lunes, 11 de noviembre de 2013

El cooperativismo y el futuro


Se dice que el modelo de empresa familiar - que aporta el 70% del PIB vasco y más del 60% del empleo privado - triunfa en nuestro país debido, entre otros factores, al espíritu emprendedor de los propietarios, a la estabilidad en el tiempo de los principios básicos, a la implicación directa de los accionistas en la gestión, a su proximidad a proveedores y clientes o a un mayor compromiso con el mantenimiento de los puestos de trabajo.

Casualmente, estos son también algunos de los principios inspiradores del cooperativismo vasco. Y tras lo acontecido en Fagor Electrodomésticos, me surgen tres preguntas sobre las que construiré mi reflexión. A saber: ¿ha fracasado el modelo cooperativo? ¿Es un modelo de futuro? ¿Y por qué no está más extendido?

En primer lugar, en mi opinión, no ha fracasado el modelo, sino las decisiones y la traición a alguno de los principios inspiradores del modelo. Es verdad que una vez ocurridas las cosas, es más fácil valorar si las decisiones que se tomaron fueron o no acertadas. Lo que sí es cierto es que, por lo general, la adopción de una decisión estratégica excluye la posibilidad tomar otras, hay que optar. Y no pocos cooperativistas se preguntaron en su día - y lo hacen aún hoy - por las razones que, más allá de la ambición, llevaron a Fagor a comprar Brandt. Paradójicamente, ahora la filial francesa parece tener más probabilidades de supervivencia que la ya enterrada matriz vasca. En todo caso, la decisión de invertir en esta compra a las puertas del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, impidió optar por otras decisiones estratégicas que, a la luz de lo acontecido, podrían haber sido más acertadas.
Como tampoco es acertado no predicar con el ejemplo. Fagor ha podido presumir de haber llevado a la práctica la filosofía que Arizmendiarreta ideó hace cinco décadas. Pero por lo que cuentan muchos cooperativistas - la mayoría en la intimidad, quizás por su corresponsabilidad en lo ocurrido -, hace tiempo que desapareció el compromiso con la información clara, con la transparencia, que es una condición básica para la participación de calidad por parte de los socios. Y ello, a buen seguro, impidió que las decisiones de la mayoría de los cooperativistas se adoptasen con el suficiente criterio.

Así pues, insisto, lo que está en crisis no es el cooperativismo. Más bien está en crisis una forma actual de gestionar las empresas - bastante extendida, por desgracia - basada en la opacidad, en la verticalidad en la toma de decisiones y en el canibalismo económico.

Segunda cuestión: ¿es el cooperativismo un modelo de futuro? Algunos de los teóricos que predican un desarrollo económico y social alternativo, como por ejemplo los defensores del Decrecimiento o los de la Economía del Bien Común, plantean que deberíamos borrar del mercado el concepto de competencia y sustituirlo por el cooperación. Para ello proponen una panoplia medidas que irían desde el estímulo a los negocios que reduzcan a la mínima expresión la huella ecológica, hasta la reducción de la brecha salarial entre quienes más y menos cobran en empresa, pasando por la radical transparencia en la gestión. Una de las líneas estratégicas de este tipo de movimientos alternativos es el impulso decidido al modelo cooperativo.

Son muchas las empresas que, inspiradas o no en estos movimientos, están llevando esta teoría a la práctica. Con frecuencia, se alude como ejemplo a las empresas que componen Ner Group. Pero también hay entre nosotros más empresas que se están inspirando en filosofías similares, y con mucho éxito, por cierto.

De modo que mi respuesta es sí, el cooperativismo bien practicado es un modelo de futuro y para un futuro mejor. Radicalmente sí.

Y tercera cuestión: ¿por qué entonces el modelo cooperativo no está más extendido? En mi opinión, hay dos razones fundamentales. Una razón es que no tenemos una cultura del riesgo y del emprendimiento. Un reciente estudio publicado por Hiscox revela que un 50% de la población de los países más "avanzados" consideramos que nuestra cultura incentiva la aversión al riesgo. En el mismo estudio se indica que un 80% de los españoles consideramos que nuestro sistema educativo no fomenta la iniciativa. Esto explica que mayoritariamente no iniciemos nuestro propio negocio o no aspiremos a arriesgar en un proyecto cooperativo.

La otra razón a la que aludía es que, a pesar de la realidad descrita y de la brutal situación de crisis en la que nos encontramos, las instituciones - y quienes las dirigen - no terminan de tomarse en serio la necesidad de un cambio hacia un modelo económico-social radicalmente distinto. Y este es un hecho que, lejos de librarnos de culpa al resto de la sociedad, nos interpela directamente. En demasiadas ocasiones, pareciéramos estar esperando a que alguien viniera desde algún lugar remoto a contarnos cómo salimos del atolladero en el que estamos. Sin embargo, hemos de ser conscientes de que si cada uno aplica en su casa, en su ciudad, en su organización o en su empresa medidas de reparto justo, de cooperación, de transparencia, de fomento de la corresponsabilidad o de impulso a la imaginación y la innovación, el curso de la Historia cambiará. Pongámonos a ello.


(Artículo publicado en los diarios vascos de VOCENTO)

jueves, 7 de noviembre de 2013

Los tres grandes retos de la Conferencia del PSOE

Una de las cosas que se han hecho en diferentes foros en los últimos meses, y con muchos y muy buenos argumentos, ha sido analizar los factores que han sumido a la socialdemocracia en general, y a la española en particular, en la depresión en la que se encuentra. En ese sentido, y aprovechando la oportunidad que nos brinda la Conferencia del PSOE, he considerado interesante centrarme en el futuro y en las propuestas que podrían o deberían salir del cónclave socialista.

Considero que, para comenzar a recuperar la credibilidad perdida y conectar con nuevas realidades y capas sociales, son tres los grandes retos que debería abordar el PSOE, como principal estandarte de la izquierda española que aún hoy es: la construcción de la utopía en el terreno socio-económico; la actualización del acuerdo constitucional; y la regeneración democrática.

En cuanto al primer gran reto, es obvio que para salir del atolladero en el que nos ha metido la política de austeridad, la receta no puede ser más austeridad, más recortes y más impuestos (a los trabajadores y clases medias, ya en peligro de extinción). Resulta indignante observar cómo aún hoy se sigue aplicando una política que está resultando nefasta para las PYMES, que siguen echando la persiana con pedidos sobre la mesa que la falta de financiación invalida, y para las familias, que ven cómo van reduciéndose el número de sus miembros que aguantan en el mercado laboral. Una política que está resultando nefasta para la mayoría de la gente, especialmente para la más necesitada, agrandando la brecha entre ricos y pobres e incrementando el número de estos últimos. Como muestra, un botón: el último informe sobre desigualdad de Cáritas indica que en torno al 21% de la población en España vive en pobreza “relativa”, con 7.300€ al año; y que más del 6% vive en pobreza “severa”, cobrando 3.650 € al año.

Ante esta realidad, sin duda son necesarias las medidas de choque a corto plazo. Pero pedir flexibilidad en el cumplimiento de los objetivos fijados por la Troika o, en el mejor de los casos, oponerse las directrices que esta predica “urbi et orbi”, es insuficiente en el objetivo de sostener nuestro modelo de solidaridad en el medio y largo plazo.

Desde el 15-M, hasta los teóricos del Decrecimiento, pasando por los defensores de la Economía del Bien Común, son muchas las personas y movimientos que están poniendo alternativas globales encima de la mesa. Y basándose en estas u otras medidas, la izquierda en general, y la socialdemocracia española en particular, ha de dibujar la utopía hacia la que caminar. Y, a partir de ahí, articular un relato que consiga emocionar a la mayoría y que suponga en la práctica un modelo alternativo al que nos ha traído a la situación en la que nos encontramos. Ese es, en mi opinión, el primer gran reto de la Conferencia socialista.

El segundo gran reto sería la actualización del acuerdo constitucional. No es un tema menor, pero sí se puede explicar de forma más breve que el primero. Pienso que el PSOE debería plantear la reforma de un par de cuestiones consideradas hasta hoy totémicas para esta formación política (y para algunas otras): un cambio en el modelo de Estado, empezando por la forma y modo de elección de la Jefatura del mismo; y una modificación a fondo de relación Estado-Iglesia.

Es obvio que, al margen de la ejemplaridad en algunos aspectos del proceso de Transición, los años no pasan en vano y, por tanto, algunas de las cuestiones que entonces no pudieron tocarse, hoy requerirían de una adaptación sustancial. Pero es que, además de esta necesidad de revisión impuesta por el paso del tiempo, el PSOE necesita dar ese paso en aras a sintonizar con los sectores más progresistas de la sociedad.

Finalmente, el tercer gran reto que tiene por delante la Conferencia socialista es el de la regeneración democrática, tanto de puertas hacia adentro, como de puertas hacia afuera.

Los partidos y las principales instituciones de representación y gobierno atraviesan el peor momento en los últimos 35 años en nuestro país. “La política y los políticos” son el tercer problema para los españoles desde hace ya demasiado tiempo. Y en el Congreso en el que Pérez Rubalcaba fue elegido, hace ya casi dos años, cuando esta realidad ya existía, se adquirió el compromiso de avanzar en el camino de la regeneración. Un camino basado en medidas de radical transparencia, que supondrían el germen de mejores mecanismos para la prevención de la corrupción, así como de nuevos mecanismos de participación política y de rendición de cuentas.

El éxito de la Conferencia del PSOE también depende en gran medida de que sea capaz de dar con fórmulas novedosas en este terreno. Y, sobre todo, de que las empiece a aplicar primero en sus procesos internos de elección y de toma de decisiones. Porque tal y como están las cosas, sólo habiendo predicado con el ejemplo, podrá presentarse ante la opinión pública con el ánimo de recuperar la credibilidad, cuya ausencia constituye hoy su principal problema.


(Artículo publicado en eldiarionorte.es)