lunes, 31 de enero de 2011

Si nos tapamos la cabeza nos descubrimos los pies

No son muchas las ocasiones en las que vemos a mujeres encabezando movilizaciones en el llamado mundo árabe. De hecho, tampoco son demasiadas las movilizaciones. No creo que sea casualidad.

De cualquier modo, lo relevante en mi opinión es que el progreso no es compatible con la dictadura y que, por tanto, aquellos pueblos que quieren empezar a pintar más, acabarán por romper las cadenas. En el mundo global es imposible tener engañada a toda una población durante todo el tiempo. Todos esperamos que las nuevas revoluciones no sean tan sangrientas como las viejas, pero supongo que todos también pensaremos que está llegando lo que tenía que llegar.

Estamos ante el principio del fin de los regímenes dictatoriales. Y quizás también ante el principio del fin de la buena vida que nos estamos pegando en Occidente. Porque con la libertad, países de los que hoy apenas recordamos su nombre, comenzarán a crecer (con todo lo que ello supone). Y empezarán a tirar de la manta que nos mantiene calientes en este momento a nosotros. Una manta que no es tan grande como para cubrir todo el globo...y ya se sabe, si nos tapamos la cabeza nos descubrimos los pies y viceversa.

4 comentarios:

Will dijo...

Habrá que ver como se desarrolla la democracia, de todas formas creo que el desarrollo será positivo para todos; para empezar porque todo lo que sean competencias democráticas (no competencia al modo de China) creo que es beneficioso, además creo que se puede contagiar el mundo musulmán en general y, así, abandonen el radicalsmo islamista.

Salu2

Óscar Rodríguez Vaz dijo...

A ver si lo que sale de todo esto es democracia...

Anónimo dijo...

A proposito del tema:

http://www.escolar.net/MT/archives/2011/02/nuestro-hijo-de-puta.html

A ver si para la proxima nos vemos, que esta vez no pudo ser

Un abrazo

Óscar Rodríguez Vaz dijo...

Es posible, amigo A, que se parezcan las situaciones. Yo considero que sí están preparados para ser democracias. Un abrazo y, efectivamente, una puta pena: cómo está el norte de África y no poder habernos visto.