sábado, 22 de octubre de 2011

Y ahora qué?

Me costó ser consciente de lo que estaba pasando. Al recibir la noticia el jueves por la tarde, me puse triste. Me sentí mal. Me vinieron a la cabeza decenas de nombres, de instantes, de momentos en los que lo he pasado mal y he visto cómo otras personas lo pasaban aún peor. Pero entonces se despertó Nilo, le miré y sentí que algo grande estaba pasando, aunque reconozco que desconocía la dimensión.

Me acosté, tras haber bebido la mejor botella de vino que tenía a mi alcance con la persona a la que más quiero. Y no sé si os pasará lo mismo que a mí, pero yo desde que me levanté el viernes por la mañana estoy levitando. Sigo acordándome de los caídos y de los resistentes, sí. Pero pienso mucho en la sociedad del futuro, en el legado que dejamos, en la Euskadi que veíamos imposible y que, al instante, se ha tornado en posible. Y esa sensación me gusta.

Apenas duermo. Escribo y respondo mensajes sin parar. Hablo por teléfono sin sentido. O simplemente, hablo. Me beso y me abrazo con gente. Algunos compañeros de fatigas, otros conocidos, otros ni eso. Me beso y me abrazo con Natalia y con Nilo. Sobre todo eso.

No sé cuánto durará esta sensación, pero yo quiero alargarla al máximo. Siento que merecemos alargarla, porque es muy grande lo que hemos conseguido.

Pertenezco a una generación que ha nacido en democracia, pero que no ha conocido la libertad. Una generación que se comprometió con esta tierra, cuando lo fácil era mirar para otro lado. Una generación que se complicó la vida en defensa de la dignidad humana, cuando lo sencillo era pasar de política. Y hoy veo que todo lo que hemos hecho en la última década ha merecido la pena.

Pero la generación de mis padres y la de mis abuelos no nacieron en democracia. Tampoco han conocido jamás la libertad plena. Han sufrido el totalitarismo de ETA como lo ha sufrido mi generación, sí. Pero es que además, sufrieron antes la dictadura durante cuarenta oscuros años.

Después de 75 años, al fin conocemos la libertad en Euskadi.

Por eso me fastidia ver cómo hay quienes pretenden hacernos correr como pollo sin cabeza. Me fastidia ver cómo hay quienes se dejan llevar por quienes ya quieren colocarse en el mañana, sin disfrutar el hoy y sin revisar el ayer. Me fastidia que se pretenda que empecemos a hablar ya de presos, de desarme, de mesas, de conflicto. Me fastidia que los políticos, que los periodistas, que los tertulianos, que las personas caigamos en el error de empezar ya a hacernos reproches. Ya se hará lo que haya que hacer, que si hemos acertado con violencia, sin duda lo haremos también sin ella.

Porque lo conseguido ha costado muy caro y ha sido muy duro. Hemos sufrido mucho. Hemos ido a demasiados funerales. Hemos mirado muchas veces debajo del coche. Hemos dejado de visitar rincones de nuestra ciudad para no "provocar". De hecho, perdimos la condición de ciudadanos plenos. Hemos sufrido mucho, durante mucho tiempo.

También sé que lo que queda por hacer es muy complicado. Porque la construcción de la convivencia del futuro requerirá cerrar muchas heridas, conllevará mirar atrás y revivir sufrimientos, necesitará que seamos generosos, dolerá. Pero sé que lo vamos a conseguir, porque lo que lo impedía era la violencia. Sí, ha sido la violencia la que ha impedido la convivencia democrática en Euskadi.

Por tanto, y ahora qué? Pues ahora a seguir disfrutando. Que después de 75 años, nos merecemos degustar estos momentos. Tiempo habrá para todo lo demás.

2 comentarios:

José Mari dijo...

Perfecto Oscar! Disfrutemos y cuando haya motivos para dejar de disfrutar (si es que los hay) ya hablaremos.

Óscar Rodríguez Vaz dijo...

creo que, al menos en este tema, no los va a haber, José Mari. un abrazo