domingo, 27 de septiembre de 2015

Al rincón de pensar


"Al rincón de pensar" es el título del espacio de la contraportada del DIARIO NOTICIAS DE ÁLAVA en el que escribiré cada semana. Trataré de hablar de asuntos relacionados con la política, con la empresa y con la sociedad en general: nuestros valores, nuestro (in)civismo, nuestra manera de afrontar los tiempos que vivimos, etc. Espero que sea un espacio ameno y, sobre todo, que aporte, que ayude a pensar.

Mi estreno versa sobre un asunto que ya traté - de forma más extensa - hace unos meses, pero que rescato hoy al calor de la actualidad.


IMPUTADOS POR CORRUPCIÓN


Las relaciones en una sociedad democrática se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales. El 74% de la ciudadanía vasca está insatisfecha con el funcionamiento de nuestra democracia y con los comportamientos que esta ha cobijado.

Hoy, observando los datos, es ineludible alumbrar un nuevo contrato social, basado en la transparencia, en la democratización de las estructuras partidarias e institucionales y en la dación de cuentas. Pero además hace falta otra reforma que no requiere de ningún tipo de regulación. Porque, a diferencia de lo que ocurre, la ética y decencia deberían estar en el ADN de una sociedad democrática, particularmente de sus representantes.

En las recientes elecciones locales decenas de candidatos y concejales que querían ser reelegidos –no solo del PP- se presentaron ante la ciudadanía con causas judiciales relacionadas con la corrupción abiertas. Ni las leyes actuales ni los códigos éticos de la mayoría de los partidos, excluyen a estas personas de la posibilidad de formar parte de una lista electoral. El hecho de que una persona resulte imputada, no significa que haya cometido ningún delito. La imputación da una mayor protección a la persona imputada, tanto, que no está obligada a decir la verdad en el proceso judicial en el que se vea implicada, a diferencia de quien sea testigo.

Pero, ¿es ético y/o decente que un cargo o un candidato pueda mentir para protegerse en un proceso judicial sobre corrupción, sin dejar de ser cargo o candidato? Creo que no. Un cargo público que esté imputado debe dimitir, y defenderse en el proceso como cualquier otro ciudadano, individualmente, no amparado por un partido. Y, por supuesto, también creo que alguien en estas circunstancias puede estar en una lista electoral.

Cuando las y los representantes no se mueven en los mismos registros que la ciudadanía representada, nuestro contrato social se resquebraja. Y en esas estamos.

martes, 22 de septiembre de 2015

Los votantes de Podemos

José Fernández-Albertos, investigador del CSIC, describe en 110 páginas un interesante estudio sobre la evolución de los votantes de podemos. El titulo, "Del partido de los indignados al partido de los excluídos", ya avanza la tesis con claridad.

El comienzo del ensayo me recordó al "Ensayo sobre la ceguera" del gran Saramago. El autor relata como en marzo de 2014, el autor se preguntaba en una conferencia universitaria sobre "cómo era posible que, con los mayores niveles de empleo del continente, las altísimas tasas de descontento político en la ciudadanía, y la falta de perspectivas claras de mejora significativa tras seis años de crisis, el sistema político español relativamente estable". A los dos meses, nació Podemos. Me parece una anécdota magnífica de lo que le ocurrió a la mayoría de los dirigentes de los partidos políticos tradicionales y, por supuesto, a la mayoría de los analistas sobre la materia.

La anécdota inicial es complementada con otra que, a mi juicio, es aún más significativa: la de la interventora del PP en la página 81. Pero no la contaré, puesto que no se trata aquí de destripar el libro y, por tanto, desincentivar su compra/lectura, sino todo lo contrario.

Sí quiero destacar que Fernández-Albertos explica las razones del surgimiento de Podemos, así como la procedencia de su voto: entornos urbanos y abstención y voto en blanco. También cómo relata que, si bien "los más vulnerables" no apoyaron a Podemos en su estreno electoral, sí lo hicieron "los más activistas"; esto es, el origen de su voto es más transversal que en la situación actual, entre otras cosas, gracias a la sustitución el paradigma izquierda-derecha, por el "arriba-abajo". Y sobre todo, cómo defiende con datos su tesis principal, que se podría resumir en el siguiente titular: a mayor conocimiento de Podemos, menor transversalidad de sus simpatizantes (pp.92 y 109).

Por cierto, también con datos, deja unos cuantos recados para el PSOE. Las páginas 95 y siguientes son especialmente recomendables para quienes estén preocupados por su futuro.



lunes, 14 de septiembre de 2015

España/Reset

"La estructura interna de un partido no está sujeta a los criterios de transparencia ni a la exigencia de rendir cuentas a la que deben someterse los cargos y las autoridades públicas. No sabemos quién obedece ni quién manda. Un partido es una entidad completamente opaca para el ciudadano, incluso para el que dice representar.
Esta circunstancia se agrava cuando ese partido gana las elecciones (...). Los partidos no solo trasladan a las administraciones públicas su opacidad de procedimientos: también integran a muchos de sus 'funcionarios'. Cuanto mayores sean las ambiciones de un partido y el peso de su organización interna, mayor es la profesionalización de las personas que trabajan para el partido, hasta el punto de que se crea una clase política que vive del sueldo del Estado pero cuyo cargo depende de la discrecionalidad del partido. Como el partido no puede pagar a un número ilimitado de funcionarios propios, y como esta clase de trabajador puede tener dificultades para integrarse en el mercado laboral (porque su gran virtud es la lealtad política), la tentación pasa por reubicarlo dentro de la administración.
Así es como se generan sumisiones (la lealtad hacia quien lo colocó), clientelismo (grandes presupuestos a manejar con los que se pueden recabar apoyos futuros) y también el establecimiento de una doble jerarquía cuya lógica le impone al secretario general del partido que no solo debe ser un buen líder político con ideas efectivas y capaz de conectar con la sociedad: tiene que ser también un buen jefe de su propia burocracia, debe dirigir el juego de incentivos y sanciones con los que gobierna el hipertrofiado grueso de funcionarios que lo sostienen a él y a su partido."

Próximamente escribiré una crítica sobre el libro. Pero hoy solo destaco esta cita (páginas 24 y 25) del la obra ESPAÑA/RESET. Un libro escrito por los "revolucionarios" catedráticos en Ciencia Política Fernando Vallespín y Joan Subirats. Y no, no es de hace 15 años, sino que es de este año 2015, el año en el que la regeneración se puso de moda... en los discursos, claro!