martes, 26 de febrero de 2013

Vamos despacio porque vamos lejos

Vamos despacio porque vamos lejos fue (es) uno de los lemas que más comparto del movimiento de indignados que vivimos en España pero que, como explica en su obra exprés (Redes de indignación y esperanza, Alianza, 2012) el profesor Castells, se ha vivido con igual o más intensidad en otras partes del globo.

Son muchos los aspectos que podría tocar incluso para hacer una sinopsis de la citada obra, puesto que se abordan las revoluciones (o evoluciones, o rebeliones o, simplemente, protestas) que se han vivido en Túnez, Islandia, Egipto, Estados Unidos o España, desde la perspectiva de los movimientos sociales. 

Yo sólo abordaré un aspecto, el del método, el de la forma de hacer las cosas. Y lo haré partiendo de la cita que más me ha llamado la atención en el libro y que, a mi entender, define la situación que vivimos a la perfección: La confianza se desvaneció. Y la confianza es lo que cohesiona a una sociedad, al mercado y a las instituciones. Sin confianza, nada funciona. Sin confanza el contrato social se disuelve y la sociedad desaparece, transformándose en individuos a la defensiva que luchan por sobrevivir.

Y bien? Cómo combatir esta situación? Qué se puede hacer para que volvamos a confiar las unas en las otras y, de esta forma, crear el embrión de una nueva sociedad mínimamente cohesionada en torno a la solidaridad? De qué forma se recompone la relación entre política y ciudadanía? Hay acaso forma de hacerlo? La verdad es que no tengo una respuesta para todas estas preguntas. Probablemente a todas y todos se nos ocurran un abanico de respuestas, incluso muchas de ellas contradictorias entre sí.

Con todas las dudas del mundo (cómo no tenerlas!), para mí la respuesta principal, sobre la que apoyar el resto de respuestas, es clara: una nueva forma de hacer política.

Hay quienes reducen esta cuestión, la de la nueva forma de hacer política - que para mí es de fondo -  a algo meramente estético, a algo a lo que no hay que prestar mayor atención, puesto que "la ciudadanía espera de nosotros soluciones". Y bien, estamos acaso preparados - especialmente desde los partidos políticos - para ofrecer esas soluciones? De dónde las vamos a sacar si no hemos sido hasta el momento de ponerlas sobre la mesa? Tenemos preparados nuestros mecanismos de escucha y relación con la sociedad civil organizada o no? Y qué hay de nuestros mecanismos de participación, no ya hacia los militantes, si no hacia los simpatizantes y/o votantes? 

Insisto, para mí lo primero, lo fundamental es una nueva forma de hacer las cosas. Y es a esta cuestión a la que a la que el profesor Castells da suma importancia en el cierre del libro: El instrumento determina la función. Sólo una política democrática puede garantizar una economía que funcione como si la gente importara, y una sociedad al servicio de los valores humanos y la búsqueda de la felicidad personal. Una y otra vez, los movimientos sociales en red de todo el mundo han pedido una nueva forma de democracia (...). Desde el abismo de la desesperación han surgido (...) un sueño y un proyecto: reinventar la democracia, encontrar formas de que la gente gestione colectivamente su vida de acuerdo con los principios democráticos compartidos (...).

En otro pasaje dedicado al movimiento de indignados en España ya adelantaba que el proceso es el mensaje. Y el proceso es engorroso, por supuesto. La democracia, la participación, la dación de cuentas son "engorrosas", pero son los "peajes" que hay que pagar para dar la vuelta a esta situación y reconstruir una democracia dotada de legitimidad y basada en un nuevo contrato social que tenga como eje la transparencia, que es también muy "engorrosa". De ahí que me guste el lema que da título a este post.




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