miércoles, 28 de mayo de 2014

El futuro del PSOE y el modelo alavés


(Artículo publicado hoy en El Correo de Álava. Aunque esta realidad, no es solamente aplicable a Álava, por desgracia)


La pintoresca frase de 'el PSOE ha vuelto' tras la Conferencia Política ha resultado proverbial. Pensamos que habíamos inventado la rueda, y la montaña parió un ratón. Hemos vuelto, si. Pero para recibir un nuevo varapalo electoral que hace indispensable una regeneración sin ambajes y en todos los ámbitos: orgánico, político, personal y social. En cada agrupación, en cada ciudad, en cada pueblo y en cada Federación. Es el momento de que todos dejemos paso de forma irrevocable, en especial aquellos que más responsabilidad han tenido a lo largo de la última década. Todos.

En Alava, a este respecto, hemos sido alumnos aventajados, con pérdidas de cuota electoral y de credibilidad que van de veinte en veinte puntos porcentuales. Sólo jugamos a mayor, y hay que atajar la hemorragia si nuestra aspiración es la de liderar. Si por el contrario se trata de un proyecto familiar el que queremos, vamos por el buen camino.

Somos un partido laico, pero nuestra estructura y procedimientos se asemejan cada día más a los de la jerarquía de la Iglesia Católica; y nuestros procesos congresuales recuerdan más un performance en la Capilla Sixtina donde todo está atado y bien atado, que un debate político sereno y honesto. Somos un partido republicano, pero nuestras listas resultan más dinásticas que fruto de un proceso que premie el mérito y la pulsión social. En fin, que no predicamos con el ejemplo. Decimos una cosa, pero hacemos la contraria. Y nos han pillado.

Desde el pasado Congreso Provincial en que aspiramos regenerar el socialismo Alavés, y tras obtener cerca del 45% de los votosla nueva dirección apostó por la política de 'solución final'. Atrincheramiento y bunkerización, en lo político, de una parte. Y erradicación del adversario interno -el enemigo en casa-, en segundo. Desde entonces, el Secretario General no ha cruzado una sola palabra con la mitad de su Partido.

Concurrir a aquel Congreso fue interpretado como delito de alta traición, sencillamente porque la ortodoxia no admite la discrepancia. Y con el aparato, desde luego, no se juega. Ni con el alavés, ni con el vasco, ni con el Federal, faltaría más. Así, el hecho de plantear primarias abiertas a la ciudadanía, o listas abiertas es, pura y llanamente, herético para algunos, porque supone desarmar al aparato, llevándole a perder el control y la tutela efectiva del proceso. Y ese es un escenario que algunos -en Alava el Secretario General ya ha cerrado la puerta de forma pública a primarias abiertas para elegir nuestras candidaturas municipales- no están dispuestos a transitar.

¿Por qué esta cerrazón? La respuesta es cristalina. Y tiene que ver con la agorafobia. Si los procesos siguen siendo cerrados a cal y canto, es posible neutralizar al adversario con una adecuada instrumentalización del censo. Y los procesos electorales internos se convierten en una carrera por engordar el censo, afiliando a todo tu árbol genealógico vivo, con la inestimable connivencia del aparataje regional y federal. Entre bomberos, no se pisan la manguera. El aparato sabe cómo ganar congresos. El inconveniente es que ya no sabe cómo ganar elecciones cuando el censo lo gestiona el INE y no la secretaría de organización.

Hoy, el socialismo se encuentra ante una decisión crucial. O bien inicia su proceso de transformación a saco, en canal, 'motu proprio', y de manera inmediata; con generosidad y altura de miras. O la inmolación, lenta y dolorosa, seguirá viniendo vía resultados electorales, elección tras elección, mientras nos esforzamos en buscar eufemismos para calificar lo que no es sino un proceso imparable de degeneración y esclerosis.

Tratar de fiar la regeneración del socialismo español a un Congreso Extraordinario -arrinconando el proceso abierto de primarias- es no haber entendido nada. Sobre todo si éste proceso es  pilotado, hasta el último día, por quienes al fin y al cabo han asumido la responsabilidad del penúltimo desastre electoral. No quisiera concluir que se trata de un vano intento de tratar de cambiarlo todo para que todo siga igual, pero apunta en esa dirección.

Hace más de tres años, en Sevilla, nuestra dirección ignoró el clamor de quienes nos reclamaban proximidad y respuestas a sus problemas, cuando nuestra respuesta no había pasado sino por cambiar la Constitución e hincar la rodilla ante la derecha. Trabajamos una vez más en clave interna. Y dejamos para el futuro cuestiones que requerían de inmediatez. Ya advertimos entonces el peligro de pasar a la irrelevancia -ante la autocomplacencia general- si no afrontábamos con audacia los retos que estaban sobre la mesa.

Hoy ya no valen procesos tutelados, ni congresos convenientemente modelados y pasteleados. Si hay que abrir en canal el partido socialista exijamos responsabilidad, altura de miras y respeto. Y dese la voz a los militantes para elegir a su Secretario General, exigiendo el desarme del aparato y que sean  sus militantes -un hombre, un voto- y no sus fontaneros quienes perfilen el futuro del socialismo. Y antes de celebrar un Congreso, demos la oportunidad de compartir nuestra decisión con todos y todas las progresistas en unas primarias abiertas.

Parafraseando a deChartres y Newton, el PSOE ha logrado ver mas lejos, porque ha subido a hombros de gigantes. A hombros de pequeños y grandes hombres que dieron su vida en esta larga marcha por la libertad y la igualdad de los españoles, desde hace ya más de un siglo. Rindámosles el mejor tributo y reseteemos este partido de una vez. Se lo debemos a quienes nos precedieron, pero sobre todo a quienes  están padeciendo la injusticia y el atropello cada día. A esa ciudadanía que nos mira con estupefacción porque no nos reconoce y a la que le debemos una explicación. No tanto palabras, en esta ocasión. Ahora tocan hechos. Ahora toca conjugar el verbo dimitir. También el de regenerar, abrir, oxigenar y transformar este viejo partido de una vez y para el siglo XXI. Con decisión, pero también con nobleza y generosidad.



Ivan Ruiz de Eguilaz
Marian Gutierrez
Juan Carlos Alonso
Eduardo Mateo
Maite Carnero
Enrique Gutiérrez
Charo Carnero
Julio Herrero
MariPaz Larrumbide
Juan Carlos Asín
Oscar Rodriguez
Ruben Mateos
Paqui Fdez Guerra
Gelo García
Aurelio Romero

Militantes PSE-EE

lunes, 26 de mayo de 2014

Lo que hace un par de años ya era inaplazable

(Ahí va el extracto de un artículo válido para la actualidad de hoy, aunque lo publiqué en la prensa vasca días antes de los procesos Congresuales del PSE-EE en Euskadi y en Álava, bajo el título "Las 7 diferencias".  

No sé si haber aplicado entonces las medidas aquí señaladas y otras similares hubiera servido para enderezar el torcido rumbo que ya entonces llevaba mi partido. Lo que no sirve, sin duda, es la receta anunciada en el día de hoy: que los mismos que eligieron a Rubalcaba y a todos los líderes regionales y provinciales y que, por tanto, nos han traído hasta aquí, ahora se reunan para elegir a otra persona con el mismo procedimiento y que prometan, otra vez, la regeneración que era inaplazable hace ya un par de años.)


(...) apuesto por una regeneración de la política, y de mi Partido, mirando al futuro. Y creo que el futuro pasa por cambiar los parámetros clásicos de la política (...)

(...) hay diferencias entre el “Stablishment” y quienes defendemos la regeneración del Partido – y de la política – en Álava, que afectan básicamente a la forma de organizarnos y a la manera de relacionarnos con la sociedad. Resumiré estas diferencias en siete.

Primera, la autocrítica. Cuando tras un varapalo electoral, los representantes de los partidos salimos ante la opinión pública - generalmente, sonrientes - a decir que “hemos obtenido unos buenos resultados” o que “hemos ganado a las encuestas”, nos equivocamos. Ante estas situaciones, creo que sería mucho mejor salir a hacer público un análisis crítico de los resultados obtenidos y, posteriormente, asumir responsabilidades. Así empezaríamos a ganar credibilidad. Se trata de una diferencia política sustancial.

Segunda. En mi Partido – en los partidos, en general – no se aprovecha el principal capital de que disponemos: las personas. Tenemos el privilegio de contar con centenares de militantes pertenecientes a muy diferentes sectores de la sociedad, voluntarios dispuestos a colaborar. Sin embargo, no hay hueco para tanta cabeza en la política clásica. ¡Y si no aprovechamos a los militantes, qué decir de los simpatizantes y los votantes, con quienes nuestra única relación se da prácticamente una vez cada cuatro años! El futuro pasa por cambiar esta realidad, y este enfoque supone también una diferencia política de peso.

Tercera, la austeridad. Esta semana lo ha expresado de forma muy gráfica, la militante de las Juventudes Socialistas Beatriz Talegón: “¿Cómo pretendemos dar lecciones desde un hotel de cinco estrellas?”. Nuestro cónclave alavés tendrá lugar en un hotel “sólo” de cuatro estrellas…, cuando tenemos centros cívicos y palacios de congresos en desuso y las arcas públicas renqueantes. Otra diferencia de peso.

Cuarta. Uno de los principales factores por los que la política arrastra falta de credibilidad – según los estudios del CIS, somos el tercer problema para la sociedad – es la falta de transparencia. La mayoría de quienes se dedican a la política son gente honrada, que trabaja por su sociedad de referencia y que no se dedica a robar. Pero el problema es que hoy no nos creen. Y o cambiamos o nos cambian. El cambio, a nuestro juicio, consiste en la firma de un nuevo contrato entre los partidos, las instituciones y la ciudadanía basado en la transparencia. Algunas medidas podrían ser que los partidos den cuenta de su patrimonio y de los ingresos procedentes de la Administración periódica y públicamente; que los cargos públicos estén obligados a publicitar sus declaraciones de actividades y bienes; o que cualquier ciudadano pueda conocer el destino de los dineros públicos que reciba cualquier empresa (pública, parapública o participada) o pueda acceder a las declaraciones de bienes y actividades de los responsables de tales empresas.

Quinta, el debate. Dice el fallecido profesor Tony Judt en su magistral epílogo literario-vital, que “la disposición al desacuerdo, al rechazo o la disconformidad constituyen la savia de una sociedad abierta”. Hoy en mi Partido – y en el resto – el debate crítico no se estila y, sin embargo, éste se me antoja imprescindible para empezar a recuperar parte de la credibilidad perdida. Es otra gran diferencia.

Sexta, la participación. Las innovaciones que han ido dando forma a la sociedad actual han hecho aún más flagrante la falta de adaptación de la política a la nueva realidad. Apenas hay diferencias entre el sistema político que yo vivo y el que pudieron conocer mis abuelos en los años previos a la dictadura. Y como los partidos tienen una gran importancia en el sistema constitucional español, deberíamos empezar el cambio por ellos. Concretamente, para nuestro Partido reclamamos mejorar los mecanismos participativos que ya existen y crear algunos nuevos, como las primarias y las listas abiertas para la elección de representantes, consultas a la militancia y a la sociedad de referencia aprovechando las nuevas tecnologías, etc.

Y séptima. Uno de los déficits de la política – y de mi Partido – es la falta de evaluación de lo que se hace, algo clave para la legitimación de la política. Para remediarlo, deberíamos poner en marcha mejores mecanismos de rendición de cuentas, para que los militantes y votantes sepan a quién pedir responsabilidades por una mala decisión o por una no-decisión; o podríamos, incorporar mecanismos ciudadanos de revocación de cargos públicos por incumplimiento de programa o por mala gestión, etc.

(...)