos el capital verde acumulado. Y me explico.

He conocido a través de las redes sociales una campaña en contra del recorte que el presupuesto municipal plantea para el mantenimiento de los cinco millones de metros cuadrados de zonas verdes que tenemos en Vitoria-Gasteiz. Cuando se plantea un recorte solemos centrarnos en la primera consecuencia: las personas que irán al desempleo. Pero siempre suele haber otras consecuencias. En este caso, que la capital verde puede cambiar de color.


Quienes compartimos el orgullo de haber sido Green Capital, deberíamos ponernos manos a la obra para evitar un recorte semejante. Pero si además, compartimos la reflexión de Rojas Marcos, deberíamos empezar por cuidar nosotros mismos las zonas verdes, de manera que las personas podamos disfrutarlas. Porque no hay manera de jugar con el crío en un jardín evitando llegar a casa pringado de mierda. No convirtamos la Green en Brown Capital ;-)




(Publicado en DNA 06.12.15)