domingo, 26 de abril de 2015

Parar, pensar, innovar

Innovar en la empresa supone aumentar su eficacia competitiva. El gasto interno en innovación en Euskadi (2,3%) es muy superior a la media española (1,3%), pero la pyme, por lo general, han dedicado poca atención y recursos a la I+D. Esto explicaría que en valores de competitividad, productividad por hora u otras medidas de rendimiento cualitativo, en España aún estemos por debajo de aquellos países punteros con los que competimos en los mercados globales.

Lamentablemente, los responsables de muchas empresas tienen interiorizado que conceptos de vital importancia estratégica como innovar o investigar, están asociados a un tipo de inversión no prioritaria. Así, para sufragar estas políticas, buscan toda suerte de ayudas públicas, créditos blandos o subvenciones a fondo perdido, hasta el punto de que si no se obtienen, directamente no se invierte.

Se ponen en marcha muchas nuevas ideas y proyectos de empresa en forma de start-up o iniciativas para cuyo desarrollo, casi siempre, se busca una financiación externa. Sobre el papel, la mayoría constituyen opciones interesantes. Sin embargo de cada cien nuevas ideas, solo cinco sobreviven al primer año, y de estas cinco, solo una acaba siendo una próspera empresa que crea empleo estable.

Ni las Administraciones Públicas, ni las entidades financieras, ni los fondos de inversión deben asumir la responsabilidad central de que nuestras empresas crezcan en competitividad, productividad y capacidad de expansión. No, eso debe ser una responsabilidad de las propias empresas y ahí es donde entra en juego la innovación.

Porque innovar también es dotarse de otra forma de hacer las cosas. Por ejemplo, replantear los actuales procedimientos para ver si existe margen de mejora. Muchísimas pymes vascas distan mucho de acercarse a sus objetivos potenciales debido a debilidades en su gestión interna, a las formas personalistas de coordinar sus recursos, a la poca atención a las verdaderas necesidades de sus clientes o mercados potenciales, etc.

La mayoría de estas debilidades se interiorizan, pero persisten porque el famoso "día a día" absorbe las atenciones de sus propietarios o responsables directos de tal gestión, que suelen refugiarse en el argumento de que no tienen tiempo o dinero para dedicarlo a cambios.

Esa inercia es la principal enemiga de la propia gestión la empresa, y es la causa de fondo para no conseguir un comportamiento óptimo del conjunto de sus recursos. En mi opinión, empresa significa trabajo en equipo y conjunción de recursos coordinados de modo armónico para conseguir un objetivo. Cuando esto se pierde de vista y la prioridad es solo la de atender las necesidades operativas diarias tal como surgen, es cuando una empresa empieza a apartarse de su "competición" particular.

El 99,85% de las empresas vascas son pyme y representan un altísimo porcentaje en la generación del producto interior bruto. Sin embargo, existe un claro déficit de tamaño (casi el 95% tienen entre 0 y 9 asalariados) y, en menor medida, de valores competitivos.

Es necesario promover cambios en nuestra realidad empresarial. Y el principal de los cambios debe enfocarse de modo prioritario hacia la potenciación de la excelencia en la gestión, antes incluso que en la promoción de nuevas aventuras dependientes de ayudas públicas o de la inevitable (y arriesgada) aportación de capital externo. En este sentido, el programa para la implantación de sistemas de gestión avanzada en nuestras empresas, impulsado, por primera vez en la historia, conjuntamente por las Diputaciones y el Gobierno Vasco, supone un paso en la buena dirección. Pero hay que seguir.

Cuando parece que están en vías de superación las penurias de unos años críticos para muchas empresas, el verdadero factor de cambio para la mayoría sería innovar en su manera de gestionar. Esto pasa por incorporar una cultura de innovación en su propio organigrama, lo que no supone la necesidad de crear un departamento de I+D, algo inaccesible para muchas empresas. Más bien se trata de promover disciplinas y protocolos de coordinación, intercambio de ideas, de análisis y de evaluación de todos los indicadores que se obtienen desde cada ángulo de la gestión interna y del entorno (clientes, proveedores, mercados, etc.), a fin de establecer criterios de mejora continua.

La mejor de las inversiones es aquella que con pocos recursos económicos permite una alta rentabilidad. Esto lo sabe cualquiera. Y en este contexto, no hay mejor inversión para una pyme que la derivada de escuchar, comprender, conocer, evaluar y decidir acertadamente sobre las pistas que continuamente recoge la propia organización. Siempre que con ello se consiga repensar e implementar cambios en el modelo de negocio o los procedimientos para mejorar la eficacia competitiva, y por consiguiente para aumentar la rentabilidad.

Cuando una empresa funciona de un modo excelente, su mismo modelo de gestión le permite replicar tal funcionamiento a mayor escala. Es entonces cuando se genera empleo neto y excedentes netos para poder autofinanciar nuevas inversiones.

Es justo lo que necesitamos.



(Artículo publicado en Diario Vasco el 26 de abril de 2015)

1 comentario:

CasadeEspañaenManitoba dijo...

***PAIS VASCO QUE SE QUEDE EN ESPANA - Y YO SOY VASCO!!!***

Nosotros aca en la Casa de España tambien nos ponemos las boinas todos los dias y llevamos la makhila (o cachava o bastón etc.) en la otra mano. Si viven en la cuadra Sur o Este de Manitoba visitenos aca: http://casadeespanaenmanitoba.blogspot.ca/

Saludos y nos vemos!!
Viva España y Reunificacion con Puerto Rico ROBADO por los Yankees culeros en 1898!!