domingo, 27 de febrero de 2011

Askatasunaren bolondresak

Lehendakariak berak ohiko kontuei buruzko aintzineko eztabaidak alboratu izanak, eztabaida politikoan lasaitasuna eragin du. Baina lasaitasun honen erdian, gai batek urte batzuk atzera eraman gaituela dirudi.

Sortu-ren sorrerak eta, batez ere, berri honen tratamendu informatiboak, iraganerako itzulirako sentipena zabaldu ahal izan du. Dena dela, gaiaren mamian sartuta, ezer ez da iraganean bezala. Lehenik eta behin, ezker abertzaleak lehendabiziko aldiz ETA sokatik daramala dirudi proiektu politiko bat martxan jar dezan, eta proiektu politiko honetan ez dago terrorismoarekin ados jartzerik. Horrela dela uste nahi dugu. Denborak bakarrik ziurtatuko du gure ustea.

Bigarrenez, iraganarekin ez du zerikusirik alderdi berriaren sortzaileek esan dutena modu nahiko argian, hain zuzen ere, ibilbide luzeko proiektu bat dela. Eta arrazoi horregatik, bere urratsak jarraituko dituela datozen foru eta udal haustekundeetan parte hartu ala ez. Atal honi dagokionez, ondo legoke alderdi demokratiko guztiok onartuko bagenu aldez aurretik Justiziak hartzen duen berediktoaren zilegitasuna. Beste motako eztabaidek ez dute zentzurik, Justizia izango bait da azkenengo erabakia hartuko duena; ez Gobernuak, ez alderdi politikoek. Ikusi beharko da iraganarekin konparatuta bi ezberdintasun horiek ez ote diren gertaera zahar eta ezagun eraldatzen. Ikusiko dugu zer gertatzen den. Dena dela joan den otsailaren 7a egun zoriontsu bat izan zen niretzat.

Denbora asko daramagu...

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martes, 22 de febrero de 2011

Quién es el despistao?


Leí ayer que Urkullu reclamaba que Sortu «no nos despiste» del «resto de asuntos diarios».

Supongo yo que, como suele ser habitual, no solo lo reclamaba urbi et orbi (a los los medios de comunicación, al TDH de Estrasburgo, al Gobierno Vasco, al PSE-EE y al resto de los participantes de la conspiracíon internacional organizada contra el PNV), sino que tambíen se dirigía a Egibar. Y es que me tomé la molestia de mirar las intervenciones del portavoz del PNV en el Parlamento Vasco y observé (sin ninguna perplejidad, todo sea dicho) que desde que comenzó la legislatura ha subido a la tribuna en 16 ocasiones para preguntar o discutir con temas relacionados con el terrorismo, con ETA o con ilegalizaciones. Mientras que sólo ha subido 3 veces a la tribuna para hablar de economía. 3 veces desde mayo de 2009.

A lo que se vé, Egibar tiene despistado a Urkullu... también en esto. Formará él también parte de la conspiración? Puede un gipuzkoano participar de la misma? Yo que Urkullu le vigilaría.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Elkarrizketa Radio Euskadin

Atzo Radio Euskadiko "Boulevard" programan egindako elkarrizketa. Gai asko eta denbora gutxi...



Laburpen bat...

No queremos mal al PNV

Da igual el tema. Sea la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, sea la petición de carnet a los presuntos implicados en la presunta trama de corrupción y espionaje, sea la fusión de las cajas o sea la posición ante el incipiente partido Sortu, no hay forma de que Urkullu y Egibar se pongan de acuerdo.

Sobre el primer asunto, es conocido que Egibar no recibió demasiado bien el sí jeltzale a los PGE. "Está amortizado" o "El Gobierno de España lastra la economía vasca" son algunos de los argumentos que Egibar empleó escasos días antes al anuncio del PNV. Pero vaya, que esta vez, ganó el interés general, además de Urkullu.

Sobre la segunda cuestión, se contó de forma pormenorizada cómo, tras haber escuchado a Urkullu durante meses desgañitándose para que los presuntos implicados en la presunta trama alavesa entregasen el carnet, tuvo que venir el líder espiritual del jeltzalismo alavés a solventar el asunto. Punto para Egibar.

Un nuevo punto para el tandem Egibar-Gerenabarrena se lo apuntaron en el tercer asunto. Como conocimos este fin de semana, ambos lideraron la posición contraria (y el hasta hoy aborto) a una fusión fría BBK-CVK. Se apuntaron un punto interno, aunque quizás la sociedad les vaya a restar varios de los que valen de verdad por esta actitud en la próxima contienda electoral.

Y en cuanto al último tema, y después de que en la enésima entrevista de El Correo a Urkullu éste afirmara con total rotundidad "No. (...) no se trata de hacer campaña gratis a nadie" ante la pregunta "¿Acudirán a la manifestación para pedir la legalización de Sortu?", va un grupo de dirigentes y le fuerzan a reconsiderar su tajante afirmación. No sé quién se apuntará el punto interno en esta ocasión, pero no sé por qué me da que vuelve a ganar el guipuzcoano y el PNV acabará mandando una delegación a la manifestación.

Termino. A pesar de que ahora parecen ponerse serios pidiendo un adelanto electoral el lehendakari(¿maniobras de distracción?) si Sortu fuese legalizada finalmente, ¿cómo íba a hacer el lehendakari semejante faena al PNV? ¿Alguien sabe en este momento quién podría ser el candidato jeltzale a la lehendakaritza? ¿Se podrían poner de acuerdo, además, para elegir en diciembre un nuevo presidente del EBB? Una cosa es que seamos adversarios políticos y otra cosa es que queramos mal al PNV.

jueves, 10 de febrero de 2011

Como el agua y el aceite

(Lo que está ocurriendo estos días y las predicciones sobre lo que va a ocurrir en el futuro en torno a la necesidad de reconciliarnos y normalizar las relaciones entre unos y otros, me han recordado un artículo que publiqué a medias con Rucar en El País - País Vasco en julio de 2006. Creo que viene al pelo)

Euskadi está cambiando para bien. Las modificaciones en la política que se han introducido desde marzo de 2004 están sirviendo para crear las condiciones necesarias para que en el País Vasco se viva, primero, en paz, y posteriormente en libertad. Parece que el PNV ya no se debate entre mantener la acción en torno a un frente abertzale con o sin atentados, sino en cómo compatibilizar su ensoñada construcción nacional con la transversalidad y la estabilidad institucional. Y después de tres años sin atentados mortales, la amenaza más grave que sufre el Estado de Derecho a manos de ETA son sus bravuconadas para consumo interno.

Un afiliado del Partido Socialista me contaba recientemente que, al pasar delante de la manifestación semanal que la izquierda abertzale convoca por el acercamiento de los presos en la plaza de la Virgen Blanca de Vitoria-Gasteiz, seguía teniendo la sensación de que media un abismo entre lo que son y representan los militantes de ese mundo con lo que son y representan los afiliados y simpatizantes del PSE-EE. Y así es.

Se nos puede pasar una mano o alguna seña en esta partida de mus que es Euskadi, pero al final las cartas mandan. Los vascos sabemos muy bien quién es cada uno, qué desea y cómo actúa para conseguir sus objetivos. Y es literalmente imposible una unidad política, y mucho menos de gobierno, con los herederos de HB.

Que nadie se lleve a engaño. Todavía, y me temo que durante muchos años más, la izquierda abertzale presenta una praxis política incompatible no ya con un partido de izquierdas, sino con cualquier partido democrático moderno. La movilización como principal activo político, solapando la imprescindible etapa de reflexión y de autocrítica; la identificación con una agonizante comunidad de resistencia, combativa y anti-sistema, que antepone el control social a la libertad individual de elección; el voluntarismo extremo en oposición a la testaruda realidad; el ultimátum cotidiano como forma de comunicación política; el militarismo militante contra la legalidad y, sobre todo, la facilidad con que se dogmatizan y sacralizan las propias posiciones. Es decir, una cultura política propia de las comunidades tradicionales anteriores a las democracias occidentales. A pesar de su retórica y su imagen, el nacionalismo de Otegi y compañía está infinitamente más cerca del carlismo parroquiano requeté del siglo XIX que de la izquierda pos-moderna, libertaria, igualitaria, pacifista y pactista del actual Gobierno de Rodríguez Zapatero.

Al nacionalismo radical le queda mucho camino por transitar para poder equipararse a una ideología moderna, inclusiva y democrática. Para empezar, deben andar el camino democrático que otros muchos llevamos recorriendo desde hace 30 años. Pero la auténtica frontera que debe traspasar es la de reconocer que las personas son más importantes que los territorios. Que una voluntad ciudadana mayoritaria -que no es el caso de sus reivindicaciones- se debe imponer sólo en el marco del Estado de Derecho de una democracia, pero salvaguardando los derechos ciudadanos de las minorías.

Si los socialistas creemos que las naciones y los Estados son fruto de la libre voluntad de adhesión de ciudadanos para el desarrollo de sus derechos plenamente reconocidos, el nacionalismo radical aún permanece en la idea de que la voluntad ciudadana deviene de una comunidad sobrevenida, anterior y con más prevalencia que la propia voluntad de las personas; y que esta comunidad -lingüística, étnica, e histórica- debe condicionar la existencia de las personas, pues sus derechos no dependen de su voluntad manifestada en ley, sino de lo que dicte el "pueblo", la comunidad en genérico. Su ideario político es una cuestión para analizar desde la antropología social, no desde la política democrática.

Esta diferencia sitúa a los abertzales radicales y a los socialistas, respectivamente, antes y después de la democratización de las sociedades. Por eso, los deseos, expresados a modo de chascarrillo en mentideros políticos, de que la alternativa al Gobierno del PNV es una entente a la catalana con EA y una legalizada Batasuna no son más que intoxicaciones y bulos malintencionados. La voluntad ciudadana o la voluntad comunitarista no se mezclan, como tampoco se mezclan el agua con el aceite.

Sí es cierto que Euskadi necesita una alternativa desde la izquierda. Nuestra autonomía sufre 26 años de gobierno nacionalista, la sanidad hace años que dejó ser referente en España, la educación privada supera en matriculaciones a la pública y la universidad se cae a pedazos. Un buen número de municipios vascos votan mayoritariamente a fuerzas situadas o que se autodenominan progresistas, pero son gobernadas por la derecha del PNV. También, se producen saludables coincidencias sindicales entre UGT, CC OO y LAB. Pero estos elementos no son suficientes para avalar las intoxicaciones malintencionadas de las que hablaba anteriormente, dada la completamente divergente concepción de la política, de la ideología y de los derechos que tenemos los socialistas y el nacionalismo radical.

Ahora bien, espero que en un futuro no muy lejano hagan todo el recorrido democrático que tienen que hacer para que sí nos pueda unir algo: el deseo de alcanzar la paz en libertad.

2 de julio de 2006.

lunes, 7 de febrero de 2011

Sí, pero no. Espera

El día de hoy llega tarde. Mañana guardaremos los periódicos esperando que ésta sea la buena pero la noticia llega tarde. Cuando la ciudadanía vasca muestra menos entusiasmo que nunca por la enésima tregua definitiva, la izquierda abertzale hace los deberes y entona el mejor canto de sirena de su historia, justo antes de que suene la campana y se queden sin la escasa presencia institucional que mantienen.

Los que saben de resolución de conflictos dicen que los tiempos de los procesos son largos. Desde que Adams y McGuinnes se dieron cuenta de que tácticamente la lucha armada era una fosa para el republicanismo, hasta el Viernes Santo pasaron 20 años; desde los primeros contactos serios con el gobierno británico hasta Stormont casi 10. Eso es lo que no ha asimilado aún la izquierda abertzale, que el tempo de la política lo dejó de dictar ella; cual Peter Pan no son conscientes de que la agenda no la dicta ni Batasuna ni ETA, sino que la agenda les condiciona a ellos. La IA no pone pelotas en el tejado de nadie, sino que se dedica a tapar sus propias goteras. Sus repentinas prisas (Otegi se sorprendía de que en un año consiguieran lo que a Txomin Ziluaga le costó el exilio interior, o a Iturbe Abásolo y a Pertur extrañas muertes) no pueden ser las urgencias de los demás. Quien se examina es quien ha venido suspendiendo en derechos humanos desde hace más de 30 años.

Y enfrente, uno de los examinadores no le quiere aprobar. Ya lo dijo Eguiguren y lo dejó caer en Loyola, “o aprovecháis esta (la de 2006) o en España no nos van a dejar hacer nada la próxima vez”. Los vascos vemos como una disparatada marcha de la ultraderecha lo ocurrido en Madrid el pasado fin de semana, pero esos manifestantes son la representación más exagerada de un sentimiento importante en la opinión pública española: “mejor castigar y buscar la derrota que la solución y la reconciliación”. La izquierda abertzale ya no tiene que convencer a esos fantasmales poderes fácticos españoles de la Transición que constituían la contraparte del conflicto, sino que tiene enfrente a una opinión pública española “intereconomizada”. No se lo pondrán fácil, ni a ellos ni al resto de examinadores que quieren (queremos) terminar ya con 40 años de suspensos.

Por muchos fuegos artificiales que genera la emoción de momento, por muy buen trabajo que haya realizado Iruin una vez más, son los mismos de siempre (Euskadi es muy pequeño y nos conocemos todos) y apenas hace dos meses que ETA se dignó a proseguir su lucha suspendiendo todas sus acciones armadas. Aún hoy está vigente la otra Ley de Partidos, la que impide que PSE-PP, PP y UPN puedan hacer política en gran parte de Euskadi y Navarra. Sigue presente el estado de excepción para familiares y amigos de cientos de cargos públicos, no lo olvidemos.

No se puede hacer abjurar a la izquierda abertzale de todo lo que son o han sido cual auto de fe inquisitorial, pero tampoco se puede obligar a la sociedad vasca a mirar para otro lado, como si no hubiera pasado nada, como si la voltereta de las bases de la izquierda abertzale se hubiera producido hace años y ETA sólo fuera ya una preposición en euskera. La izquierda abertzale tradicional no tiene credibilidad, y si la quieren conseguir ahí tiene el modelo de Aralar: tiempo y no oportunismo, convicción y pedagogía interna. También aquí, desde que Zabaleta planteara dudas tácticas hasta que mostrara un convencimiento moral de la inutilidad de la violencia pasaron lustros

Sí, hoy es un día notable pero el gran día histórico está por llegar. Después de 40 años de actividad armada, poca penitencia para la izquierda abertzale sería que los tribunales dictaran una sentencia en base a la Ley de Partidos que les impidiera presentarse en las municipales (La sentencia de Estrasburgo ya determinaba que unos estatutos son condición necesaria pero no suficiente). Un desquiciado comunicado tutelante y un acto en el Euskalduna se me antojan escasos para lo que demandan y para las expectativas reventadas en la T-4.

Su momento, por tanto, es y debe ser en las autonómicas de 2013. Si la apuesta política de la izquierda abertzale es sincera podrán esperar dos años; como aquel enamorado adolescente que es capaz de esperar meses por un beso. Ahora no hay tiempo material, no hay recorrido para que la IA pueda demostrar que su cambio es sincero y no obligado por las urgencias de mayo. Si la izquierda abertzale se presentara en 2013, a parte del presumible terremoto electoral, significaría que lo dicho en el día de hoy sí que era histórico, que ETA se estaría desmantelando y que se habrían derogado las Leyes de Partidos. Su presencia en las próximas autonómicas, no hay cosa que más desee para Euskadi.

viernes, 4 de febrero de 2011

Las leyes no escritas

Malo sería (lo que no significa que no ocurra) que los propios parlamentarios no conociésemos el contenido de las leyes que aprobamos. Pero casi es tan malo no conocer las leyes sobre las que escribo hoy. Son leyes que ni las hemos discutido ni las hemos aprobado en el Parlamento. Son leyes que sencillamente las dicta el sentido común y un mínimo de ética.

Me refiero concretamente a una ley no escrita que ha venido funcionando en la Cámara vasca con normalidad en los últimos años. En virtud de esa ley, si faltaba un miembro de un grupo parlamentario por razones de peso (respaldase este al Gobierno o se dedicase a hacerle oposición), otro miembro de otro grupo parlamentario opuesto al primero abandonaba el salón de Plenos durante las votaciones para no aprovechar la ausencia circunstancial y justificada en la bancada contraria.

Recuerdo tres casos recientes. En el primero de ellos una parlamentaria del PNV a punto de dar a luz no pudo venir al Pleno y, en consecuencia, una parlamentaria del PSE-EE se ausentó durante las votaciones aquel día. En el segundo de los casos ocurrió lo mismo, aunque esta vez la parlamentaria a punto de dar a luz era del PSE-EE y la que se ausentó durante las votaciones del PNV. En el tercero una parlamentaria de EA tuvo un accidente con su coche viniendo al Parlamento y, si no me falla la memoria, un miembro de mi grupo abandonó aquel día las votaciones.

Pues bien, parece que con el cambio de gobierno no sólo están cambiando las escritas, sino que también lo están haciendo las leyes no escritas. Y es que en el Pleno celebrado ayer mismo, hubo dos votaciones que mi grupo parlamentario estuvo a punto de perder debido a la ausencia (quizás no justificada para algunos) del lehendakari, sin que ningún miembro de la oposición tuviera a bien mover una ceja y mucho menos abandonar temporalmente el salón de Plenos.

Supongo que el asunto no se ha convertido en noticia precísamente porque el PSE-EE no perdió ninguna de la dos votaciones a las que me refiero. Pero no por ello pierde el hecho gravedad. Que, efectivamente, no tiene ni mucha ni poca, la que cada cual le quiera dar al incumplimiento de una ley de este tipo... aunque es verdad que para mí estas suelen ser las leyes más importantes. Estas son las leyes que le llevan a uno en confiar más en unas personas que en otras. Es la vida.

jueves, 3 de febrero de 2011