domingo, 19 de junio de 2016

Loco y emprendedor

El pasado viernes un ilustre alavés de adopción presentó sus memorias. No es verdad que sea la suerte. Casimemorias de un condenado a vivir es el título que Ernesto Santolaya ha puesto al relato de su vida. El libro fue presentado por su hija Mónica y los profesores Txema Portillo y Antonio Rivera, en uno de los actos más emotivos a los que yo he asistido. Terminé llorando con Íñigo y Pilar.

El salón de actos de la Casa de la Cultura estaba prácticamente lleno, pero no había ni rastro de candidatos o autoridades públicas, a pesar de que en el acto había muchas cámaras y de que estamos en campaña electoral. No me extraña. El poder, en todas sus expresiones, siempre ha sido objeto de los (siendo suave) dardos dialécticos de Ernesto.

A pesar de la sofisticación de su lenguaje y de su afición por la descripción excesiva, es un hombre al que se le entiende a la perfección. Siempre ha llamado a las cosas por su nombre y no se ha callado ni bajo el agua. Precisamente, yo le conocí en los tiempos en los que demasiada gente callaba, a principios de los 2000, en plena ofensiva etarra y en medio de una situación política y social lamentable. Junto a otras (pocas) personas de la cultura, de la universidad o de la política, Ernesto se dedicó a plantarse y a gritar ¡basta ya!

Quizás no ocurra, pero creo que su figura merece el reconocimiento de nuestra sociedad y alguna de las medallas que otorgan nuestras instituciones. Por emprender, fracasar y contarlo. Por mantener viva hasta el día de hoy una editorial en nuestra ciudad. Y por haber defendido la libertad.

Aún no me ha dado tiempo a leer este tocho de 800 páginas. Seguro que mucha gente lo hará al ver en la contraportada que se trata de “un viaje para a la postre no saber de qué va esto de vivir. (Ernesto) Ha sacado en limpio, no obstante, un par de cosas, que vivir siempre acaba mal y que en estar loco e intentarlo todo, está la dignidad”.



lunes, 13 de junio de 2016

La batalla por la Socialdemocracia

Hace unos días me llamaron de EL CORREO para preguntarme si quería participar en un reportaje que estaban preparando sobre la Socialdemocracia en España. Pregunté por el tiempo del que disponía para prepararlo y acepté gustoso la invitación.

Al día siguiente, y tras haberme preparado lo que quería decir, hablé con el periodista. Quien de paso me contó que iba a tener el honor de compartir páginas con Jaúregui, Cotarelo y Verstrynge. Como me dijo mi mejor amigo, "no te has visto en otra, Rodríguez". Efectivamente, un lujo.

Pero vamos al grano. Mi opinión al respecto del planteamiento del periodista, como es lógico, ha recibido aplausos y críticas. Agradezco mucho ambas cosas, sabiendo que se hacen sobre un extracto de lo que le dije al periodista; como en toda noticia, el periodista destaca lo que le parece más importante. 

No obstante, y al objeto de que el debate pueda ser un poco más completo (siendo, como es, un tema complejo), dejo aquí mi respuesta completa ante la pregunta ¿quién representa la Socialdemocracia hoy en España? Palabra arriba, palabra abajo, esto fue lo que dije:


Un gran intérprete e inspirador de la Socialdemocracia (SD) fallecido recientemente, Tony Judt, escribió en 2010 lo que podría considerarse la Biblia en formato de bolsillo para cualquier socialdemócrata. La obra se titula Algo va mal, y dice cosas tan aparentemente obvias como la siguiente: “no sabemos qué mundo van a heredar nuestros hijos, pero ya no podemos seguir engañándonos con la suposición de que se parecerá al nuestro”.

Quizás esto no haya resultado tan obvio para la SD y/o los Partidos Socialistas en muchos lugares de la Europa continental. Parece una paradoja que los septuagenarios Jeremy Corbin y Bernie Sanders sí hayan entendido e interpretado adecuadamente el mensaje, máxime teniendo en cuenta el alto respaldo que obtienen entre la gente joven en el Reino Unido y en USA, punto débil de los Partidos Socialistas en Europa y, particularmente, en España.

La SD está atravesando una grave crisis de identidad y de modelo. Los datos de desigualdad y pobreza demuestran que se ha agotado el papel de contrapeso redistribuidor de los efectos perversos de la economía de mercado que ejercía. El reto hoy para la SD no es buscar fórmulas para repartir mejor el crecimiento sin control, sino dar con un modelo alternativo que permita un crecimiento justo. Ese modelo aún está por construir y, en mi opinión, es ahí donde se hallará la respuesta a la pregunta en torno a quién representa a la SD.

Lógicamente, esta crisis de modelo se traduce, en el caso español, en una crisis de resultados. También influye el hecho de que en muchos países occidentales haya sido la propia SD la que diera los primeros pasos en la ejecución de las políticas de la austeridad impulsadas por los conservadores. 

Este último hecho, añade un problema muy serio en materia electoral, una crisis de credibilidad: no hay coherencia entre la teoría y la práctica, entre el dicho y el hecho, lo que genera desafección. Por eso, por ejemplo, y a pesar de haber gobernado durante cuatro años, a pesar de los malos datos (un cuarto de la población en pobreza relativa o severa, en torno a un 50% de paro juvenil, etc.), y a pesar de que la corrupción corroe por dentro al partido del gobierno, este sigue utilizando con efectividad el argumento de la herencia recibida y sigue a la cabeza de los sondeos electorales.

Sobre el papel (por historia y trayectoria), el PSOE, que pertenece a la Internacional Socialista, es el principal representante de la Socialdemocracia en España. Mientras que PODEMOS estaría más lejos de ella, hecho que acredita su pertenencia al Grupo de la Izquierda Unitaria en el Parlamento Europeo. En la práctica las cosas no están tan claras. Porque, por ejemplo, ¿es socialdemócrata la reforma del artículo 135 de la Constitución Española en los términos en que se hizo?

Ahora mismo, en mi opinión, la Socialdemocracia está huérfana y, al mismo tiempo, en reconstrucción, también en España. Y seguirá huérfana hasta que no dé con un modelo alternativo al actual en clave de crecimiento equitativo. Para dar con ese modelo, básicamente hace falta estar más cerca de lo que se cuece en la calle.

Hay colectivos de todo tipo que defienden modelos sociales y económicos alternativos al actual, desde la Economía Circular, hasta el Decrecimiento, pasando por la Economía del Bien Común o la gran batería de propuestas que surgieron del 15M. No soy el único que defiende que, a medio plazo, con una mezcla de todos ellos se construirá una alternativa solvente y de progreso al modelo que nos ha empobrecido a escala global. Y personalmente, ahora mismo, veo a PODEMOS más cerca de esta alternativa.

Para ejemplificar esta mayor cercanía o lejanía con la calle pondré otro ejemplo. Según los estudios que se hicieron, una mayoría amplísima de la sociedad española compartía las propuestas del 15M. En un estudio que estoy finalizando, y en el que he entrevistado a dirigentes y militantes del PSOE y de PODEMOS en cuatro puntos diferentes de España (Euskadi, La Rioja, Catalunya y Extremadura), el resultado es muy claro: las bases y los líderes de PODEMOS están mucho más cerca de las propuestas del 15-M que las bases del PSOE. Los dirigentes del PSOE son los que más alejados están del movimiento, llegando a manifestar más de uno de ellos en la investigación que fue un movimiento “impulsado por la derecha española”, una suerte de conspiración contra el PSOE.

Claramente, unos estaban y están más pegados al sentir popular que otros. Y el requisito fundamental para poder ocupar un espacio central en política es parecerse a la sociedad de referencia. Esto facilita la incorporación de perfiles políticos, profesionales y culturales plurales a la organización, lo que la dota de una mejor capacidad de interpretación respecto de cuáles son las preocupaciones de la sociedad y, finalmente, lo que permite anticipar alternativas y soluciones. No subirse a la ola, sino generarla.

domingo, 5 de junio de 2016

La miga

La semana pasada tuve el lujo de asistir a la apertura de un nuevo negocio en Vitoria-Gasteiz. El proyecto, impulsado por Txema y Elena, es un nuevo modelo negocio, es algo innovador.

Estamos acostumbrados a asociar la innovación a cuestiones relacionadas con la tecnología o la ciencia, cuando innovar es mucho más. No sé si Mamia – que es como se llama el negocio en cuestión – será considerado como innovador por parte las instituciones que se dedican a repartir ese label, pero para mí lo es.

Porque no es habitual que el obrador de una panadería esté separado de la calle por una simple luna de cristal, dejando sus secretos a la vista. Tampoco es normal que las empresas incorporen “de serie” un aula de formación, por la que sus promotores en este caso, pretenden que pasemos todos los vitorianos y parte del extranjero. Y esto también es innovar.

Evidentemente, las empresas se crean para ganar dinero, tienen que ser rentables. Y este caso no será una excepción. Pero intuyo que esta gente busca algo más, se pretende transformar una realidad. Tengo para mí que consideran que si conocemos el proceso de elaboración del alimento, la procedencia de la materia prima o las condiciones en las que trabajan quienes lo elaboran, seremos capaces de apreciar lo que tenemos entre manos. Y seremos capaces de saber y ver, aunque la corteza del pan nos lo impida, que la miga merece la pena.

No sé el lector, pero yo personalmente cada vez aprecio más los productos o los servicios con alma, con verdad y con calidad, aunque unos sean menos baratos que otros. Porque sé que una forma de hacer es sostenible y la otra no. Sé que no saben igual los chuchitos que Sosoaga lleva haciendo desde 1868, que los del Mercadona. Sé la diferencia entre elaborar un Ostatu y fabricar un García Carrión. Sé cuánto pagan a los trabajadores de las empresas locales y lo que cobran los pobres de FCC. Y muchas cosas más que no sé.