lunes, 21 de mayo de 2012

Combatir un ajuste ideológico


Comparto la idea de que la política de ajuste sobre ajuste que está impulsando el Gobierno de Rajoy, de la mano de algunos dirigentes de la UE Europa, no sólo sirve ya para retrasar una recuperación que cada vez vemos más lejana, sino que todo apunta a que no nos va a sacar del atolladero. Pero, más allá de lo económico, el ajuste busca un cambio de modelo y es sobre todo ideológico, en el sentido social, institucional y discursivo.

Es incuestionable que asistimos a un ajuste ideológico en lo social. El Gobierno Rajoy, entusiásticamente apoyado por su recién conseguido poder autonómico, se estrenó cargándose sin pestañear la dependencia, el aún no consolidado cuarto pilar del Estado del Bienestar. Posteriormente, dio un paso atrás de 40 años en cuanto a los derechos de los trabajadores y la función del sindicalismo en España, con la aprobación de la Reforma Laboral. Y en las últimas semanas, ha dado a conocer los recortes en Educación y Sanidad, unos recortes que además de suponer una pérdida en la calidad de la prestación de los servicios básicos, son un paso decidido hacia el fin de su universalidad.

Mi generación, no ha conocido un país sin sindicatos que velasen por el mantenimiento de unas condiciones laborales más o menos dignas, ni sin derecho a recibir educación básica o ser atendido en un centro de salud, al margen de la familia en la que hubiéramos nacido. Pero esto no significa que no lo vayamos a conocer. Y esto supone un cambio sustancial de modelo.

En segundo lugar, estamos ante un ajuste ideológico en lo institucional. Hace ya más de dos años, asistí a un curso que organizaba la Universidad de Alcalá titulado "El reto de la competitividad de la economía española", dirigido por Rodrigo Rato y coordinado por Juan Costa, que contó con la presencia de empresarios de primer nivel, además de con relevantes miembros del Gobierno socialista, una cincuentena de políticos del PP y una nutrida representación de CíU y el PNV. La clave para mejorar la competitividad era la "inexcusable" necesidad de cambio del modelo de Estado, se hablase de lo que se hablara. El Estado de las Autonomías - se decía - rompía la unidad de mercado, la condición necesaria para sacar al país de una crísis que aún no conocíamos al completo.

La forma en la que el Gobierno ha planteado los recortes en Sanidad y Educación, viene a coincidir con la visión que se expresaba en aquel maldito curso. Es igual que las Autonomías -unas más que otras- hayan hecho una gestión eficiente de sus competencias en esta materia. Es igual que existan mecanismos de coordinación interterritorial y órganos para el acuerdo entre el Estado y las Comunidades Autónomas. Es igual que hayamos vivido 30 años ininterrumpidos de progreso e igualación en las condiciones de vida de los ciudadanos del país gracias, entre otras cosas, al Estado Autonómico. Es igual. Y esto también significa un cambio de modelo.

Y en tercer lugar, considero que también empieza a tomar cuerpo un ajuste ideológico en lo discursivo, tan peligroso como los dos anteriores. Ya en la campaña electoral, el candidato Rajoy deslizó más de alguna propuesta con tintes xenófobos, cuando se refería al excesivo volumen de personas inmigrantes que habíamos recibido en los últimos años o que hacían uso de los servicios públicos "de los españoles". Pero nunca como en los últimos tiempos hemos asistido a medidas concretas, que parecen encaminadas a propiciar la segregación y una mayor excitación de las bajas pasiones que todos llevamos dentro. ¿Acaso piensa el Gobierno que van a dejar los médicos de atender a una persona inmigrante que llegue a una consulta con síntomas evidentes de alguna enfermedad contagiosa? ¿O acaso soluciona algún problema en la sanidad pública dejar como única opción para estas personas la asistencia en urgencias? No, pero lo que hacen estas medidas, es poner una alfombra roja a la privatización a plazos de la sanidad.

Cabría preguntarse si está preparada la socialdemocracia para combatir este triple ajuste y cómo debemos hacerlo. Pienso que nuestra acción debe ofrecer alternativas creíbles ante el ajuste ideológico-económico, sin resignarnos ante la máxima del "no hay otra alternativa",.

Podemos y debemos construir una alternativa fiscal, que nos permita sostener los servicios públicos del Estado del Bienestar garantizando su universalidad. Y para ello, debemos hacer que sea más justa. La gente que está en nómina en España paga 26 puntos menos de impuestos que en Suecia o 14 menos que en la media de la UE. Pero en lo que pagan personas más adineradas (el 1% de los más ricos) la diferencia es mucho mayor, pues son 80 puntos menos que en Suecia y 50 menos que la media UE. ¿Alguien se atreve a decir que nuestra fiscalidad no diferencia entre clases sociales?

Podemos y debemos defender el Estado de las Autonomías -en nuestro caso particular, el Autogobierno vasco-, proponiendo una reforma del mismo, haciendo una revisión crítica de las luces y sombras que ha arrojado en los últimos 30 años, que avance hacia una mayor federalización. Sólo quienes creen en el sistema, plantean su reforma. Por eso es necesario poner una alternativa encima de la mesa ya.

Y podemos y debemos combatir el ajuste discursivo hacia el extremismo al que se nos quiere someter, pero para combatir el discurso xenófobo hace falta no renegar de ser quienes somos ni de donde venimos y defender la dignidad de las personas y la igualdad de oportunidades para los más humildes.

Por otro lado, y para finalizar, debemos prestar atención a la calle... Qué digo! Debemos estar en la calle! Mientras se siguen escuchando en boca de responsables de la izquierda frases del tipo "esa no es nuestra gente", "es un movimiento que se creó para desalojarnos del gobierno", o "no tienen ni idea", 8 de cada 10 votantes socialistas, coinciden con los objetivos que plantea el movimiento 15-M. Pienso que debemos ser capaces de liderar a la sociedad, se encuentre ésta donde se encuentre, en las fábricas, en las instituciones o en la calle. Porque o la lidera la socialdemocracia, o corremos el riesgo de que sea liderada por el populismo.


Artículo publicado en Diario Noticias (21.05.12) 

1 comentario:

Anónimo dijo...

No confundamos la gimnasia con la magnesia, Oscar. Una cosa es el Régimen Foral, y otra cosa es el “café para todos” del Estado de las Autonomías. Como bien sabes, nuestro autogobierno nos da la opción de gestionar directamente recursos, pero también tenemos parte del riesgo recaudatorio. Mientras que algunas de las CCAA “normales” han seguido una política de endeudamiento sin sentido que ha llegado a ser material para el conjunto del Estado. La verdad es que no sé cuál era el objetivo de este modelo ¿acercar la administración pública al ciudadano? ¿poner en marcha una LOAPA a la inversa? ¿una manera de contentar a los catalanes sin pagar un precio político? Sólo ha servido como agencia de colocación de políticos y fuente de endeudamiento. Este es el legado de Zapatero. Un Zapatero que de haber seguido en el poder, no me cabe ninguna duda, estaría aplicando las mismas o parecidas medidas que aplica hoy Rajoy. ¿O desde el PSE se piensa que Rajoy está ganando algo por hacer estos recortes? Ni el PP, ni el PSOE han sabido o querido invertir para diversificar las fuentes de riqueza económica en tiempos de bonanza. Para qué, si los frutos de dichas inversiones se verían a largo plazo y el rédito electoral se lo podría llevar otro. Se ha estado gobernando con una negligencia tal, que ha llegado un momento en el que no dependemos de nosotros mismos para salir del agujero y las medidas económicas vienen impuestas de fuera.