viernes, 10 de agosto de 2012

La brújula de medianoche

El pasado 20 de octubre empezó a aclararse el oscuro cielo vasco. Tras décadas de esfuerzo democrático y tres procesos de paz dinamitados con otros tantos atentados, ETA anunció el cese definitivo de su actividad terrorista. Lo conseguimos.

Hace un año sólo parecía posible un final así. Pero hace tres, cuando ETA asesinaba a dos agentes de la Guardia Civil en Mallorca, el actual nos parecía un escenario casi imposible. Nos costaba pensar que serían los últimos asesinados por ETA en España.

Si vemos con urgencias temporales y mediáticas lo ocurrido, nos parecerá que la decisión terrorista de no volver a matar ha sido casi un apunte más de su historia sangrienta, consustancial al mismo hecho de su nacimiento. Si lo vemos con perspectiva, esta legislatura vasca, que nació bajo la amenaza directa de ETA, pasará a la historia por poner fin a una trayectoria que no era sólo violenta, sino que iba acompañada de un componente de justificación, comprensión o consentimiento por parte de sectores sociales, que le habían permitido sobrevivir cincuenta años. Las llamas de los apoyos explícitos e implícitos fueron menguando, pero los rescoldos quedaron.

Lograda la paz, que ha sido lo más duro, tenemos que poner en el objetivo la convivencia, que probablemente será lo más difícil. Porque no va a ser fácil que quienes encontraron en el terror el sentido a sus vidas, reconozcan el daño causado. No va a ser fácil que quienes han crecido en el odio hacia nuestras instituciones, reconozcan ahora la legitimidad de las mismas. Tampoco va a ser fácil que admitamos indubitadamente que no hay atajos en la lucha contra el terrorismo y que hay que aclarar las situaciones en las que estos fueron empleados. No va a ser nada fácil que todos los que han sufrido amenazas en su propia casa, en su barrio, en el bar, junto a sus hijos, vayan ahora a excusarlas, cuando al otro lado todavía hay quienes piensan (e incluso verbalizan) que "algo habrán hecho". Será difícil.

Sin embargo, las cosas no han podido empezar mejor en el terreno de la construcción de la convivencia futura. En las primeras semanas del nuevo tiempo abierto en Euskadi, de la mano del lehendakari, y a raíz de una propuesta de los entonces parlamentarios de Aralar, se constituyó una ponencia parlamentaria para la paz y la convivencia.

Entre dudas, críticas y mucho ruido, la ponencia ha trabajado discretamente, pidiendo aportaciones, escuchando opiniones propias y ajenas, leyendo y escribiendo a varias manos. Y en apenas dos meses de trabajo, 72 de los 75 parlamentarios nos hemos comprometido en un documento en cuyo frontispicio se colocan dos principios:
1. Para una paz con memoria. La paz y la convivencia futura requieren el reconocimiento de la injusticia de la violencia, el reconocimiento del daño causado y de la dignidad de las víctimas, todas ellas merecedoras del derecho a la verdad, la justicia y la reparación.
2. Garantía de no repetición. Ni una sola causa política puede situarse por encima de los principios básicos de la ética y el respeto a los derechos humanos. Los derechos humanos constituyen un absoluto ético por encima de cualquier causa.

PNV, PSE-EE, PP, Ezker Anitza y los tres parlamentarios expulsados de Aralar (precisamente por impulsar esta ponencia parlamentaria), acordamos esos principios que constituyen un suelo ético para el futuro. Un suelo por el que todos, los que están y los que estarán en las instituciones, tendremos que pasar en el camino hacia el futuro.



Ese acuerdo se formalizó y publicitó a los pies de una escultura que preside la entrada al Parlamento Vasco, la "brújula de medianoche" de Cristina Iglesias, que se erigió en memoria de todas las víctimas del terrorismo. Un lugar simbólico para dar luz a un acuerdo, en mi opinión, histórico. Un acuerdo, el primero, en el largo camino hacia un futuro diferente, hacia un futuro mejor.

Porque yo imagino un futuro mejor. Imagino un futuro en el que el debate público en Euskadi esté centrado en la lucha contra la pobreza (aquí y fuera de aquí), en la ampliación de los derechos de ciudadanía y en la multiplicación de la inversión en creatividad e I+D como fórmula para lograr un desarrollo sostenible en su sentido más amplio.

Imagino gobiernos diferentes en el futuro en nuestros ayuntamientos. Gobiernos "normales" (hoy impensables) entre PP y PNV o entre el PSE-EE y la izquierda abertzale al frente de las instituciones comunes.

Imagino el futuro de Euskadi como el amanecer de cualquiera de los días que viviemos en este periodo estival, luminoso. Pero para superar nuestro oscuro pasado y atravesar el nublado presente, necesitamos dejarnos guiar por la “brújula de medianoche”. Para no olvidar. Para que nunca más se vuelva a repetir.


(Artículo publicado hoy en El Correo y en El Diario Vasco. Vuelvo a finales de agosto. Que disfrutéis mucho los que podáis y mucho ánimo a los que estéis buscando curro) 

miércoles, 1 de agosto de 2012

Urkullu: el alumno aventajado de Rajoy

Cada vez se me parecen más, esa es la verdad. Urkullu es como el Rajoy vasco, al menos en su comportamiento (al pensamiento, no llego). Veamos tres ejemplos.

Capítulo comida. No sé si son buenos comedores, pero desde luego lo de la digestión lo llevan fatal. Rajoy tuvo una malísima digestión por la pérdida del poder en el año 2004. Que si Zapatero entró en la Moncloa de la mano de los terroristas, que si conspiraciones del PSOE junto a Marruecos,... La digestión de la pérdida de poder por parte del PNV en 2009 tampoco estuvo mal, lo más suave que dijo Urkullu fue que Patxi López alcanzó la Lehendakaritza gracias a un "golpe insitucional".

Posteriormente llegó el apartado "profecías apocalípticas desde la oposición". Las del PP no estuvieron mal, aunque algunas las habíamos escuchado ya en nuestra historia reciente. Aún recuerdo que el PSOE y Zapatero "traicionado a los (a nuestros) muertos", pactando con ETA, que rompíamos España con el Estatuto catalán... El avanzado alumno de Rajoy, Urkullu, no se quedó a la zaga, porque desde el primer día mandó a sus parlamentarios y cargos públicos decir cosas tan curiosas como que íbamos a acabar con el euskera "porque no lo sentimos" o que íbamos a "destrozar" el país con nuestra gestión. El propio Urkullu ha vaticinado en alguna ocasión la quiebra de las arcas públicas (como profeta no tiene mucho futuro), mientras que su partido ha tratado de poner todos los palos que le ha sido posible en las ruedas de la Administración vasca, tratando de bloquear la acción del Gobierno y no dando el sí a ninguna iniciativa en materia económica del Gobierno Vasco. Muy parecido a lo que hizo Rajoy cuando empezamos a estar con el agua al cuello, allá por mayo de 2010. Este apartado podría también llamarse "patriotismo de hojalata" o "abertzalismo del bueno"; esto es, "no me importa que el país se hunda si yo no lo gobierno".

Finalmente llegó el momento "candidato a la presidencia". Como candidato, Rajoy nunca dijo lo que quería hacer si alcanzaba el poder. Bueno, sí, dijo lo que no iba a hacer... no me extiendo. Si hay un terreno en el que Urkullu es un alumno aventajado de Rajoy, se trata de este. Urkullu no dice nada de lo que haría en el caso de que gobernara Euskadi, más allá de apelaciones a sacrificios (quizás como los que están imponiendo sus primos catalanes) y la necesidad de impulsar la economía vasca (ya he dicho que no ha apoyado ni una sola de las múltiples iniciativas del Gobierno Vasco en el Parlamento). Y tanto Rajoy como su aventajado alumno vasco, pasaron muchos meses reclamando elecciones anticipadas, porque "muerto el perro, acabaría la rabia"... (a la vista está lo que ha mejorado la mayoría absoluta del PP el rumbo del país).  Visto lo visto, no sé qué es peor: si pensar que no tenían alternativas para solucionar los problemas de la gente en España, o no querían darlas a conocer; si no tienen alternativas para Euskadi o si no quieren darlas a conocer.