lunes, 13 de junio de 2016

La batalla por la Socialdemocracia

Hace unos días me llamaron de EL CORREO para preguntarme si quería participar en un reportaje que estaban preparando sobre la Socialdemocracia en España. Pregunté por el tiempo del que disponía para prepararlo y acepté gustoso la invitación.

Al día siguiente, y tras haberme preparado lo que quería decir, hablé con el periodista. Quien de paso me contó que iba a tener el honor de compartir páginas con Jaúregui, Cotarelo y Verstrynge. Como me dijo mi mejor amigo, "no te has visto en otra, Rodríguez". Efectivamente, un lujo.

Pero vamos al grano. Mi opinión al respecto del planteamiento del periodista, como es lógico, ha recibido aplausos y críticas. Agradezco mucho ambas cosas, sabiendo que se hacen sobre un extracto de lo que le dije al periodista; como en toda noticia, el periodista destaca lo que le parece más importante. 

No obstante, y al objeto de que el debate pueda ser un poco más completo (siendo, como es, un tema complejo), dejo aquí mi respuesta completa ante la pregunta ¿quién representa la Socialdemocracia hoy en España? Palabra arriba, palabra abajo, esto fue lo que dije:


Un gran intérprete e inspirador de la Socialdemocracia (SD) fallecido recientemente, Tony Judt, escribió en 2010 lo que podría considerarse la Biblia en formato de bolsillo para cualquier socialdemócrata. La obra se titula Algo va mal, y dice cosas tan aparentemente obvias como la siguiente: “no sabemos qué mundo van a heredar nuestros hijos, pero ya no podemos seguir engañándonos con la suposición de que se parecerá al nuestro”.

Quizás esto no haya resultado tan obvio para la SD y/o los Partidos Socialistas en muchos lugares de la Europa continental. Parece una paradoja que los septuagenarios Jeremy Corbin y Bernie Sanders sí hayan entendido e interpretado adecuadamente el mensaje, máxime teniendo en cuenta el alto respaldo que obtienen entre la gente joven en el Reino Unido y en USA, punto débil de los Partidos Socialistas en Europa y, particularmente, en España.

La SD está atravesando una grave crisis de identidad y de modelo. Los datos de desigualdad y pobreza demuestran que se ha agotado el papel de contrapeso redistribuidor de los efectos perversos de la economía de mercado que ejercía. El reto hoy para la SD no es buscar fórmulas para repartir mejor el crecimiento sin control, sino dar con un modelo alternativo que permita un crecimiento justo. Ese modelo aún está por construir y, en mi opinión, es ahí donde se hallará la respuesta a la pregunta en torno a quién representa a la SD.

Lógicamente, esta crisis de modelo se traduce, en el caso español, en una crisis de resultados. También influye el hecho de que en muchos países occidentales haya sido la propia SD la que diera los primeros pasos en la ejecución de las políticas de la austeridad impulsadas por los conservadores. 

Este último hecho, añade un problema muy serio en materia electoral, una crisis de credibilidad: no hay coherencia entre la teoría y la práctica, entre el dicho y el hecho, lo que genera desafección. Por eso, por ejemplo, y a pesar de haber gobernado durante cuatro años, a pesar de los malos datos (un cuarto de la población en pobreza relativa o severa, en torno a un 50% de paro juvenil, etc.), y a pesar de que la corrupción corroe por dentro al partido del gobierno, este sigue utilizando con efectividad el argumento de la herencia recibida y sigue a la cabeza de los sondeos electorales.

Sobre el papel (por historia y trayectoria), el PSOE, que pertenece a la Internacional Socialista, es el principal representante de la Socialdemocracia en España. Mientras que PODEMOS estaría más lejos de ella, hecho que acredita su pertenencia al Grupo de la Izquierda Unitaria en el Parlamento Europeo. En la práctica las cosas no están tan claras. Porque, por ejemplo, ¿es socialdemócrata la reforma del artículo 135 de la Constitución Española en los términos en que se hizo?

Ahora mismo, en mi opinión, la Socialdemocracia está huérfana y, al mismo tiempo, en reconstrucción, también en España. Y seguirá huérfana hasta que no dé con un modelo alternativo al actual en clave de crecimiento equitativo. Para dar con ese modelo, básicamente hace falta estar más cerca de lo que se cuece en la calle.

Hay colectivos de todo tipo que defienden modelos sociales y económicos alternativos al actual, desde la Economía Circular, hasta el Decrecimiento, pasando por la Economía del Bien Común o la gran batería de propuestas que surgieron del 15M. No soy el único que defiende que, a medio plazo, con una mezcla de todos ellos se construirá una alternativa solvente y de progreso al modelo que nos ha empobrecido a escala global. Y personalmente, ahora mismo, veo a PODEMOS más cerca de esta alternativa.

Para ejemplificar esta mayor cercanía o lejanía con la calle pondré otro ejemplo. Según los estudios que se hicieron, una mayoría amplísima de la sociedad española compartía las propuestas del 15M. En un estudio que estoy finalizando, y en el que he entrevistado a dirigentes y militantes del PSOE y de PODEMOS en cuatro puntos diferentes de España (Euskadi, La Rioja, Catalunya y Extremadura), el resultado es muy claro: las bases y los líderes de PODEMOS están mucho más cerca de las propuestas del 15-M que las bases del PSOE. Los dirigentes del PSOE son los que más alejados están del movimiento, llegando a manifestar más de uno de ellos en la investigación que fue un movimiento “impulsado por la derecha española”, una suerte de conspiración contra el PSOE.

Claramente, unos estaban y están más pegados al sentir popular que otros. Y el requisito fundamental para poder ocupar un espacio central en política es parecerse a la sociedad de referencia. Esto facilita la incorporación de perfiles políticos, profesionales y culturales plurales a la organización, lo que la dota de una mejor capacidad de interpretación respecto de cuáles son las preocupaciones de la sociedad y, finalmente, lo que permite anticipar alternativas y soluciones. No subirse a la ola, sino generarla.

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