viernes, 23 de octubre de 2015

La urna rota

"La urna rota. La crisis política e institucional del modelo español". Este es el título completo de un libro imprescindible para quien tenga un mínimo interés por lo que está ocurriendo en nuestro sistema político-institucional.

El libro está escrito por Politikon, un proyecto común de un grupo de científicos sociales (Senserrich, San Miguel, Font, Llaneras, Medina y Simón), cuyo principal handicap no es su juventud, sino el que no contemplan una perspectiva imprescindible, la de género (son todo chicos). Pero esto es harina de otro costal.

El caso es que se aborda el problema que vivimos en la actualidad, sus causas y, por supuesto, las posibles soluciones.

Me centraré exclusivamente en una parte del problema que describen los autores: el "maquiavélico sistema electoral español".

Este es un tema sobre el que se habla mucho (a la ligera) y sobre el que no se argumenta con demasiado fundamento. En mi opinión, los chicos de Politikon sí lo hacen.

Tras un análisis fantástico de la inspiración de nuestro actual sistema electoral - en el que se explica de forma sencilla el caótico sistema electoral de la II República y el miedo de los protagonistas de la Transición a que se repitieran aquellos capítulos de inestabilidad y fragmentación político-parlamentaria -, concluyen que la resultante ha primado la estabilidad y la alternancia. Y esto se ha conseguido gracias a "unos mecanismos correctores de la proporcionalidad que han tendido a sobrerrepresentar a los dos partidos más votados" y a las listas cerradas y bloqueadas "que han fortalecido a las cúpulas de los partidos en todos los ámbitos.

En primer lugar, se sobrerrepresenta a los dos partidos más votados (PSOE y PP hasta el día de la fecha), de acuerdo a los "tres subsistemas electorales que conviven en España" y que se reflejan de forma gráfica en la TABLA 2.1. que se puede ver en este post. En ella se puede observar que el 52% de los distritos existentes  en las elecciones al Congreso (en los que se reparten 99 diputados) tienen menos de 5 escaños, con lo que el sesgo hacia los dos partidos mayoritarios es evidente. Solo en el 13% de los distritos electorales (donde se reparten 126 diputados) los resultados son relativamente proporcionales, a haber en juego más de 10 escaños, lo que permite la entrada a más de dos opciones políticas. Y en el 35% de las circunscripciones (125 diputados en juego) la proporcionalidad está en una categoría intermedia: se reparten entre 6 y 9 escaños, pero la ley D´Hondt favorece en ese caso a las dos opciones más votadas.

Y, en segundo lugar, se fortalecen las cúpulas de los partidos con las listas cerradas y bloqueadas. Porque, tal y como titulan los autores este capítulo, "en listas cerradas no entran moscas". Hay que destacar que en este sistema, el elector no puede  elegir a diferentes personas de entre distintas listas electorales e incluso se impide que los electores tengan capacidad real de modificar el orden de la lista que establece el partido, "por lo que se permite primar el principio de lealtad al líder".

La conclusión que alcanzan los autores es la que sigue: se ha perdido calidad en la representación, favoreciendo a unos partidos cerrados, "donde la selección de élites de los mismos recae en núcleos dirigentes centralizados y el papel del votante en la selección intrapartido es nulo" - también el del militante -, lo que ha dado como resultado el "predominio de un político afecto a los líderes, generando escasos incentivos para el control interno en las mismas organizaciones".

En una investigación que estoy llevando a cabo para analizar todos estos asuntos, he entrevistado a militantes de dos partidos políticos - PSOE y PODEMOS - en cuatro puntos diferentes de España: Vitoria, Logroño, Coria y L´Hospitalet.  Los datos, por sí mismos, explican en alguna medida el existente grado de desafecto hacia la política.

Respecto de la circunscripción electoral, 6,7 de cada 10 entrevistados estarían a favor de que en las elecciones a Cortes hubiera una circunscripción única en España (3,9 totalmente de acuerdo y 2,8 bastante de acuerdo). Y 8,2 de cada 10 entrevistados son partidarios de cambiar la ley electoral "para hacer un sistema auténticamente representativo y proporcional, que refleje todas las voluntades sociales, incluyendo la representación del voto blanco y del voto nulo" (5,4 de cada 10 están totalmente de acuerdo y 2,8 bastante de acuerdo con la afirmación).

En cuanto al tipo de listas que les gustaría tener en las elecciones, 8 de cada 10 militantes está totalmente (5,9) o bastante de acuerdo (1,6) con que haya listas abiertas en las candidaturas institucionales.

Además de la de los autores, yo también he alcanzado mi propia conclusión: parece mentira que aún haya dirigentes políticos que se sorprendan de la separación existente entre representantes y representados. La brecha sería muchísimo menor si, sencillamente, se dedicasen a llevar a la práctica lo que les plantean quienes les sostienen.

domingo, 18 de octubre de 2015

¡Dejen paso!

Zurrar a los políticos está de moda. Es lógico, especialmente en tiempos de crisis. Siempre ha sido así. La suerte de los faraones del antiguo Egipto estaba ligada a lo buena o mala que fuese la crecida del Nilo; si no había una buena crecida, el sillón del faraón de turno corría peligro.

Pero la crisis económica no es la única explicación a esta situación. Hemos vivido otros períodos de crisis y, sin, embargo es hoy cuando la política y los partidos políticos están en su momento más bajo de credibilidad de las últimas cuatro décadas.

Las razones para explicar esta percepción tan negativa son múltiples. Hoy elegiré sólo una de las mayores críticas que se hace a la política. Se dice que se ha convertido en un modus viviendi para unos pocos, que están siempre los mismos, que taponan el paso a gente más preparada y con nuevas ideas, que no hay renovación. Y esto puede ser cierto, pero ¿ocurre sólo en política? ¿O se da también en otras esferas de la sociedad?

Por ejemplo, ¿ese tapón no se da también en el mundo de la empresa? ¿Se planifica adecuadamente el relevo generacional en nuestras pequeñas y medianas empresas, familiares en su inmensa mayoría? En nuestro país, de cada cien empresas familiares, sólo treinta superan el tránsito de la primera a la segunda generación; y de las treinta anteriores, sólo quince pasan a la tercera generación. Con estos datos, parece obvio que no siempre existe una estrategia de relevo en nuestras pymes para garantizar su continuidad.

Conclusión: está bien criticar a la política y a los políticos, ¡y por muchas razones! Pero antes de hacerlo, pensemos si predicamos con el ejemplo en nuestras empresas, en nuestras organizaciones, en nuestra casa,… No vaya a ser que hagamos lo que criticamos.

domingo, 11 de octubre de 2015

Rato y el chivato

Dice el ministro de Justicia que hay que diferenciar entre el Rato político y el Rato empresario. Que las presuntas chorizadas del segundo, no tienen por qué empañar la excelente gestión del primero. Imagino que lo dirá para salvar la cara al partido al que pertenece. Lo que ocurre es que una parte de los chanchullos por los que Rato está siendo juzgado se refieren a su gestión al frente de Caja Madrid, donde fue aupado por ese mismo partido. Y otra parte de ellos comienzan en 2002, siendo todavía vicepresidente del Gobierno.

Vivimos en un país en el que sobrevaloramos la picaresca e infravaloramos al chivato. Desde la infancia vamos aprendiendo a ser pícaros; se nos inculca una forma de hacer las cosas para obtener un mayor rendimiento con el menor esfuerzo posible. Al mismo tiempo, se nos enseña a no ser chivatos y a criticar y aislar a quien se chiva.

Piense el lector en las consecuencias que ambas cuestiones tienen para ralentizar la lucha contra la corrupción o el reseteo de nuestro bloqueado sistema político. Si nosotros y nuestros representantes, debemos/deben ser pícaros, ¿cómo vamos a evitar el fraude? Y si marginamos/marginan al chivato, ¿cómo esperar que haya denuncias públicas ante la corrupción, la opacidad o la degeneración?

No deberíamos rendirnos ante lo que algunos consideran parte inherente de nuestra cultura. No estamos predeterminados a pagar de por vida las facturas sin IVA, y tampoco a guardar silencio ante los defraudadores y corruptos por el qué dirán.

Debemos prestigiar el esfuerzo y la honestidad. Pero, sobre todo, debemos alabar al chivato y, cuando proceda, convertirnos en uno de ellos: en la empresa, en clase, en los partidos, en las organizaciones,… Si no lo hacemos, jamás acabará la impunidad de quien infringe las normas, amparado en la probable reprobación social que recibirá quien le denuncie.

sábado, 3 de octubre de 2015

Una historia de Vitoria (I)

Hace unos días supimos que Lanbide, el servicio público vasco destinado a la intermediación entre las personas desempleadas y las empresas que necesitan emplear, interviene actualmente en el 2,6% de los contratos que se firman en Euskadi. Como dijo el propio consejero del ramo, está claro que “las empresas vascas pasan de Lanbide”. Y está bien que el Gobierno Vasco haga ese análisis y reconozca el fracaso, pero además habría que plantear alguna solución. Siquiera porque en el año pasado Lanbide contó con un presupuesto de gasto de 725 millones. Pero eso es harina de otro costal.

El caso es que de entre ese 2,6% de personas que Lanbide aporta a nuestras empresas, está Moha, un argelino de esos que dicen que viven de las ayudas sociales de forma fraudulenta. Un empresario vitoriano le dio la oportunidad en el pabellón en el que su empresa “produce” algunos de los alimentos de los que comemos en muchos de los restaurantes de la ciudad. Y viendo su valía y, sobre todo, su implicación en la empresa, decidió ascenderle y ponerlo de cara al público, en un puesto de venta directa.

El teléfono del empresario, que lleva en Vitoria toda la vida y que era bien conocido por sus clientes, comenzó a echar humo. “Pero hombre, ¿un moro?”. “¡A tus padres no se les hubiese ocurrido, lo que hay que ver!”. “¡Que sepas que no vuelvo a comprarte nada!”. Y así.

Lejos de retroceder, el empresario confió en Moha, en su valía y en su implicación. Hoy es el día en el que Ana, una de las clientas que más veces marcó el teléfono de nuestro empresario para afearle su decisión, da en mano a Moha propinas de 10 euros cuando este le acerca la compra al portal.

Hay argelinos que viven de las ayudas sociales de forma fraudulenta. Y magrebíes. Y rumanos. Y rusos. Y españoles. Y vascos. Y alaveses. Y vitorianos.